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Salud y Bienestar

Ángel Durántez, pionero en la medicina de la longevidad: "En unas décadas veremos a 'baby boomers' llegar a los 125 años"

El experto al frente de la Clínica Neleva da las claves para vivir más y mejor y reivindica la prevención frente a las modas sin base científica.

Más información: Silvia G. Senent, especialista en salud digestiva: "Mantener una microbiota joven es clave en la longevidad"

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Desde tiempos inmemoriales, la humanidad persigue el objetivo de vencer al tiempo. La alquimia, los mitos, las religiones, los remedios populares y, más recientemente, la biotecnología, han alimentado ese deseo de alargar la vida, detener el envejecimiento e incluso rozar la tan ansiada —por hombres y mujeres de todos los continentes y épocas— inmortalidad.

A principios de los años 60, el biólogo y anatomista Leonard Hayflick puso nombre a una de las barreras que la naturaleza impone a ese anhelo: el límite de Hayflick, el número finito de veces que una célula humana normal puede dividirse antes de entrar en senescencia, el proceso natural por el que esta va perdiendo sus funciones vitales.

Se calcula que puede pasar por entre 50 y 70 generaciones antes de morir, en un fenómeno que a priori constituye uno de los topes más rígidos a la longevidad. Sin embargo, toda teoría viene acompañada de alguien que se encarga de ponerla a prueba, y por eso hoy hay quien sigue buscando la manera de traspasar esa línea para alcanzar la eternidad.

Para responder a las grandes preguntas que rodean el límite entre la vida y la muerte, Magas se cita con el doctor Ángel Durántez, una autoridad en el campo de la medicina de la longevidad. Se define a sí mismo como "un apasionado de una disciplina que ni yo mismo imaginaría que alcanzaría el auge que tiene hoy".

Su caso es paradigmático. En vez de decantarse por esta rama atraído por palabras que hoy las marcas usan convenientemente para promocionar sus productos, la vida le llevó a ella. Su especialidad original era la medicina del deporte, orientada a que los atletas rindieran al máximo manteniendo plena salud y funcionalidad.

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"Hace 15 años se empezó a hablar de longevity y vi que no era un tema sólo cosmético; tenía mucho que ver con lo que yo hacía. Viajé a Estados Unidos para aprender todo lo que estaban liderando allí. Aquí al principio no tuvo mucho tirón. Cuando algo es novedoso, primero se ríen de ello y luego esos mismos acaban diciendo que ellos siempre apoyaron esa idea", dice.

Comenzó a aplicar la medicina de la longevidad en 2009, "con la intención de cuidar a mis pacientes, que envejecían a la vez que yo. Fuimos adoptando fórmulas del deporte, no tanto destinadas a mejorar el rendimiento, sino a mantener la funcionalidad". Así, montó varias clínicas hasta que abrió la Clínica Neleva, antigua Clínica Dr. Durántez.

En estos años, el interés por el término longevity ha vivido un boom. "La pandemia fue un punto de inflexión porque la sociedad se dio cuenta de su vulnerabilidad y de que la salud dependía de uno mismo mucho más de lo que creía". A partir de ahí, el crecimiento fue exponencial y "hoy, la mayoría de nuestros pacientes llegan por el boca a boca", afirma.

Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que España pasará de tener unos 17.000 centenarios a superar la cifra de 230.000 personas de 100 años o más para la década de 2070. ¿Es posible que estemos cada vez más cerca de romper los techos biológicos de la especie?

Es cierto que la esperanza de vida va a seguir aumentando en casi todos los continentes. En España, la media actual está en unos 84 años (81 en el caso de los hombres y cinco más en el de las mujeres). Dada la tendencia, es previsible que en las próximas décadas veamos a muchísimos más centenarios.

Ahora bien, no creo que la población llegue a vivir 100 o más de forma generalizada a corto plazo. Para alcanzar este promedio tendría que morir muchísima gente con 115 para compensar a los que fallecen antes. Lo que sí veremos próximamente es que individuos concretos batirán los récords actuales de longevidad, alcanzando más de 130 para el 2060.

Aquí entramos en el límite de Hayflick, que plantea el límite biológico de nuestra especie. Hay voces muy optimistas que dicen que con el avance de la tecnología médica romperemos esa barrera. Sin embargo, para que eso ocurra, tendríamos que estar tratando ya a centenarios y ver si logran vivir tres décadas más gracias a estas terapias.

