David Morens, exasesor de Anthony Fauci.

David Morens, exasesor de Anthony Fauci. REUTERS/Annabelle Gordon

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Un exasesor del epidemiólogo jefe de EEUU admite que ocultó por interés la teoría de que la Covid salió de un laboratorio

David Morens admite que cometió fraude para beneficiar a un contacto con intereses en el laboratorio de virología de Wuhan.

Más información: El médico que desafió a Trump durante la Covid se niega 111 veces a declarar y se enfrenta a la cárcel a los 85 años

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Las claves

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David Morens, exasesor principal de Fauci en el NIAID, admitió haber ocultado información sobre la hipótesis del origen en laboratorio de la Covid para proteger intereses personales y profesionales.

Morens confesó haber conspirado para evitar la transparencia, usando cuentas personales de correo y recibiendo regalos a cambio de favorecer la narrativa del origen natural del virus.

El NIAID, bajo Fauci, financió investigaciones en el Instituto de Virología de Wuhan, aunque no hay pruebas de que Fauci cometiera un delito o participara en el encubrimiento.

La CIA considera ahora más probable un origen vinculado a la investigación que uno natural, distanciándose de teorías conspirativas extremas sobre la Covid y su propagación.

Corría marzo de 2020 cuando Anthony Fauci, asesor médico de la Casa Blanca y director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés) recomendó a Donald Trump que Estados Unidos se paralizara quince días para frenar la curva de contagios.

Esas dos semanas, como sucedió en prácticamente el resto del mundo, se acabaron convirtiendo en meses de colegios cerrados y negocios clausurados. Fauci, al frente del NIAID desde 1984, puesto en el que había sobrevivido a siete presidentes, se convirtió de la noche a la mañana en la cara visible de la respuesta estadounidense a la pandemia

Era el hombre que aparecía cada tarde en las ruedas de prensa de la Casa Blanca matizando, corrigiendo o directamente contradiciendo al presidente que lo había sentado a su lado.

Aquella convivencia duró hasta noviembre, cuando Trump perdió la reelección. Ya con Joe Biden en la Casa Blanca, Fauci siguió defendiendo el uso obligatorio de mascarillas, el distanciamiento social y los mandatos de vacunación para empleados federales, militares y grandes empresas.

En noviembre de 2021, llegó a sostener en la CBS que atacarle a él era atacar a la ciencia, frase que sus críticos llevan cinco años citando como prueba de soberbia institucional.

Para entonces, era ya el enemigo público número uno de buena parte del Partido Republicano. El congresista Madison Cawthorn lo describía como un peón del Partido Comunista chino y media docena de legisladores reclamaban su procesamiento.

Anthony Fauci comparece ante el Senado de Estados Unidos

Anthony Fauci comparece ante el Senado de Estados Unidos Nathan Howard / Reuters

Hasta tal punto llegó la presión política, que Biden firmó el 19 de enero de 2025, en sus últimas horas de mandato, un indulto preventivo que cubre a Fauci de cualquier delito federal cometido entre el 1 de enero de 2014 y esa misma fecha, siempre que guarde relación con su labor al frente del NIAID o como asesor médico presidencial.

El presidente saliente lo justificó como una defensa frente a procesos "injustificados y motivados políticamente" y aclaró que no debía interpretarse como un reconocimiento de culpa.

Sus adversarios pusieron de inmediato su atención en las fechas: 2014 fue el año en que el NIAID concedió a EcoHealth Alliance la subvención que acabaría financiando trabajos en el Instituto de Virología de Wuhan.

El senador y la teoría de Wuhan

En 2021, el republicano Rand Paul lanzó la acusación a Fauci de haber financiado con dinero público una investigación en ese laboratorio chino que consistía en la modificación de un virus para aumentar su transmisibilidad o su letalidad.

El senador por Kentucky, oftalmólogo de formación y la voz más libertaria del grupo republicano, protagonizó con él una serie de choques televisados que acabaron convertidos en munición electoral.

