Sjoeke Nusken, de Alemania, en acción con Lisa Naalsund, de la selección noruega, en las eliminatorias de la UEFA para el Mundial 2027.

Sjoeke Nusken, de Alemania, en acción con Lisa Naalsund, de la selección noruega, en las eliminatorias de la UEFA para el Mundial 2027. Leon Kuegeler Reuters

Protagonistas MUNDIAL DE FÚTBOL 2026

De Noruega a Brasil, los países que pagan igual a su selección masculina y femenina: así está hoy el 'partido' por la paridad

Con el Mundial de 2027 esperando su turno, se reabre el debate sobre si ellas y ellos deben cobrar las mismas primas y bonus por participar en estas citas.

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Este lunes, 22 de junio, la Copa Mundial 2026 prosigue con Uruguay enfrentándose a Cabo Verde, Nueva Zelanda cara a cara con Egipto, Argentina contra Austria y Francia compartiendo marcador con Iraq. La expectación es máxima y no hay casi quien no sepa en qué momento del calendario se encuentran las selecciones nacionales del fútbol masculino.

Tal vez no ocurra lo mismo con el femenino. Ya queda menos para que se celebre el Mundial de Brasil 2027, y esto con España ya clasificada. Este mes, la Selección terminó primera de su grupo en la fase de clasificación. Otros países como Dinamarca también han sellado su billete a la cita, que deberá competir por las cifras de audiencia que tuvo la de 2023.

Este mes, mientras las federaciones cruzan los dedos en los partidos de sus equipos masculinos sin perder de vista lo que ocurrirá el año que viene, reaparece el debate que ha acabado convirtiéndose en un elefante en la habitación —o en los vestuarios y ruedas de prensa—: ¿deben cobrar lo mismo quienes representan a un Estado vistiendo la misma camiseta?

En Qatar 2022, la selección argentina cobró 42 millones de dólares por ganar el título. En el Mundial de Australia y Nueva Zelanda celebrado hace tres años, España recibió 10,5 millones por alzarse con la misma copa, cuatro veces menos que sus compañeros, y su victoria se vio nublada por el 'caso Rubiales'.

España recibe la copa de campeona del mundo en 2023.

España recibe la copa de campeona del mundo en 2023. Reuters

Con este punto de partida es posible analizar el irregular, aunque aún muy cambiante, mapa de la paridad salarial en el fútbol. Uno donde conviven países pioneros, otros que se suman al Equal Pay y otros más rezagados o que ven necesaria la diferenciación entre jugadores y jugadoras por cuestiones ligadas al impacto de los torneos que juegan ellos y ellas.

En cualquier caso, la equidad en las selecciones nacionales ha dejado de ser una reivindicación marginal y hoy es una política pública en naciones de larga tradición deportiva, un objetivo declarado —aunque no cumplido— de la FIFA y un elemento de negociación colectiva en mercados donde el futfem ha crecido de forma sostenida durante esta década.

Pero también sigue siendo una promesa aplazada en muchas potencias y una realidad inexistente, por ejemplo, en la mayor parte de África: según Sports Revelation, el 96% de las federaciones allí no han alcanzado la igualdad. Nigeria, con sus Super Falcons dominando el futfem africano, sigue sin un acuerdo que garantice condiciones equivalentes a las de ellos.

El debate no es sólo económico; también toca los modelos de financiación, los ingresos televisivos y la propia concepción del valor en el fútbol. Como siempre que se habla de dinero en el deporte, las cifras cuentan historias distintas según quién las lea. El marcador sigue siendo desigual, un reflejo de la división de la sociedad al respecto.

Los que ya pagan igual

En 2017, Noruega fue el primer país en equiparar los salarios de ambas selecciones nacionales: los jugadores cedieron parte de sus ingresos comerciales para financiar el incremento de las internacionales, lo que supuso que el sueldo de ellas aumentase en hasta un 93% respecto a lo que percibían antes.

