Mónica Galán, creadora del Método BRAVO.

Mónica Galán, creadora del Método BRAVO. Javier Carbajal

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Mónica Galán, experta en comunicación: "Hay grandes profesionales que al hablar en público pierden autoridad"

Tras años formando personas, ha creado un método propio para aprender a comunicar mejor de manera eficaz y sencilla.

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Hay personas que parecen haber nacido para hablar en público. Suben a un escenario y todo fluye: las palabras, los gestos, la voz. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Si las dotes escénicas fueran una habilidad que todos pueden hacer suya? Mónica Galán Bravo lleva años perfeccionando la técnica.

La experta en comunicación y autora del libro Método BRAVO asegura que la oratoria no depende tanto del talento como del entrenamiento.

Su experiencia formando a directivos y equipos de grandes compañías le ha permitido detectar un patrón que se repite una y otra vez: profesionales brillantes que, cuando toman la palabra, son incapaces de transmitir todo lo que saben.

A partir de esa observación, desarrolló un sistema que combina estructura verbal, lenguaje corporal y gestión emocional.

En conversación con Magas, Galán nos habla de este sistema que hoy enseña en empresas y conferencias y que, según explica, no sólo sirve para convencer a una audiencia, sino también para ganar seguridad y mejorar la manera en que nos comunicamos en cualquier ámbito de la vida.

Después de tantos años dedicada a este campo, ¿qué te hizo pensar que había una técnica que debías plasmar en un libro?

Todo empezó observando algo que me llamaba muchísimo la atención. Venía del mundo de la organización de eventos y veía cómo los ponentes se comportaban de una manera antes de subir al escenario y de otra completamente distinta cuando les tocaba hablar.

Había personas que, al enfrentarse al público, crecían. Comunicaban con claridad, con presencia, con autoridad. Pero también veía el caso contrario: profesionales brillantísimos que, en cuanto empezaban a hablar, perdían toda esa naturalidad. Se enredaban, transmitían inseguridad y daban la impresión de saber menos de lo que realmente sabían.

Eso era muy injusto para ellos y también para la audiencia. Si alguien domina una materia, pero no consigue transmitirla, el conocimiento se pierde por el camino. Me obsesioné con descubrir qué hacían diferente quienes conseguían conectar con el público y cómo podía enseñarse ese proceso.

La experta en comunicación posa para Magas.

La experta en comunicación posa para Magas. Javier Carbajal

¿Qué tenían en común quienes comunicaban mejor?

Que existía una coherencia absoluta entre lo que decían y cómo lo decían. No bastaba con tener las ideas claras. El cuerpo, la voz, la postura y la manera de mirar reforzaban el mensaje en lugar de debilitarlo.

En cambio, otras personas tenían un gran contenido, pero su lenguaje no verbal proyectaba miedo, dudas o falta de confianza. Esa contradicción hacía que el discurso perdiera fuerza. Ahí entendí que la comunicación no depende sólo de las palabras.

En tu libro, desmontas una idea muy extendida: que hablar bien en público es un don.

Porque no es verdad. Es evidente que hay quien goza de una predisposición natural. Igual que hay quien tiene más facilidad para determinados deportes o disciplinas artísticas. Negarlo sería absurdo.

Pero también he visto algo muy esperanzador: gente que partía con muchísima inseguridad y que, siguiendo un método, acababa disfrutando de hablar en público. Eso cambia completamente la percepción que tienen de sí mismos.

La oratoria ante público exige valentía. Cuando alguien se atreve, obtiene buenos resultados y descubre que puede hacerlo, se produce un círculo virtuoso: aumenta su confianza y eso mejora también otras conversaciones de su vida cotidiana.

Es decir, ¿mejorar este aspecto también puede fortalecer la autoestima?

Sin ninguna duda. Muchas personas evitan exponerse porque creen que no son capaces. Como no hablan en público, no ganan seguridad; y como no tienen seguridad, siguen evitando hacerlo. Es un círculo vicioso.

Pero ocurre exactamente lo contrario cuando empiezan a dominar la transmisión de mensajes. Se sienten más tranquilos, aprenden a ordenar sus ideas, a controlar la velocidad con la que hablan y a conectar con los demás. Esa mejora acaba trasladándose a otros ámbitos personales y profesionales.

He visto gente que llegó aterrorizada por el escenario y hoy disfruta dando conferencias. Eso demuestra que el cambio es posible.

El libro 'Método BRAVO'.

El libro 'Método BRAVO'. Javier Carbajal

¿Cómo definirías la "comunicación maestra"?

Es el momento en que el lenguaje verbal y el no verbal trabajan juntos. Cuando las palabras, la voz y el cuerpo cuentan exactamente la misma historia.

Puedes tener un discurso perfectamente estructurado, pero si tu expresión transmite dudas o contradicción, el mensaje pierde credibilidad. Todos interpretamos no sólo lo que nos dicen, sino también cómo nos lo dicen.

¿De ahí nace el Método BRAVO?

Exactamente. Curiosamente, surgió casi como un juego. Bravo es mi apellido materno y empecé utilizándolo como una regla mnemotécnica para ayudar a mis alumnos a recordar la estructura de un discurso.

Con el tiempo descubrí que tenía un orden lógico que funcionaba. Cada letra responde a una fase concreta del proceso y el orden importa porque acompaña la forma en la que prestamos atención y procesamos la información.

