Un grupo de mujeres y niñas recibe insumos en la escuela Al-Quds, en Rafah.

Un grupo de mujeres y niñas recibe insumos en la escuela Al-Quds, en Rafah. Abed Rahim Khatib / DPA Europa Press

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Las niñas de Gaza más allá de la guerra: "Hemos visto casos de intercambio de sexo por ayuda humanitaria"

Sonia Silva, jefa de la oficina de UNICEF en el terreno, examina los retos a los que se enfrentan las menores en la segunda fase del plan de paz para la Franja.

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"El barrio era nuestro único espacio seguro y donde solíamos jugar. Voy con mis amigas a quienes conocí durante la guerra. La escuela es muy bonita pero diferente a como era antes. Solíamos sentarnos en las aulas; ahora estamos en tiendas de campaña. Estoy orgullosa de ser una chica gazatí y quiero enviar un mensaje: seguiremos siendo fuertes, pase lo que pase".

A través de un vídeo grabado por ella misma, Fátima, una niña palestina cuya vida cambió para siempre en octubre de 2023 —con el comienzo de la ofensiva israelí— cuenta cómo son sus días en la Franja. "Los platos que solía preparar con mi madre antes de la guerra eran maklouba y arroz con lentejas, pero ahora los precios son muy altos", cuenta la pequeña.

Su día a día es retador, pero ella resiste para contarlo. Sin embargo, desde el comienzo de la conflagración han muerto más de 21.500 menores y cerca de un millón siguen necesitando ayuda urgente para sobrevivir, según los datos con los que UNICEF denuncia el contexto marcado por la destrucción y los desplazamientos en el que vive la infancia.

Testimonio de Fátima | Imágenes de UNICEF Elena Pérez

Actualmente, sólo el 48% de los servicios de salud funciona de forma parcial mientras miles de niños necesitan ser evacuados para recibir atención especializada en un contexto de condiciones mínimas y una violencia que pesa especialmente sobre las chicas, pues ellas enfrentan consecuencias adicionales solamente por el hecho de ser mujeres.

Sonia Silva, jefa de la oficina de UNICEF en Gaza y presente en el terreno desde las primeras semanas tras la ofensiva, analiza cómo afecta el género a una crisis que ha hecho retroceder el desarrollo humano en 77 años, como refleja un informe elaborado conjuntamente por la Comisión Europea y Naciones Unidas.

Explica que el impacto de la guerra sobre la población femenina está siendo devastador. Ella misma lo ve en el día a día, tal como reconoce en su breve visita a Madrid —donde atiende a esta revista en las oficinas de UNICEF— y confirman los datos: un nuevo informe de UN Women revela que más de 38.000 perdieron la vida entre octubre de 2023 y diciembre de 2025.

Esa estimación representa un trágico promedio de al menos 47 mujeres y niñas fallecidas por día. Al mismo tiempo, pese al alto al fuego acordado hace seis meses, las cifras —que probablemente sean mayores— indican que las muertes han continuado en los últimos meses, lo que pone de manifiesto que las amenazas a sus vidas siguen vigentes.

Ellas, doblemente expuestas

Pero esa no es la única amenaza que enfrentan en Gaza. El conflicto ha transformado la estructura familiar. "Hay un número muy elevado de mujeres que han quedado viudas y están asumiendo roles a los que no estaban acostumbradas, desde recolectar agua hasta buscar leña porque ya no tienen acceso a gas", explica Silva.

Enfrentan dificultades económicas crecientes y riesgos cada vez mayores, mientras asumen la totalidad de las responsabilidades de cuidado y supervivencia de hogares enteros. Además, dice la trabajadora humanitaria, en el contexto de tensión vigente, se ha producido "un incremento de la violencia intrafamiliar que afecta a niños y niñas".

La inseguridad es tal que se palpa en cada momento del día: cuando una está en casa, mientras caen las bombas e incluso frente a quienes deberían tender una mano. Si el semblante de Silva ya es serio, más lo es cuando habla de ello. "Hemos observado casos de intercambio de sexo por ayuda humanitaria", denuncia.