Con este gesto, Los Vikingos dieron un paso adelante también imitado por los daneses: después de que sus compañeras se declarasen en huelga antes del Mundial de Francia 2019, estos rechazaron un aumento salarial para que ambos equipos recibieran la misma remuneración básica y aceptaron reducir el 15% de la cobertura de su seguro para aumentar el de ellas.

Cuando Dinamarca firmó su acuerdo, Finlandia ya llevaba tiempo aplicando esta política. Gracias al apoyo del plantel masculino y un dictamen oficial, se equipararon todas las primas e incluso se eliminaron las etiquetas de género en sus ligas, de manera que la Liga Femenina pasó a llamarse Liga Nacional (Kansallinen Liiga).

"Mismo sueño, mismos goles, mismo juego, mismo contrato". Con estas palabras anunció la federación en redes sociales que las selecciones tendrían paridad de condiciones en septiembre de 2019. Suecia también apostó por un modelo más igualitario gracias a la solidaridad de sus jugadores poco después.

Un año antes, Nueva Zelanda igualó, además de los salarios base, las primas, los derechos de imagen y las condiciones de desplazamiento, incluyendo los vuelos en clase business. Una decisión que pretendía hacer justicia con las Football Ferns, situadas entre las 20 mejores selecciones del mundo, como defendió Andy Martin, máximo representante de la NZPFA.

Australia firmó un convenio que estableció el reparto del 24% de los ingresos generados: el 19% para ambos y el 5% para invertir en los equipos nacionales juveniles. Además, la federación prometió actualizar la política de licencia materna para respaldar más a las Matildas durante el embarazo y regreso al terreno de juego.

En 2020 también se les sumó Brasil, donde la Confederación Brasileña de Fútbol anunció que pagaría las mismas dietas diarias y tarifas sin hacer distinciones por género, aunque las primas por participar o ganar un Mundial se ofrecerían en proporción a la cantidad que la CBF recibe directamente de la FIFA.

Por otro lado, Inglaterra igualó en 2020 la dieta básica de unas 2.000 libras por partido. Sin embargo, la paridad en las grandes citas costó más. En la Eurocopa 2022, el país ganó el torneo frente a Alemania en la final, pero esos millones van a las arcas institucionales, no directamente a las jugadoras.

Vicky López disputa un balón con Lotte Wubben-Moy durante el partido España‑Inglaterra de clasificación para el Mundial femenino, en Son Moix (Palma), el 5 de junio de 2026.

Vicky López disputa un balón con Lotte Wubben-Moy durante el partido España‑Inglaterra de clasificación para el Mundial femenino, en Son Moix (Palma), el 5 de junio de 2026. Francisco Ubilla Reuters

En 2022, Irlanda se sumó al Equal Pay en un acuerdo negociado por el CEO de la FAI, Jonathan Hill; el asesor Ciaran Medlar; y los capitanes de ambas selecciones, Katia McCabe y Seamus Coleman. Gales también negoció la equidad salarial en 2023 para que esta entrase en vigor de cara a 2026-2027.

En Escocia, el camino a la paridad casi pasa por los tribunales. La selección femenina demandó a la Scottish Football Association denunciando años de desatención y exigiendo igualdad salarial y de trato respecto a sus compañeros, aunque el conflicto se solucionó un año más tarde después de que ambas partes llegaran a un pacto.

En Países Bajos, la Real Asociación Neerlandesa de Fútbol (KNVB) oficializó esta equidad justo antes de la Euro Femenina 2022. Tras años de aumentos escalonados, la federación garantizó que las Oranje Leeuwinnen percibieran las mismas primas comerciales y derechos de imagen que el equipo masculino.

Suiza dio un paso decisivo en junio de 2022, cuando la federación, con el respaldo de su patrocinador principal, igualó las primas por rendimiento en fases finales y avanzó en la equiparación de derechos de imagen. El acuerdo permitió que las jugadoras alcanzaran niveles de compensación equivalentes a los del equipo masculino en estos conceptos.

