Una mujer con malestar abdominal.

Una mujer con malestar abdominal. Pexels

Salud y Bienestar

Una nueva forma de entender la salud de la mujer: el síndrome de ovario poliquístico cambia de nombre

Durante décadas, el foco estuvo puesto casi exclusivamente en el órgano reproductor; hoy sabemos que esta condición va mucho más allá.

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Cada año, miles de mujeres reciben un diagnóstico de síndrome de ovario poliquístico y salen de la consulta convencidas de que tienen quistes.

Sin embargo, muchas ni siquiera los presentan. Ahí comienza la confusión.

El llamado SOP arrastra desde hace años una denominación que numerosos profesionales consideramos incompleta y desactualizada.

Por ello, recientemente se ha propuesto un nuevo nombre: síndrome de ovario metabólico poliendocrino.

¿Se trata sólo de un cambio terminológico? En absoluto.

Esta nueva denominación refleja una transformación profunda en la forma de comprender la salud femenina.

Por mucho tiempo, la atención se centró casi exclusivamente en el ovario; hoy sabemos que se trata de una condición mucho más compleja, con implicaciones metabólicas, hormonales y sistémicas que van mucho más allá de este órgano.

Nunca explicó el problema

El concepto "ovario poliquístico" ha generado mucha confusión desde el principio.

Para empezar, no todas las mujeres con esta condición presentan quistes. Algunas veces sólo se trata de pequeños folículos que no llegan a madurar correctamente.

Pero el problema no es únicamente ese.

El nombre también ha contribuido a una mirada reduccionista del diagnóstico, y a enfrentarlo como algo puramente ginecológico, cuando en realidad hablamos de un síndrome que involucra metabolismo, hormonas, inflamación, ovulación, salud cardiovascular e incluso salud mental.

Es decir: el ovario participa, sí, pero forma parte de un todo.

Y por supuesto, esa visión incompleta ha condicionado también la forma en la que muchas pacientes han sido tratadas durante años.

Tampones.

Tampones. Pexels

Más que reglas irregulares

El síndrome de ovario metabólico poliendocrino (SOMP) puede manifestarse de formas muy diferentes. Hay mujeres que consultan porque tienen ciclos menstruales irregulares. Otras por acné, caída de pelo o exceso de vello.

Algunas descubren el diagnóstico al intentar quedarse embarazadas. Y muchas conviven durante años con cansancio, hambre constante, dificultad para perder peso o sensación de que "algo no funciona bien" en su cuerpo.

Hoy sabemos que en muchas pacientes existe resistencia a la insulina (alrededor de un 70%), incluso aunque tengan un peso aparentemente normal. Esto significa que el organismo necesita producir más insulina para mantener estable la glucosa en sangre.

La hiperinsulinemia puede estimular la producción de andrógenos —las llamadas hormonas masculinas— alterando la ovulación y favoreciendo síntomas como el acné o el hirsutismo. Además, se asocia a inflamación de bajo grado y a un mayor riesgo metabólico a largo plazo.

Por eso, el nuevo término incorpora la palabra "metabólico"; pues no afecta únicamente al aparato reproductor: influye también en la manera en la que el cuerpo gestiona la energía.

Un síndrome poliendocrino

No hablamos de una sola hormona alterada, sino de varios sistemas comunicándose entre sí: insulina, andrógenos, ovulación, cortisol, hambre, saciedad y ritmos circadianos.

Eso explica por qué invade áreas muy distintas de la vida. No es únicamente una cuestión menstrual. También puede afectar al descanso, el estado de ánimo o la relación con la comida.

Precisamente por eso cada vez más especialistas defendemos abordajes integrales y menos centrados exclusivamente en regular la regla.

¿Qué papel juega la alimentación?

Otro de los mensajes contradictorios sobre la nutrición tras esta valoración son las dietas extremadamente restrictivas, el miedo a los hidratos de carbono o recomendaciones centradas en perder peso.

Pero, ¿cómo adelgazar si de base hay un problema fisiológico en la gestión de la energía?

Es por eso el enfoque actual empieza a alejarse de esa visión simplista.

La alimentación no es sólo una herramienta estética. Es una forma de influir directamente en procesos metabólicos y hormonales implicados en el síndrome.

Hoy sabemos que mejorar la sensibilidad a la insulina puede ayudar a reducir síntomas y favorecer la ovulación. Y eso no pasa por hacer regímenes imposibles —que incluso supondrían más estrés metabólico para el cuerpo—.

Alimentos ricos en proteínas.

Alimentos ricos en proteínas. Pexels

Se trata de construir un contexto de asimilación de nutrientes más estable a base de:

  • Priorizar proteína y fibra.
  • Incluir grasas saludables.
  • Reducir el consumo de ultraprocesados.
  • Mejorar la calidad del sueño.
  • Mover el cuerpo de forma regular.
  • Abandonar la idea de que todo se resuelve comiendo menos.

En los últimos años, han aumentado las investigaciones sobre la relación entre microbiota intestinal y este síndrome. Algunas observan alteraciones en la composición bacteriana intestinal y un posible aumento de la inflamación intestinal en determinadas pacientes.

Aunque todavía queda mucho por entender, esta línea de investigación vuelve a reforzar una idea importante: el cuerpo no funciona por compartimentos aislados. El intestino, el metabolismo, las hormonas y el cerebro están profundamente conectados.