La casa familiar de Diego Armando Maradona es ahora un comedor social.

La casa familiar de Diego Armando Maradona es ahora un comedor social. REUTERS/Miguel Lo Bianco

América

Villa Fiorito, cuna de Maradona, planta cara a la miseria con una cooperativa de reciclaje creada por mujeres expresidiarias

Cynthia y Clara fundaron la cooperativa 'Inclusión de Reciclado' para ofrecer oportunidades a las familias que viven de recoger basura.

Más información: Los curas argentinos apaleados cuya imagen ganó el 'World Press Photo': "Luchar por la justicia social es seguir a Jesús"

Buenos Aires
Publicada
Las claves

Las claves

En Villa Fiorito, mujeres expresidiarias crearon una cooperativa de reciclaje para enfrentar la falta de empleo y la pobreza.

La cooperativa, liderada por Cynthia Bueno y Clara Gauna, recolecta y vende materiales reciclables recorriendo comercios y calles del barrio.

El aumento de cartoneros en Buenos Aires es reflejo del crecimiento de la pobreza y la pérdida de empleos formales en la región.

A pesar de las dificultades económicas y sociales, las integrantes de la cooperativa buscan expandirse y dar charlas sobre medio ambiente en escuelas y cárceles.

Lionel Messi ha tenido de compañero en la selección argentina del Mundial 2026 a un futbolista que de pequeño también fue pobre y lo pasó mal. Es el defensor Facundo Medina, que en su infancia trabajó de 'cartonero' en el poblado bonaerense Villa Fiorito, cuna de otra estrella del balompié de origen humilde, Diego Armando Maradona.

"Salíamos a 'cartonear' con mi familia, de 4 de la tarde hasta las 9 ó 10 de la noche. Eso lo hice hasta los 12 ó 13 años porque después me encerré en la pensión de River [Plate]", recordó el defensor de la albiceleste y del Olympique de Marsella. Igual reconoció que pese a todo "por suerte, gracias a Dios teníamos para comer pero eso sí, había que poner el lomo".

Los 'cartoneros' son personas que andan por las calles hurgando los cubos de residuos domiciliarios, buscando objetos que se puedan revender, exprimirles algo más de valor. Cartón, papel, chatarra, plástico, vidrio, ropa… lo que sea para una tercera mano.

Esa 'changa' (tarea informal) viene creciendo sostenidamente en Buenos Aires y su cinturón urbano —más de 16 millones de habitantes— al compás de la crisis de ingresos de los sectores populares. Desde 2023, según datos oficiales, se han perdido 339.841 empleos registrados y han cerrado 26.448 PyMEs.

Clara Geuna trabaja de cartoneras en poblado humilde de la capital argentina

Clara Geuna trabaja de cartoneras en poblado humilde de la capital argentina Juan Ignacio Irigaray

A poco que el paseante ande por Buenos Aires observa gente revolviendo residuos. Algunos se meten dentro de los cubos más grandes para seleccionar mejor. Los fines de semana, muchos van acompañados de su mujer y niños. A este fenómeno, símbolo de la crisis social, los argentinos le han puesto nombre: "La revolución de los buscadores en la basura".

EL ESPAÑOL ha visitado el poblado natal de Maradona y de Medina, en el departamento "Cuartel IX", municipio de Lomas de Zamora, para ser testigo directo. Allí funciona la cooperativa "Inclusión de Reciclado" fundada por un puñado de mujeres que pasaron un tiempo en prisión por delitos menores y no consiguen empleo formal.

"Cuando salimos del arresto, el patronato de liberados nos consiguió una 'changa' en una cooperativa que producía ladrillos de cemento, pero nosotros preferimos montar nuestra propia cooperativa y empezar a levantar material reciclable", cuenta Cynthia Bueno (Buenos Aires, 37 años), secretaria de la cooperativa.

Recicladores de basura revisan montones de desechos en un vertedero a las afueras de Buenos Aires.

Recicladores de basura revisan montones de desechos en un vertedero a las afueras de Buenos Aires. Agustín Marcarian

Ya es media mañana de un día frío del invierno austral. El sol empieza a templar el ambiente y es hora de acometer la faena diaria. Cynthia y su compañera Clara Gauna (Buenos Aires, 36 años), presidente de la cooperativa, se ponen en marcha. Salen a la calle y empiezan a andar empujando un carrito de aluminio, de ruedas pequeñas y bolsón enorme.

Se dirigen hacia la avenida Olimpo, la vía principal del barrio. Allí hay pequeños comercios de venta de electrodomésticos, muebles y ropa, más algunos locales de alimentos. "Levantamos todo el material que sea reciclable: cartón, papel, vidrio, plástico —dice Cynthia—. Luego hacemos la separación diferencial y lo vendemos a otra cooperativa que lo procesa".