Este fenómeno no es nuevo: se han elaborado informes de abuso en lugares como Sudán del Sur, República Democrática del Congo, Haití, Chad... Todos tienen algo en común y es que la explotación sexual suele aparecer en contextos de emergencia en los que las civiles son vulnerables, especialmente cuando están desplazadas y dependen de esta asistencia.

Silva explica que este es un asunto extremadamente preocupante para UNICEF y, que desde el terreno, el equipo que ella lidera —con 50 profesionales nacionales y una treintena de internacionales— "hacemos todo lo posible por prevenir cualquier forma de explotación de mujeres o niñas en estos momentos de desesperación".

A esto se le suma otro fenómeno complejo de gestionar en una sociedad conservadora: el incremento del sexo fuera del matrimonio y, como consecuencia directa, de los embarazos adolescentes. En el contexto gazatí, dichas situaciones son vistas como una falta grave y pueden generar una espiral de agresiones adicional.

Esta realidad se entrelaza con una transformación de los roles generacionales. Al haber perdido a uno o ambos progenitores —se estima que más de 40.000 niños han quedado huérfanos—, muchos jóvenes se han visto obligados a adoptar papeles que no les corresponden, asumiendo la carga de ser cabezas de familia de la noche a la mañana.

UNICEF entrega tanques de agua a refugios en el sur de la Franja de Gaza, ayudando a las familias a acceder al agua de forma más segura y sencilla, gracias al apoyo del Centro de Ayuda Humanitaria y Socorro Rey Salman.

UNICEF entrega tanques de agua a refugios en el sur de la Franja de Gaza, ayudando a las familias a acceder al agua de forma más segura y sencilla, gracias al apoyo del Centro de Ayuda Humanitaria y Socorro Rey Salman. Rawan Eleyan Cedida / UNICEF

La sombra del trauma

Esta carga de responsabilidad adulta sobre hombros pequeñitos está dejando cicatrices profundas. Los datos que maneja UNICEF en el terreno son devastadores: nueve de cada 10 niños presentan problemas de salud mental. El trauma no es un evento pasado, pues la tragedia sigue ahí activa y persistentemente.

"Ves el impacto en su capacidad de concentración y en su comportamiento. Es un trabajo titánico porque el proceso de sanación no puede terminar mientras no tengan claridad sobre su futuro", explica la jefa de oficina en su visita para dar parte de situación.

Con el objetivo de combatir este "trauma activo", los equipos de la organización han diseñado una estrategia que utiliza el deporte, el yoga, el canto y la cultura como herramientas transversales. El objetivo es que los menores recuperen espacios de recreación que les permitan, aunque sea por unas horas, volver a jugar y empezar a procesar lo vivido.

Nueva fase, otros retos

A medida que el conflicto evoluciona, las necesidades técnicas también cambian. Silva enfatiza que, de cara a lo que se denomina la "fase dos" del plan de paz para Gaza, las prioridades deben ajustarse a una realidad de destrucción sistémica.

En este sentido, según datos de octubre de UNRWA, se calcula que más de 21.000 niños han quedado con alguna discapacidad debido a la violencia de los últimos años. "Su atención es un tema transversal en nuestros centros de aprendizaje y hospitales", afirma. Sin embargo, cubrir estas necesidades especiales con recursos mínimos es "sumamente difícil".

En esta nueva etapa, el tipo de insumos necesarios es diferente. Ya no basta con lo básico; Silva advierte que la entrada de suministros médicos de calidad es una limitante constante. Los hospitales carecen de medicamentos para tratar enfermedades agravadas por la desnutrición o derivadas del contacto con aguas residuales y basura acumulada.

UNICEF proporciona audífonos a niños y niñas en Gaza, ayudándoles a oír, aprender y comunicarse, y apoyando su inclusión en la escuela y la vida cotidiana.

UNICEF proporciona audífonos a niños y niñas en Gaza, ayudándoles a oír, aprender y comunicarse, y apoyando su inclusión en la escuela y la vida cotidiana. Rawan Eleyan Cedida / UNICEF

"Necesitamos que las rutas comerciales mejoren regularmente, porque la ayuda humanitaria por sí sola no basta", recalca, instando al sector privado a facilitar la entrada de productos esenciales que permitan una reconstrucción con dignidad.