En mayo de 2021, Fauci le replicó que estaba completa y absolutamente equivocado, que los NIH nunca habían financiado nada semejante en Wuhan. Un año y medio después, tras revalidar su escaño en las legislativas, Paul prometió a sus votantes citar judicialmente hasta el último documento de Fauci.

El republicano Rand Paul, durante la sesión en el Senado.

El republicano Rand Paul, durante la sesión en el Senado. Reuters Reuters

Dicho esto, la escalada real llegó cuando Paul pasó a presidir el Comité de Seguridad Nacional y Asuntos Gubernamentales del Senado. En septiembre de 2025, reclamó formalmente la comparecencia de Fauci y la entrega de todos sus correos y registros de llamadas entre 2018 y 2023 relativos a los orígenes del Covid, las investigaciones de transmisibilidad viral, el trabajo de EcoHealth Alliance y el instituto de Wuhan.

El fin de semana del 25 de julio, difundió más de 1.100 páginas de un diario mecanografiado que, según su comité, Fauci habría escrito entre diciembre de 2019 y diciembre de 2022 en un ordenador del gobierno. De su lectura se desprende que, en privado, dudaba del origen del virus mientras en público aseguraba lo contrario.

Fauci compareció este 29 de julio en el Senado bajo citación judicial, pero se negó a declarar. Acusó a Paul de una obsesión evidente a la hora de pedir su procesamiento y de haber difundido su diario sin omitir ni un detalle para avergonzarlo e intimidarlo. A continuación, invocó la Quinta Enmienda más de cien veces, una por cada pregunta del comité, defendiendo su derecho a no autoinculparse.

Cuando su abogado, David Schertler, intentó intervenir en su nombre, el presidente le negó la palabra y la policía del Capitolio lo sacó de la sala. Paul sostuvo que la invocación carecía de fundamento precisamente porque el indulto ya cubría todo el periodo por el que se le preguntaba, de modo que no cabía autoincriminación.

El comité votó el 6 de agosto, gracias a la mayoría republicana, declararlo en desacato al Congreso. Paul optó además por una fórmula inusual: en lugar de llevar la resolución al pleno del Senado, como es lo habitual, la remitió ese mismo día al fiscal general, un atajo que requiere la firma del vicepresidente J. D. Vance como presidente de la cámara.

Anthony Fauci.

Anthony Fauci. Reuters

Schertler calificó la votación de maniobra política burda destinada a castigar a su cliente por ejercer un derecho constitucional.

Las dudas razonadas de la CIA

Paul acierta en un punto que durante años se despachó como bulo: el gobierno estadounidense sí financió investigaciones con coronavirus de murciélago en el Instituto de Virología de Wuhan.

El NIAID concedió en 2014 a EcoHealth Alliance, organización neoyorquina dirigida por el zoólogo británico Peter Daszak, una ayuda de unos 3,7 millones de dólares, de los que cerca de 600.000 llegaron al laboratorio chino como subvención derivada.

El programa se renovó en 2019, ya bajo la primera administración Trump, y fue el propio gobierno de Trump el que lo canceló en abril de 2020.

Otra cosa es si esos trabajos encajan en la definición legal de "ganancia de función", como se conoce a la investigación con patógenos para aumentar su actividad. Los NIH y EcoHealth lo niegan; la comisión de la Cámara de Representantes sostiene lo contrario.

En cualquier caso, la hipótesis del laboratorio dejó hace tiempo de ser una excentricidad para los servicios de inteligencia. La CIA hizo público el 25 de enero de 2025 que consideraba más probable un origen vinculado a la investigación que uno natural, aunque sin descartar ninguno de los dos escenarios.

Iinstituto de Virología de Wuhan

Iinstituto de Virología de Wuhan Reuters

El informe no se apoyaba en información nueva: lo había encargado la administración Biden y lo desclasificó John Ratcliffe nada más jurar el cargo bajo Trump. La agencia se sumaba así al FBI y al Departamento de Energía, mientras que otras cuatro agencias y el Consejo Nacional de Inteligencia seguían apostando por el salto natural de especie a especie.

