Cruz Sánchez de Lara acaba de publicar 'Las gobernadoras' (Espasa, 2026).

Cruz Sánchez de Lara acaba de publicar 'Las gobernadoras' (Espasa, 2026). Cristina Villarino

LasTop100

Cruz Sánchez de Lara busca sus raíces en su nueva novela: "No vengo de una familia ideal. Tenía que contar la verdad"

En Las gobernadoras, la vicepresidenta ejecutiva de EL ESPAÑOL y editora de Magas y Lifestyle investiga su pasado familiar y se encuentra a sí misma.

Más información: Amy Wallace, coautora de las memorias de Virginia Roberts Giuffre: "Gracias a ella hoy se habla del expríncipe Andrés"

Publicada
Actualizada

Cruz Sánchez de Lara lleva años reflexionando sobre el liderazgo, la igualdad y el papel de las mujeres desde la abogacía, la literatura y el periodismo. Escritora, vicepresidenta ejecutiva de EL ESPAÑOL y editora de Magas y Lifestyle, en Las gobernadoras (Espasa, 2026) convierte esa mirada en algo profundamente personal.

A partir de la historia de varias mujeres de su propia familia, reconstruye una parte poco conocida de la presencia española en la independencia de Estados Unidos y explora cuestiones como la memoria, el poder, la herencia y los silencios familiares.

Hablamos con ella sobre pasado, identidad y acerca del viaje personal que hay detrás de una novela que la obliga a mirarse a sí misma.

Hay un momento en el que descubres que la historia no resulta lejana, sino que es algo que te atraviesa. ¿Recuerdas exactamente cuándo te das cuenta de que también es tuya?

Hubo dos momentos. El primero fue cuando mi tía, que además es mi madrina, me habló de una antepasada: la esposa de Bernardo de Gálvez, la virreina. Mi reacción fue "¿cómo que es de la familia?". Yo era una autora en busca de personaje, así que me venía fenomenal.

Pero hubo un segundo momento que fue mucho más emotivo. Empiezas estudiando algo como si fuera ajeno y, de repente, te das cuenta de que ya no son ellas: son las mujeres de tu familia.

Y entonces descubres que hay cosas que no haces porque forman parte de tu personalidad, sino porque las has heredado.

Si tuviera que decir qué me gustaría que provocara esta novela, sería curiosidad por conocer de dónde venimos. Porque cuando descubres que estas mujeres compartían algunas de las virtudes que creías exclusivamente tuyas, y también las mismas heridas, algo se rompe dentro de ti.

Esta novela es ya la cuarta de la vicepresidenta ejecutiva de EL ESPAÑOL y editora de Magas y Lifestyle.

Esta novela es ya la cuarta de la vicepresidenta ejecutiva de EL ESPAÑOL y editora de Magas y Lifestyle. Cristina Villarino

¿Qué heridas descubriste?

Me encontré conmigo misma. Creo que es mi novela más personal y aquella en la que las reflexiones son más profundas. El día que empecé a escribir, coloqué sobre mi mesa una fotografía de mi abuela, descendiente de aquellas gobernadoras, y no he sido capaz de retirarla.

Durante el proceso me reconocí en muchas cosas: la necesidad de agradar, la hiperresponsabilidad, el sentido del deber, la protección de los tuyos o la empatía. Y la empatía es maravillosa para los demás, pero a veces puede ser dura para uno mismo.

También entendí hasta qué punto existe una cultura familiar que pasa de madres a hijas, de abuelas a nietas, generación tras generación. Ha sido una novela que me ha hecho sufrir, pero es ese sufrimiento que convive con una sonrisa.

Ahora que hablas de herencia y memoria, ¿encontraste alguna verdad que no encajara con el relato que te hubiera gustado descubrir?

No. De hecho, una de las cosas más importantes que aprendí fue aceptar la complejidad. Cuando Luz Gabás leyó la novela me hizo una pregunta muy importante: si realmente quería que determinadas cosas se conocieran. Y mi respuesta fue que sí.

Quiero que se sepa lo que hicieron bien y también lo que hicieron mal. Si criticamos los relatos edulcorados de la historia, no tendría sentido construir uno para mi propia familia. Estoy orgullosa de los orígenes que he descubierto, pero también sé que aquellas personas tenían luces y sombras. No vengo de una familia perfecta; vengo de mi familia. Mi obligación era contar la verdad de lo que averigüé. No quería mentir. Habría sido una hipócrita.

Y también me di cuenta de lo poco que sabía sobre la participación española en la independencia de Estados Unidos. Mi generación apenas estudió estos hechos. Lo que espero es que los lectores aprendan lo mismo que yo durante la investigación y que, al cerrar el libro, sientan que saben más que al abrirlo.