Dentro de estas necesidades, la salud menstrual de las adolescentes representa un desafío diario. Silva relata cómo algo tan básico como bañarse se ha convertido en un lujo para muchas: "Hay personas que tienen que hacerlo con pañitos porque no hay instalaciones adecuadas, y muchas tienen miedo de ir a las letrinas por la noche porque no se sienten seguras".

UNICEF trabaja para suministrar kits de higiene menstrual, pero la jefa de la oficina insiste en que cualquier plan de reconstrucción debe tener una mirada de género profunda. No se trata sólo de entregar compresas; hay que garantizar espacios privados que devuelvan a las jóvenes el control sobre sus cuerpos en un entorno que se lo ha arrebatado todo.

Arriesgarse para salvar

Sonia Silva habla como mujer que vive bajo los mismos protocolos de seguridad y riesgos que su equipo. Relata cómo deben notificar cada movimiento por GPS para evitar ser atacados, aunque los riesgos son omnipresentes: apenas dos días antes de su intervención en Madrid, dos conductores contratados por UNICEF murieron mientras recogían agua.

Con casi 200 trabajadores humanitarios fallecidos en la Franja, la gestión emocional del duelo es una constante. "A veces piensas que pudiste haber sido tú", confiesa. Para mantener la salud mental, intenta no recrearse en el miedo y se apoya en sus afectos personales, incluso en sus gatos, que describe como su "apoyo psicosocial emocional" en medio del caos.

En su visita a España, el mensaje de Silva es una llamada directa a la empatía. Le preocupa que el mundo vea a la población a través de estereotipos de "buenos o malos", olvidando la humanidad compartida. "Escuchar que esos niños 'serán los futuros terroristas' es algo muy dañino e injusto; la infancia nunca debe ponerse en el centro de la polarización porque ellos son víctimas", afirma.

La trabajadora de UNICEF cita el papel de España como un ejemplo de solidaridad internacional, destacando que es el país que más evacuaciones médicas ha realizado y uno de los que más alto ha alzado la voz en la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, la realidad de los palestinos se enfrenta hoy a un panorama geopolítico cada vez más hostil.

La atención sobre ellos no sólo compite con el paso del tiempo; también con la expansión de las tensiones en Oriente Medio. Silva reconoce que conflictos como el de Irán están desplazando esta crisis del foco, con consecuencias inmediatas: el ingreso de ayuda humanitaria ha disminuido al 30% en los últimos meses debido a trámites burocráticos y a la inestabilidad de la región.

Sonia Silva, jefa de la oficina de UNICEF en Gaza, sobre el terreno.

Sonia Silva, jefa de la oficina de UNICEF en Gaza, sobre el terreno. Cedida UNICEF

Los suministros esenciales que llegan desde Asia deben cruzar el estrecho de Ormuz, una zona de alta tensión que podría estrangular definitivamente las cadenas de suministro. "Prevemos retrasos, por lo que tenemos que planear ya el siguiente invierno; las consecuencias se verán en poco tiempo", señala.

Además, existe el temor fundado de que la inestabilidad regional retraiga el apoyo financiero de los países del Golfo, como Arabia Saudí o Emiratos Árabes, actores clave para una futura reconstrucción que parece alejarse con cada nueva escalada.

Para la población gazatí, este aislamiento se traduce en un incremento del estrés y la incertidumbre. Silva subraya que es imperativo "que todas las acciones se mantengan dentro del marco de las convenciones internacionales", evitando que se repitan los ataques a infraestructuras críticas.

"Me marca cuando nos dicen: 'No nos olviden, no se vayan'", cuenta sobre los niños de la zona, para quienes ver un coche de Naciones Unidas es un símbolo de que el mundo aún sabe que existen. Historias como la de una adolescente que soñaba con ser karateca o la sonrisa de un bebé en una unidad neonatal que tiene una oportunidad de vivir son el motor que mantiene a Silva y su equipo en pie.