La realidad es que quienes están probando los tratamientos no son tan mayores; tenemos el caso de Bryan Johnson, que tiene unos 45. Para saber si lo que hace —el multimillonario sigue una meticulosa rutina e invierte grandes sumas de dinero en su misión de "no morir"— funciona, tendremos que esperar casi un siglo más. La mayoría de nosotros no lo veremos.

Entonces, más que prometer que todos lleguemos a ser testigos de más de un siglo de historia, la cuestión parece ser otra: ¿qué puede hacer hoy la medicina de la longevidad para que vivamos mejor y durante más tiempo con buena salud?

Más allá del guion típico que todos conocen —como evitar el alcohol, cuidar el sueño o controlar el estrés—, la clave médica está en la medición de los biomarcadores y en el abordaje de la enfermedad en su fase subclínica, es decir, antes de que aparezca el síntoma.

La mayoría de la gente va a sufrir o morir al final de su vida por cinco grandes grupos de patologías ligadas al envejecimiento: las metabólicas, las cardiovasculares, las neurodegenerativas, las del aparato locomotor y el cáncer. Lo que hacemos es medir los datos lo antes posible para determinar en qué fase de desarrollo silencioso están las afectaciones.

Estas enfermedades empiezan a gestarse a partir de los 30 o 40 años; aún no duelen ni han dado la cara, pero ya están ahí. Si las abordamos temprano con medidas preventivas podemos evitar, por ejemplo, que sufras una angina de pecho, un infarto o un ictus a los 75, e incluso prevenir ciertos tipos de tumores y deterioros neurocognitivos.

El doctor Durántez es un pionero en el estudio de la medicina de la longevidad.

El doctor Durántez es un pionero en el estudio de la medicina de la longevidad. Cedida

Hace usted alusión a la esperanza de vida en España. ¿Qué nota nos pondría en términos de longevidad, en comparación con otros países? Está claro que los hábitos son distintos a los que pueden observarse en Estados Unidos, y eso influye mucho.

Estamos a un nivel excelente. La Comunidad de Madrid, por ejemplo, es la región de toda la Unión Europea con la esperanza de vida más alta, situándose en los 86,1 años. Navarra también está siempre entre las posiciones más destacadas.

¿A qué se debe esto? Principalmente a que la dieta mediterránea no ha desaparecido del todo, disfrutamos de un buen clima que nos invita a estar en la calle. Ojo, ir de bares no implica consumir alcohol de forma problemática, sino que son lugares en los que podemos socializar con amigos y vecinos.

Los españoles compartimos muchas características de nuestro estilo de vida con el de los italianos o los griegos. Es cierto que no somos tan disciplinados como los nórdicos, pero nosotros tenemos un sistema sanitario muy desarrollado que nos protege, mientras que la esperanza de vida en Estados Unidos, por el contrario, es muchísimo más baja.

Doctor Durántez, ¿cómo se pone en práctica la medicina de la longevidad en sus instalaciones?

Hacemos como un chequeo pero mucho más exhaustivo. Se personaliza en función de la edad, del historial de enfermedades y de si eres hombre o mujer. No es como el modelo de algunas clínicas norteamericanas donde se le hace exactamente lo mismo a todo el mundo. Nosotros analizamos la individualidad y, a partir de los resultados, establecemos un plan de acción.

Este va desde el control hormonal y las pautas farmacológicas si son necesarias para tranquilizar el organismo hasta el seguimiento longitudinal en el tiempo. Realizamos mediciones exhaustivas al entrar en la consulta: evaluamos las arterias coronarias, la grasa visceral, la condición física aeróbica, los niveles de inflamación, el estado de la microbiota...

La longevidad es una cuestión que deberíamos tener en cuenta desde jóvenes. Un momento ideal para comenzar a preocuparnos por ella es entre los 35 y los 45 años. En la edad adulta ya se debe vigilar el porcentaje de grasa, el colesterol o una batería de hasta 150 biomarcadores que son interesantes de controlar a medida que se va creciendo.

¿Qué tipo de personas acuden hoy a la consulta y qué buscan cuando llegan?