Mención aparte merece Estados Unidos. Su modelo es actualmente uno de los más ambiciosos del mundo porque logró romper el verdadero techo de cristal: los premios de la FIFA. En 2022, las selecciones pactaron un fondo común (conocido como prize pooling) donde unifican las ganancias de los Mundiales masculino y femenino y las dividen estrictamente al 50%.

La verdadera equiparación en los bonus comerciales y de las citas mundialistas no se cerró hasta finales de 2023, tras un tenso conflicto en la Copa del Mundo de 2023.

Los más rezagados

Entre las grandes potencias, Alemania y Francia siguen sin un acuerdo de Equal Pay integral para sus selecciones. Las internacionales alemanas han reclamado en varias ocasiones que las primas por grandes torneos se acerquen a las de la Mannschaft masculina, pero la DFB no ha puesto sobre la mesa un convenio equiparable al de Noruega o Australia.

Sandy Baltimore celebra el segundo gol de Francia ante Polonia en el partido de clasificación para el Mundial femenino disputado en el estadio de Gdansk, el 5 de junio de 2026.

Sandy Baltimore celebra el segundo gol de Francia ante Polonia en el partido de clasificación para el Mundial femenino disputado en el estadio de Gdansk, el 5 de junio de 2026. Kacper Pempel Reuters

Mientras tanto, la Fédération Française de Football (FFF) ha anunciado aumentos de inversión y mejoras de condiciones para Les Bleues, pero evita comprometerse a igualar los bonus de Mundiales y Eurocopas con los de la selección masculina, pese al peso económico del fútbol francés.

Canadá representa la paradoja de la élite: campeona olímpica, pero con una selección femenina enfrentada a su federación por recortes, diferencias de inversión respecto al equipo masculino y la ausencia de un acuerdo estable sobre primas y reparto de ingresos.

Las internacionales han llegado a amenazar con huelgas y planteamientos antes de partidos y concentraciones, subrayando que los éxitos deportivos no se han traducido en una paridad real en los contratos.

En África, el salto hacia la igualdad es aún más desigual. Sudáfrica sigue siendo una excepción en un continente donde muchas selecciones femeninas conviven con dietas mínimas, impagos y primas muy inferiores. En países como Nigeria o Zambia, potencias deportivas de la región, las reclamaciones de las jugadoras por mejores condiciones se repiten casi tanto como sus clasificaciones a fases finales.

En Asia, Corea del Norte se ha consolidado como una superpotencia del fútbol femenino: su club Naegohyang acaba de proclamarse campeón de la nueva Champions asiática, el país suma títulos mundiales sub‑17 y sub‑20 y su sistema de academias de élite fabrica generaciones enteras de futbolistas desde la infancia.

Pero esa fortaleza deportiva convive con la opacidad sobre salarios, primas y derechos laborales. Los informes se centran en la disciplina, el éxito internacional y el uso político del futfem como escaparate del régimen, pero no hay rastro de compromisos públicos de paridad económica comparables a los que se han firmado en otras federaciones.

El caso de La Roja

En 2022, Real Federación Española de Fútbol anunció que había firmado un acuerdo por el cual "se igualan las primas que reciben en porcentajes" las jugadoras de la selección femenina y las que reciben los jugadores de la masculina, "se regularizan y mejoran los derechos de imagen y se pactan cuantiosas mejoras en las condiciones de trabajo".

De cara a los próximos años, el tablero se desplaza al futuro: si La Roja ganara el Mundial 2026, la federación ingresaría alrededor de 50 millones de dólares en premios, y la FIFA ha prometido que en Brasil 2027 repartirá una cantidad similar, lo que por primera vez podría poner a campeones y campeonas ante un bote casi idéntico.