Al final, terminó convirtiéndose en el corazón del libro. Nunca imaginé que acabaría teniendo tanta repercusión.

¿Cómo funciona la estructura de tu sistema?

La B, de Bienvenida, busca captar la atención desde el primer instante. Sabemos que el inicio de cualquier intervención es el momento de mayor concentración de la audiencia, así que hay que aprovecharlo ofreciendo algo valioso desde el principio.

La R, de Ruta, explica hacia dónde va el discurso. Es el momento de presentar el camino que vamos a recorrer para que quien escucha nunca se sienta perdido.

La A, de Argumento, permite situar quién eres y por qué merece la pena escuchar lo que vas a contar.

Después llega la V, de Valor, donde aparecen las ideas principales. Ahí conviven los datos, las evidencias y la parte más racional con los ejemplos, las historias y las emociones. Es el equilibrio entre cerebro y corazón.

Y finalmente está la O, de Ovación, que no es simplemente terminar. Es dejar una idea que proyecte el mensaje hacia el futuro, que invite a actuar y que haga que el discurso permanezca en la memoria.

En los últimos años gran parte de la información se ha trasladado a las pantallas. ¿Somos peores comunicadores a través de ellas?

Es un reto distinto. Durante la pandemia muchas empresas cambiaron todo su intercambio de mensajes al formato digital y hubo que aprender nuevas herramientas para proyectar seguridad a través de una cámara.

Se puede comunicar muy bien por videollamada, pero sigo creyendo que no existe nada comparable al encuentro presencial. Cuando compartimos un espacio físico, ocurre algo que va mucho más allá de las palabras.

Antes de esta entrevista, por ejemplo, hemos hablado unos minutos, nos hemos mirado, hemos conectado de una manera completamente natural. Ese tipo de experiencia genera vínculos y recuerdos que ninguna pantalla puede sustituir.

Mónica Galán es la creadora del exitoso método de comunicación BRAVO.

Mónica Galán es la creadora del exitoso método de comunicación BRAVO. Javier Carbajal

Más allá de las presentaciones o las conferencias, ¿crees que una buena comunicación puede mejorar también las relaciones personales?

Estoy convencida. Cuando aprendes a comunicar mejor ya no puedes dejar de aplicar esos recursos en tu vida cotidiana. Descubres la importancia de hacer pausas, de mirar a la otra persona, de escuchar de verdad y de utilizar el cuerpo para acompañar lo que dices.

Son herramientas que mejoran cualquier conversación. Nos ayudan a ser más claros, a generar confianza y a evitar muchos malentendidos. No se trata únicamente de hablar; también es crear un espacio donde el otro se sienta escuchado.

Cada vez trabajas con más directivas y mujeres líderes. ¿Ha cambiado también el perfil de quienes buscan mejorar en este aspecto?

Sí, muchísimo. Cuando empecé, gran parte de mi trabajo estaba orientado a formar a altos directivos, que en aquella época eran mayoritariamente hombres.

Eso ha cambiado de forma muy positiva. Hoy trabajo con muchísimas mujeres que ocupan puestos de responsabilidad y que quieren comunicar con más seguridad.

No dirijo mi mensaje específicamente a ellas. Lo que sí celebro es que cada vez haya más ocupando espacios donde antes apenas tenían presencia.

Y también veo a muchos profesionales desarrollando un liderazgo mucho más humano. Esa evolución me parece mucho más interesante que cualquier diferencia de género.

¿Ha habido algún momento en el que te hayas quedado sin palabras?

Sí, y fue precisamente durante la presentación de mi libro.

Llevaba muchos años dando conferencias. Había hablado delante de miles de personas y nunca había sentido un bloqueo parecido. Pero aquel día era diferente.

En el teatro estaban compañeros de profesión, clientes, amigos... y también toda mi familia. Verlos allí reunidos para acompañarme me emocionó profundamente.

Recuerdo salir al escenario y sentir durante unos segundos que era incapaz de empezar a hablar. Pensé: "Como abra la boca ahora mismo, me voy a echar a llorar".

Entonces ocurrió algo precioso. El público comenzó a aplaudir, no porque hubiera dicho nada, sino para acompañarme. Ese aplauso me dio el tiempo que necesitaba para recuperar la calma y seguir adelante.

Fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida profesional.

La autora y conferencista durante la entrevista.

La autora y conferencista durante la entrevista. Javier Carbajal

Si pudieras volver atrás y hablar con la Mónica de hace 20 años, ¿qué le dirías?

Una frase muy sencilla: "Todo va a salir bien".

Durante mucho tiempo viví anticipando escenarios negativos. Pensaba que el libro no interesaría, que no estaría a la altura o que las cosas saldrían mal. Perdí mucha energía preocupándome por problemas que nunca llegaron a existir.

Hoy sé que la mayoría de esos miedos eran imaginarios.

Y cuando las cosas no salen como esperabas, también hay una enseñanza. Me gusta pensar que el fracaso no es más que la información necesaria para hacer un nuevo intento mejor.

Por eso le diría que confiara más, que disfrutara más del camino y que no tuviera tanto miedo a equivocarse. Al final, casi siempre aprendemos mucho más de los tropiezos que de los aciertos.