El perfil que nos llega es el de una persona generalmente sana. Está bien, pero su objetivo es sentirse mejor y ser funcional el mayor tiempo posible. Esta es la 'medicina de los sanos', no tanto la de los hospitales a los que uno acude cuando ya está enfermo. Aquí el paciente tiene un alto nivel de conciencia saludable, está informado y busca esto activamente.

Respecto al género, está muy equilibrado: para mí es un 50% hombres y un 50% mujeres. La mayoría se encuentra en la década de los 50 o a finales de los 40, aunque la edad va disminuyendo continuamente y cada vez vienen más jóvenes interesados en conocer sus biomarcadores y llevar a cabo un proceso de cuidado de la salud desde etapas tempranas.

Desde 2017, es el director médico de la Clínica Neleva en Madrid.

Desde 2017, es el director médico de la Clínica Neleva en Madrid. Cedida

¿Siempre se ha dicho que la mujer envejece mejor. Es una verdad demostrada o una obviedad popular?

Ella vive más, pero la clave es si se mantiene con buena salud o si se trata de una supervivencia achacosa al final de la vida. Cada género tiene sus peculiaridades. Por ejemplo, la menopausia es un momento clave y un punto de inflexión muy fuerte en su proceso de envejecimiento que no ocurre de la misma forma en el hombre.

En España, la menopausia suele aparecer entre los 47 y los 53 años, provocando una aceleración brusca de la madurez en ese momento. El varón, en cambio, experimenta un declive hormonal o déficit, también llamado andropausia, que es mucho más progresivo, no tan brusco. Por lo tanto, la epigenética del envejecimiento es distinta entre ambos.

¿Y cómo valora los hábitos de las nuevas generaciones? ¿Es posible que las pantallas y los cambios de estilo de vida estén empeorando esa ecuación?

Respecto a los dispositivos móviles, es una realidad evidente con la que ya convivimos. Pero si me pides mi intuición sobre los chavales de entre 20 y 30 años de esta década, mi impresión es que tienen mejores hábitos de salud que los jóvenes de mediados de los 90.

Entonces, los niveles de alcoholismo y consumo de drogas en el ocio nocturno eran notablemente superiores a los de ahora. Los índices de tabaquismo han bajado porque los chicos de hoy se han criado con otra cultura de la salud y del autocuidado mucho más integrada.

Y en el plano de la salud mental y emocional, ¿qué peso tienen la familia, el amor o las relaciones sexuales?

Juegan un papel crucial. Yo lo pondría entre los primeros pilares fundamentales: tener una actitud positiva y una buena red relacional (pareja, familia, amistades) es determinante. De hecho, esta es la característica principal de las llamadas 'zonas azules'.

Estos son los lugares del mundo donde históricamente se ha vivido más. Aunque hoy en día estos datos están un poco bajo sospecha, porque se descubrió que muchos registros de edad estaban mal recogidos, lo verdaderamente valioso de estas localizaciones es su estilo de vida.

Muchas eran zonas rurales donde la gente no tenía estrés, socializaba muchísimo, compartía todo con sus vecinos y llevaba una vida físicamente activa de forma natural, trabajando en la huerta o en el campo sin necesidad de desplazarse en coche. Todo esto es mucho más relevante para la longevidad que la propia genética.

Distintos estudios demuestran que esta sólo influye entre un 7% y un 10%. Es un porcentaje muy pequeño que suele sorprender, porque tendemos a pensar que el destino de nuestra salud está determinado por nuestro historial familiar.

La genética se vuelve un factor potente y fuerte únicamente en aquellas personas excepcionales que logran sobrepasar los 95 o los 100 años; ellas sí tienen una ventaja particular. Pero para la gran mayoría, lo que manda es el estilo de vida.

En Neleva realizan la llamada terapia hormonal bioidéntica. A muchos sonará a ciencia ficción. ¿En qué consiste exactamente este procedimiento?

Con el tiempo se reduce nuestra fuerza, flexibilidad, capacidad aeróbica, función cognitiva, elasticidad en la piel y las arterias, e incluso vista y oído. Gran parte de esta pérdida de funcionalidad se debe a la caída drástica en la producción de ciertas hormonas por parte de nuestras glándulas (como la dehidroepiandrosterona, la progesterona o la melatonina).