En el plano de los clubes, el nuevo convenio del futfem profesional ha elevado el salario mínimo en la Liga F y ha consolidado derechos básicos —vacaciones, bajas, protección de la maternidad—, aunque la mayoría de jugadoras siguen lejos de las cifras del masculino y sólo ciertas estrellas se mueven en rangos de varios cientos de miles de euros.

La campeona del mundo es, en términos económicos, un país de avance acelerado: ya presume de porcentajes igualados en la selección y de un marco laboral más sólido y alineado con el de selecciones como la estadounidense, pero continúa negociando la letra pequeña de lo que significa "cobrar lo mismo" por vestir la camiseta de España.

Un debate por zanjar

'Equal Pay for Equal Play' se ha convertido en el eslogan de referencia del movimiento, popularizado por la selección de Estados Unidos en su demanda contra la federación y repetido en ruedas de prensa y pancartas por jugadoras de medio mundo.

En España, cuando la RFEF anunció en 2022 el acuerdo con las internacionales, lo presentó en un comunicado y en posteriores entrevistas como un paso hacia la igualdad de salario para ambas selecciones de fútbol y un "acuerdo histórico" que igualaba "las primas que reciben en porcentajes" ellas y ellos.

Medios y oenegés feministas matizaron enseguida que este se limitaba a promover mejoras en porcentajes y derechos de imagen, sin borrar la brecha en las cantidades absolutas.

Muchas jugadoras también han opinado sobre el conflicto en diferentes entrevistas. La portuguesa Tatiana Pinto, en una conversación con FIFPRO con motivo del primer aniversario del Mundial 2023, explicaba: "No pedimos el mismo dinero, pedimos las mismas oportunidades", en referencia a condiciones laborales, instalaciones y estabilidad.

Jenni Hermoso, en una entrevista a GQ en 2023, insistió en que "siempre se ha dicho que queríamos cobrar igual que los chicos y no era verdad", porque "obviamente" saben que el fútbol femenino "no genera tanto como el masculino".

En su caso, sí defendía "tener un salario mínimo, que se nos respetara y se nos diera la oportunidad de poder hacer algo muy grande; en cuanto lo hemos tenido, hemos ganado un Mundial".

La directora del Instituto de las Mujeres en España ha denunciado en actos públicos y notas oficiales una brecha media de "190.000 euros de los hombres frente a 22.500 euros anuales de las mujeres" en el fútbol.

Desde EEUU, Hope Solo justificaba su demanda por discriminación salarial ante la comisión federal competente con estas palabras, retransmitidas por NBC y recogidas por Democracy Now!: "Hoy en día se trata de igualdad de derechos y de salarios y estamos presionando para lograrla", después de años oyendo que debían "estar agradecidas" por cobrar un sueldo por jugar.

La posición de la FIFA queda cristalizada en las palabras de Gianni Infantino antes de la final del Mundial 2023 en Sídney. En declaraciones recogidas por varios medios, entre ellos DW y Bloomberg, el presidente del organismo pidió a las jugadoras que "elijan las batallas adecuadas para convencernos a los hombres de lo que tenemos que hacer".

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, sostiene el trofeo del Mundial durante la ceremonia de apertura.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, sostiene el trofeo del Mundial durante la ceremonia de apertura. Europa Press

También sostuvo que "con nosotros encontrarán las puertas abiertas, basta con empujarlas" y defendió que la igualdad salarial en las citas mundialistas sería algo "simbólico" que "no resolvería nada, porque son una vez cada cuatro años y son unas pocas futbolistas respecto a las miles y miles que hay. No sólo necesitamos la paridad en el Mundial".

Paralelamente, en el Congreso de la FIFA y en ruedas de prensa posteriores, Infantino aseguró que su objetivo es que haya remuneración equitativa para ellas y ellos en las grandes citas de 2026 y 2027 y denunció la gran diferencia de oferta económica que hacen los operadores de radiodifusión para ambas competiciones.