¿Por qué crees que España mantiene una relación incómoda con su propia historia? ¿Eso explica que haya ciertos episodios que apenas aparecen en el relato colectivo?

España fue un país muy poderoso en el pasado. Ahora creo que se tambalea, aunque también pienso que volveremos a salir fuertes. Aquellas eran épocas de muchísimo poder, pero también de conflictos y cambios constantes. Y en ese contexto había que tener miedo. Miedo por ti y por tus hijos.

Ahora la historia se escribe de otra manera, pero entonces determinadas decisiones podían pagarse con el destierro, con penas muy duras o incluso con la muerte. Por eso creo que el miedo siempre condiciona qué parte del relato se cuenta. Y creo que esa es una de las grandes reflexiones de la novela.

¿Pero has salido mejor de ahí?

Sí, porque creo que cuando uno se enfrenta a ese espejo se da cuenta de que, como decía no recuerdo quién, sólo hay que tener miedo al miedo en sí mismo.

Y también te das cuenta de que es muy fácil valorar el temor ajeno y preguntarte: "¿Pero por qué lo tienes?". Yo, que soy de naturaleza prudente, a veces osada y a veces temerosa, he comprendido que hay que vivirlo en la propia carne y meterse en las circunstancias de cada uno. Y yo me he metido en la piel de ellas.

La última publicación de Cruz Sánchez de Lara es un vistazo a la historia de España, pero también a la suya propia.

La última publicación de Cruz Sánchez de Lara es un vistazo a la historia de España, pero también a la suya propia. Cristina Villarino

De todas las cosas que descubriste sobre Luis de Unzaga, ¿qué fue lo que más te sorprendió?

Muchas cosas. El amor de ellos dos me llegó al corazón. Pero luego averigüé algo de lo que no tenía ni idea: fue el fundador del primer colegio bilingüe del mundo. Y eso no suele contarse.

También me pareció tremendo que el sentido del deber pudiera llevarte a crear una red de espías al servicio de la Corona, hasta el punto de que algunos lo consideran precursor de la CIA. Y, no lo voy a negar, me encanta pensar que una historia así pudiera tener origen en mi familia.

¿Reconociste algo de ti en su forma de entender el poder, el liderazgo o la influencia?

Que hay algo mío en la novela, seguro. Y creo que también hay algo de la forma en que ellas entendían el poder. Eso me ha sorprendido muchísimo porque creo que eran cero mitómanas, y a mí me pasa lo mismo. Yo todavía no sé muy bien qué es el poder. Cuando alguien habla de poder siempre pienso "¿cómo lo estará entendiendo?", porque cada persona lo percibe de una manera distinta.

Y creo que esa forma de relativizar las cosas no es sólo carácter. Ahora pienso que también hay algo heredado. Por lo que he leído de ellas, afrontaban las situaciones con naturalidad. Había que recibir al heredero de la Corona británica, se le recibía. Había que reconocer errores, llorar o reír cuando tocaba, se hacía.

Y eso me parece muy mío. Yo creía que no estaba contenta de haber escrito Las gobernadoras porque la he sufrido muchísimo. Pero durante este proceso me he dado cuenta de que he pensado más sobre mí misma de lo que creía. Al final, de todas las novelas he sacado algo. Y de esta, más.

¿Crees que este libro te ha cambiado?

Me ha obligado a hacerme preguntas y a mirarme mucho al espejo. Y a mi edad, que tengo 53 años, se agradece mucho todo lo que te permite profundizar un poco más en ti misma. Porque llega un momento en el que la persona que más te sorprende cuando descubres algo eres tú misma. También me encanta ese 'sólo sé que no sé nada'. Me gusta sentirme ignorante porque el día que creamos que lo sabemos todo seremos unos necios.

Las mujeres apenas aparecen en los documentos, pero sostienen las decisiones. ¿Te interesaba hacerlas visibles o demostrar que nunca fueron invisibles?

Está claro que nunca fueron invisibles, aunque no aparecieran en el relato oficial. Eran mujeres muy protagonistas. No tenían el poder oficialmente, pero sí un poder real. Eran las líderes de sus casas y de sus haciendas porque los hombres viajaban durante largos periodos y ellas tenían que hacerse cargo de todo.

Aparentemente eran la parte débil, pero siempre han estado ahí. Piensa en nuestras abuelas. Muchas no trabajaban fuera de casa y, sin embargo, eran guías de sus familias y hogares.

En realidad, ejercían el poder sin ocuparlo. ¿Era una forma de resistencia o el resultado de esa exclusión?

Yo creo que entonces estaba mucho más clara la distribución de los roles. Pero también creo que ellas tenían un papel mucho más relevante del que se les reconocía. Los hombres necesitaban apoyo no sólo en la parte logística, sino también en la emocional.