Cuesta maniobrar el carrito sobre las aceras rotas, bajar al asfalto y cruzar la avenida sorteando el tráfico endemoniado de autobuses y coches con prisas. En cada tienda se detienen y consultan si poseen desechos del embalaje para dar. Es una recolección artesanal, de pequeñas cantidades, que doblan y pliegan antes de meterla en el bolsón.

Recicladores de basura revisan montones de desechos en un vertedero a las afueras de Buenos Aires.

Recicladores de basura revisan montones de desechos en un vertedero a las afueras de Buenos Aires. Agustín Marcarian

"Estamos analizando cómo vamos a hacer con el material. Porque no tenemos grandes generadores, como por ejemplo un Carrefour o un Día que te pagan por el servicio de retirar los residuos reciclables. Esos supermercados ya trabajan con las cooperativas más grandes y se lo dan a ellas. Nosotras necesitamos expandirnos un poco más", explica Clara.

El carrito deja atrás la avenida y se desvía hacia las calles internas. Allí se observa una bajada notable en la cantidad de residuos. "Este es un barrio humilde, hay poco consumo y mucha gente acumula los reciclables en sus casas para luego vender el material", dice Clara. "En cambio, en los barrios ricos la gente no acopia y saca todo a la calle".

"Pero lo peor de todo es que últimamente hay muchos más carritos recorriendo los barrios", afirma Cynthia. "Se ha triplicado la cantidad de cartoneros".

Recicladores de basura revisan montones de desechos en un vertedero a las afueras de Buenos Aires.

Recicladores de basura revisan montones de desechos en un vertedero a las afueras de Buenos Aires. Agustín Marcarian

Hasta hace poco tiempo, explican, "cargábamos un camión lleno de material pero ahora solo alcanzamos a pasar un poco los 100 kilos por recorrido", explica Clara. "Muchas veces nos enfrentamos con otro carrito que viene de frente y debemos doblar hacia otra calle".

Cynthia vive con sus cinco hijas y Clara, con dos hermanos discapacitados. Mediante el trabajo en la cooperativa y la ayuda social del municipio como promotoras ambientales, cada una consigue reunir al mes, cuentan, "unos 600 mil pesos (348 euros)".

"Damos charlas en escuelas y cárceles sobre el cuidado del medio ambiente", dicen, y admiten la escasez: "Nuestro sueldito es poco".

Cynthia Bueno trabaja de cartonera en un poblado humilde de la capital argentina

Cynthia Bueno trabaja de cartonera en un poblado humilde de la capital argentina Juan Ignacio Irigaray

Con esos números en las cuentas familiares ambas mujeres, claramente, han caído en la categoría social de la indigencia. El gobierno de Argentina establece como umbral de la pobreza que una familia tipo perciba 681.000 pesos (395 euros) mensuales.

A pesar de los pesares, dolor de piernas y brazos por tanta carga y empujar, Clara y Cynthia no pierden la esperanza. "Vemos el avance que hicimos desde que empezamos, estuvimos solas y fue todo a pulmón", se enorgullece Cynthia. Mientras, Clara sueña con "tener maquinaria y procesar el material que recogemos, fabricar bolsas de residuos, táper y más productos".

Los otros 'cartoneros'

Tras despedirse de las cartoneras y finalizar la visita a Lomas de Zamora, EL ESPAÑOL se desplaza unos pocos kilómetros hasta el Mercado Central, primer centro de acopio y distribución de alimentos frescos para toda la capital argentina. Al arribar allí, en la explanada puede verse otra modalidad de "la revolución de los buscadores en la basura".

Hay desempleados, amas de casa, jubilados y hasta jovencitos que van de un contenedor de desechos a otro contenedor. Se meten dentro y observan, revuelven, seleccionan y extraen los alimentos sin fecha de caducidad y con pinta de ser aún comestibles. Recogen sobre todo verduras y frutas, con preferencia de pimientos y plátanos.

Recicladores de basura revisan montones de desechos en un vertedero a las afueras de Buenos Aires.

Recicladores de basura revisan montones de desechos en un vertedero a las afueras de Buenos Aires. Agustín Marcarian

"Vienen acá porque no llegan a fin de mes. El dinero les dura 10 días y deben salir a buscar comida", dice Héctor Silva, dirigente social que ha traído a la gente hasta el mercado en un autobús, con ayudas del club barrial Transradio y el Gobierno de la provincia de Buenos Aires. Y explica que "cortan los tallos podridos o pasados y se llevan el resto, así comen una semana".

Durante los últimos tres años, Silva calcula que ha transportado en autobús "a unas 3.000 personas" desde el municipio de Esteban Echeverría hasta el Mercado Central. "Algunos de los que vienen acá confiesan que lo votaron a Milei porque creyeron que el país iba a cambiar —asegura— pero ahora piensan que su gobierno los está hambreando".