La terapia de sustitución hormonal bioidéntica consiste en restaurar esos niveles optimizándolos con hormonas que son exactamente iguales, desde el punto de vista bioquímico y estructural, a las que tu propio cuerpo producía de forma natural. De ahí el término 'bioidénticas'. Se pueden administrar de diversas formas: a través de cremas, inyecciones, etc.

Muchas veces se confunde longevidad con estética o con bienestar entendido de forma muy superficial. ¿Por qué cree que está pasando eso?

Lo que ocurre es que se ha puesto de moda el término. En su día ocurrió con el wellness, que terminó un poco manoseado. Con longevity está pasando lo mismo. Los que nos dedicamos a esto de forma pura estamos huyendo un poco del concepto porque se está usando demasiado.

Los grandes investigadores del envejecimiento están empezando a hablar desde la perspectiva de la ciencia y la medicina, separándose de la palabra que usábamos estos últimos 10 años. ¿Por qué? Porque la longevidad comercial se está empezando a vincular erróneamente con la terapia de luz roja, la crioterapia o los sueros intravenosos.

El experto defiende que a la hora de envejecer bien no existen milagros: llevar un estilo de vida saludable es clave.

El experto defiende que a la hora de envejecer bien no existen milagros: llevar un estilo de vida saludable es clave. Cedida

¿Y qué funciona de verdad en toda esta industria multimillonaria que se ha generado alrededor de la longevidad?

Existe una gráfica muy clara que define las curvas de popularidad de las tendencias. Algo novedoso aparece, el interés por ello se dispara, llega a un pico excesivo donde satura o cansa a la gente y luego cae con fuerza, para terminar estabilizándose en su verdadera utilidad basada en el sentido común.

Lo vimos en su día con las plataformas vibratorias, que parecían la solución a todo y luego pasaron de moda, o con el método Pilates, que sí demostró su valía y se quedó de forma sólida. En este momento hay un bombardeo publicitario muy fuerte y agresivo.

Te dicen que te tomes esto o aquello y vivirás 100 años basándose a veces en que Fulanito hizo un experimento exitoso con tres ratones. ¡Pero un ser humano no es Mickey Mouse! No se pueden extrapolar esos resultados directamente. Hay tanto oportunismo que hoy cualquiera transforma una peluquería en un supuesto centro de longevidad basándose en modas.

Esta reflexión es importante porque hay que recordar que en la salud no existen trucos mágicos ni milagros; envejecer bien requiere esfuerzo diario. Y esto lleva a la última pregunta: ¿qué hábitos básicos recomendaría para empezar a una persona completamente sedentaria?, ¿es tarde para cuidarse?

Lo primero es empezar a informarse correctamente. Lo más básico y un excelente punto de partida es el movimiento elemental: caminar al menos 10.000 pasos al día. Si fumas o bebes alcohol a diario, déjalo por completo; eliminar esos tóxicos es el cambio más transformador que puedes hacer.

El siguiente paso es medir los parámetros esenciales: ¿sabes cuál es tu nivel de colesterol real? ¿Tu nivel de azúcar, de insulina en ayunas o tu tensión arterial? ¿Conoces tu condición física o tu fuerza? Hay que obtener datos precisos.

Hace años los periodistas me hacían una entrevista al mes sobre este tema; ahora me hacen una al día. Eso muestra el interés masivo que hay en la sociedad y es fantástico que se divulgue. Pero ante afirmaciones que sean muy espectaculares o categóricas hay que dudar: nada es tan milagroso.

Los avances de verdad son más simples y requieren constancia. Es cierto que todos los días vemos avances increíbles. Hace poco se habló mucho de que un laboratorio consiguió que la FDA aprobara un ensayo clínico para revertir la ceguera por glaucoma mediante reprogramación celular en ratones, y los titulares decían que gracias a eso viviríamos 15 años más.

A ver, primero se ha probado en animales no significa que funcione igual en humanos. Y de ahí a conseguir rejuvenecer un cuerpo completo de forma segura con esa tecnología pueden pasar 30 o 40 años antes de que esa terapia llegue a las farmacias o a la calle. Hay motivos para ser optimistas con la ciencia, pero manteniendo los pies en el suelo.