Nada de eso, hay que dejarlo claro, valida el relato que circula por los márgenes del movimiento MAGA. No hay indicio de que el virus fuera un arma diseñada para diezmar y controlar a la población, ni de que las vacunas sirvieran para implantar dispositivos, ni de que todo se debiera a un plan preconcebido por poderes ocultos.

La subcomisión republicana que estudió el asunto en 2024 no halló prueba que vinculara a Fauci con un delito. Conviene además deshacer un equívoco: quien más defendió el origen natural no fueron los CDC, cuyo director en 2020, Robert Redfield, se inclinaba por la tesis del laboratorio, sino el entorno del NIAID y los científicos a los que financiaba.

Lo que se cerró el martes en un juzgado de Greenbelt, Maryland, apunta, de hecho, a un motivo muy poco novelesco.

Vino y un artículo a medida

David Morens, considerado la mano derecha de Fauci en el NIAID durante dieciséis años, se declaró culpable ante un juzgado federal de un cargo de conspiración para cometer delitos y defraudar a los Estados Unidos.

Morens, de 78 años, fue el asesor científico principal en el despacho del director del NIAID entre 2006 y 2022 y se enfrenta ahora a un máximo de cinco años de prisión y a una multa de hasta 250.000 dólares, aunque las penas reales en el sistema federal suelen quedar muy por debajo del máximo.

La jueza Paula Xinis ha fijado la vista de sentencia para el 12 de noviembre y la fiscalía retiró a cambio cuatro cargos de la acusación original a cambio de la confesión. Lo relevante aquí, sin embargo, no es la pena, sino la relación de hechos que Morens aceptó firmar.

Después de que los NIH cancelaran en abril de 2020 la subvención para la investigación del coronavirus de murciélago, él y un segundo conspirador se comprometieron a ayudar a Daszak a recuperarla y a contrarrestar el relato de que el Covid se había escapado de un laboratorio.

Anticipando que sus mensajes acabarían siendo objeto de peticiones de transparencia, los tres acordaron por escrito ocultarlos usando la cuenta personal de Gmail de Morens en lugar de su correo oficial.

Por ahí circuló información privada de los NIH, borradores de cartas a la cúpula del organismo y datos filtrados a un "alto cargo del NIAID 1" que las investigaciones parlamentarias identifican como Fauci.

Por si eso fuera poco, Morens admitió también haber conspirado para recibir compensaciones ilegales. Daszak le regaló dos botellas de The Prisoner, un tinto de Napa Valley, en agradecimiento a lo que él mismo describió como "sus gestiones entre bastidores", y organizó la entrega de las mismas en su domicilio.

Morens, según la relación de los hechos, propuso entonces una excusa oficial que justificara el obsequio: la firma de un comentario científico en una revista médica de prestigio que defendiera el origen natural del Covid.

Daszak le sugirió que podía haber más, en forma de comidas en restaurantes con estrella Michelin en París, Nueva York y Washington. En los escritos judiciales no consta si llegaron a celebrarse.

El blindaje de Fauci

El pleito contra Fauci, en cambio, tiene poco recorrido. El indulto lo blinda frente a cualquier causa federal por su gestión, y la remisión por desacato depende de un Departamento de Justicia que tendría que sostener que un indultado no puede acogerse a la Quinta Enmienda.

Ni la acusación de abril ni la declaración del martes le atribuyen conducta delictiva. De hecho, ante la Cámara de Representantes, en 2024, Fauci había afirmado que la conducta de su asesor había estado mal y que él no había participado en ella.

Lo que sí es cierto es que esta polémica llega en el peor momento posible para quienes sostuvieron durante cinco años que la fuga de laboratorio era una teoría de la conspiración.

La distancia entre borrar correos para salvar una subvención y fabricar un virus para someter a la población es enorme, pero en el conservadurismo más inclinado a la paranoia esa distancia no existe.

La vista del 12 de noviembre alimentará por igual a quienes creen que todo fue un invento, a quienes lo atribuyen a un ataque chino y a quienes hablan de una operación de Estados Unidos contra su propio pueblo.