El embarazo es un momento crucial en la vida de la mujer.

El embarazo es un momento crucial en la vida de la mujer. Unsplash

Salud y Bienestar

Los riesgos de la obesidad materna: desde la diabetes gestacional hasta el mito de 'hay que comer por dos'

Es uno de los grandes desafíos de la salud pública actual. Se trata de un problema con profundas implicaciones médicas, sociales y económicas.

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Es un tema complicado de abordar, pues se trata de un momento único en la vida de la mujer. Antes, durante y después del embarazo es muy importante encontrar un balance para mantener un peso saludable. La obesidad materna puede resultar problemática en varios aspectos.

El doctor Juan José López Galián, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirónsalud San José, lo resume con claridad: “Su impacto directo en la morbilidad, la mortalidad y la calidad de vida, junto con su rápida expansión global, la convierten en una amenaza significativa para la salud pública y el desarrollo económico”.

Las cifras respaldan esta preocupación. La prevalencia de obesidad sigue aumentando en todas las regiones y grupos etarios, y las proyecciones apuntan a que en 2050 más de la mitad de la población adulta mundial presentará sobrepeso u obesidad.

Este escenario no sólo incrementa el riesgo de diabetes tipo 2, patologías cardiovasculares, determinados cánceres, enfermedad renal crónica o trastornos respiratorios, sino que también reduce la esperanza de vida y los años disfrutados con buena salud.

En el ámbito reproductivo, el exceso de peso tiene consecuencias directas. “Aumenta el riesgo de subfertilidad e infertilidad, afectando negativamente la planificación reproductiva”, explica el especialista del Hospital Quirónsalud San José, centro que con motivo de su centenario celebra el 18 de marzo una jornada sobre los retos y progresos en el embarazo y el parto.

El doctor Juan José López Galián, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirónsalud San José.

El doctor Juan José López Galián, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirónsalud San José. Cedida

En la mujer, se asocian a disfunción ovulatoria, alteraciones hormonales, menor calidad ovocitaria y endometrial y un mayor tiempo hasta lograr el embarazo. Por ello, la etapa previa a la concepción representa una oportunidad clave para intervenir.

La evidencia científica recomienda una pérdida de peso de entre el 5 y el 10% antes del embarazo. Según el doctor López Galián: "Esta reducción mejora la fertilidad, restaura la ovulación y reduce complicaciones como la preeclampsia y la diabetes gestacional”. Las intervenciones más eficaces combinan cambios dietéticos, ejercicio regular y apoyo emocional.

En mujeres con obesidad severa, la cirugía bariátrica puede ser una opción, aunque con matices. “Se debe evitar el embarazo hasta que el peso se estabilice, recomendando un intervalo mínimo de 12 a 18 meses tras la cirugía”, advierte.

Además, subraya la importancia de vigilar posibles déficits nutricionales y suspender cualquier tratamiento farmacológico para la pérdida de peso antes de la concepción.

Los riesgos

Entre las complicaciones más frecuentes se encuentran la diabetes gestacional, la preeclampsia, la hipertensión, el tromboembolismo venoso y una mayor probabilidad de parto instrumental o cesárea.

“La obesidad materna incrementa incluso el riesgo de mortalidad y puede generar dificultades anestésicas durante el parto”, señala el doctor.

En el bebé, las consecuencias tampoco son menores: macrosomía, parto prematuro, anomalías congénitas, ingreso en unidades de cuidados intensivos neonatales y alteraciones del neurodesarrollo.

La salud del bebé comienza antes de la concepción.

La salud del bebé comienza antes de la concepción. Unsplash

Existe evidencia de que la exposición intrauterina a un entorno metabólicamente alterado puede predisponer al hijo a padecer obesidad y enfermedades cardiometabólicas en el futuro.

Abordar esta cuestión en consulta exige sensibilidad. Frente a la presión social que muchas mujeres sienten respecto a su peso, el doctor insiste en la necesidad de evitar el estigma: “Debemos ofrecer información basada en la evidencia, alejada de patrones paternalistas o culpatorios, resaltando los riesgos y beneficios tanto para la madre como para su bebé y facilitando todos los medios de apoyo disponibles”.

Los tres pilares

El manejo integral se apoya en alimentación, ejercicio y apoyo psicológico. “Constituyen los tres pilares básicos en el manejo de esta población gestante”, afirma. Las recomendaciones nutricionales incluyen reducir grasas saturadas, aumentar fibra, frutas y verduras y prestar especial atención a micronutrientes como folato, hierro y vitamina D.

En cuanto al ejercicio, se aconsejan al menos 150 minutos semanales de actividad moderada adaptada a cada mujer. Y todo ello acompañado de motivación y seguimiento profesional, claves para lograr adherencia a largo plazo.

Practicar yoga durante el embarazo tiene múltiples beneficios.

Practicar yoga durante el embarazo tiene múltiples beneficios. Unsplash

El enfoque actual es necesariamente personalizado. Las recomendaciones de aumento de peso ya no son uniformes, sino que se ajustan al índice de masa corporal, la edad, la paridad y los antecedentes obstétricos y personales de cada paciente.

El puerperio

El posparto, a menudo percibido como una etapa de menor atención médica, es en realidad un momento estratégico. “El puerperio es clave para mantener y consolidar las pautas de salud implementadas durante la gestación”, explica el especialista.

Después del esfuerzo realizado durante el embarazo, este periodo representa una oportunidad para afianzar hábitos que tendrán impacto en la salud futura de la madre y en posibles embarazos posteriores.

La llamada “herencia metabólica” refuerza aún más la importancia de este abordaje. Este concepto describe cómo la obesidad materna puede transmitir al hijo una mayor susceptibilidad a enfermedades metabólicas más allá de la genética clásica.

A corto plazo, se asocia a mayor adiposidad neonatal y alteraciones metabólicas; a largo plazo, a un mayor riesgo de obesidad infantil, síndrome metabólico, diabetes tipo 2, hipertensión e incluso ciertos trastornos neuroconductuales. Los mecanismos implican un entorno intrauterino alterado por hiperglucemia, inflamación sistémica y cambios epigenéticos que pueden perpetuar un ciclo intergeneracional.

Entre los mitos más persistentes, el doctor señala uno especialmente dañino: “La idea de que la embarazada debe comer por dos y que los controles nutricionales son perjudiciales”. Muy al contrario, concluye: “Mantener un peso saludable antes del embarazo y evitar tanto la desnutrición como el sobrepeso es clave para disminuir riesgos maternos y neonatales”.

La obesidad materna exige, por tanto, una mirada amplia y continuada en el tiempo. No es sólo una cuestión individual, sino un reto sanitario que comienza antes de la concepción y cuyos efectos pueden extenderse a la siguiente generación.