El machismo ha sido cruel con las mujeres, pero también con los hombres. Les negó la posibilidad de mostrar debilidad, de llorar o de expresar determinadas emociones. Ahora solemos hablar de todo lo que el machismo les quitó a las mujeres, pero también imponía unas exigencias muy duras a ellos. Por eso creo que es algo que no deja a nadie ileso. A ellos tampoco.

¿Crees que hoy seguimos llamando influencia a lo que en realidad es poder?

Yo creo que el poder es la capacidad de influir. Me interesa más el poder entendido como liderazgo. Me gustaría que fuera así, aunque cada vez estamos volviendo más a las autocracias y, en algunos casos, a las teocracias. Y yo creo que el poder real se ejerce precisamente en el ejercicio real de la democracia.

La novela convierte casas, salones y relaciones familiares en espacios políticos. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que el poder también pone en práctica ahí?

Lo doméstico y lo público: el eterno debate. Cuando entras en la casa de alguien, entras en su corazón. Una casa dice mucho de quien la habita. Y cuando recibes a alguien en ella, el lenguaje se relaja, el tiempo se relaja y los egos se relajan. En las casas se pueden conseguir muchas cosas que no se logran allí donde nos sentimos observados.

La presentación de 'Las gobernadoras' (Espasa, 2026) se celebró en Málaga a finales del mes de mayo de la mano de Luz Gabás.

La presentación de 'Las gobernadoras' (Espasa, 2026) se celebró en Málaga a finales del mes de mayo de la mano de Luz Gabás. Rodrigo Mínguez

¿Qué decisiones políticas crees que se han tomado a lo largo de la historia lejos de los lugares donde luego se han escenificado?

Casi todas. Porque, por mucho que se escenifique el consenso, siempre hay alguien que firma las decisiones y que tiene un círculo cercano. El otro día escuché un refrán árabe que me gustó mucho: 'Las personas se parecen más a su tiempo que a sus padres'. Y es verdad. El contexto importa mucho.

Estas gobernadoras podían ser mujeres más inteligentes que yo y con más recursos personales. Lo que pasa es que vivieron en otro tiempo. Y no hay que pensar que las primeras que hemos ejercido liderazgo somos nosotras.

Cuando veo algunas de estas que se llaman feministas a sí mismas y que hacen que las demás no lo parezcamos, que llegan como si hubieran inventado el curso de la humanidad y no reconocen nada a las que lo han hecho antes, me produce un rechazo muy grande.

Si no agradeces a tu madre, a tu abuela, a las mujeres de la Transición, a las primeras juezas o a las pioneras que fueron a la universidad, ¿qué estamos haciendo? No se puede entender la vida sin comprender de dónde venimos.

¿Qué ha cambiado realmente en la forma en la que las mujeres participan? Ahora lo hacen en su propio nombre y no tienen que buscar estrategias indirectas para ello.

Lo hacemos por una vía más directa, aunque no debemos dar nada por conquistado. Durante años repetí una cita de Simone de Beauvoir: 'Bastará una crisis económica, política o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados'. Y lo estamos viendo. No debemos bajar la guardia. Lo que ha cambiado es que hoy hablamos en nuestro nombre y no necesitamos que otros lo hagan por nosotras.

¿Crees que el poder sigue teniendo género?

Creo que el cuestionamiento del poder sigue teniendo género. A las mujeres se nos cuestiona de otra manera. Todavía arrastramos inercias: que nos interrumpan, que no nos escuchen o que una idea nuestra reaparezca después en boca de otra persona. Aquí podemos contarlo como una anécdota, pero en lugares como Irán o Afganistán siguen robándoles la voz. Por eso no podemos dar nada por conquistado.

Isabel ejerce un poder que no necesita proclamarse. ¿Fue el personaje que terminó sosteniendo la historia?

Me costó mucho encontrar la voz de la novela. Aunque Guadalupe marca el ritmo del relato, Isabel terminó convirtiéndose en un anclaje fundamental. Era de quien menos se sabía y, sin embargo, representaba algo esencial: la mujer que sostiene la familia, conserva la estabilidad y asume el deber cuando todo lo demás cambia.

Felicitas sufre una caída. ¿Te interesaba explorar también ese castigo que históricamente han sufrido las mujeres cuando pierden el poder?

Fue una de las partes que más me costó escribir. No entendí realmente qué significaba 'caer en desgracia' hasta que estudié su historia. Los Gálvez pasaron de ocupar las posiciones más altas de poder a perderlo todo. Y ella, que había sido virreina, desaparece también de los archivos. Llegó un momento en que dejé de encontrar sus rastros. En cierto modo, me recordó a lo que hoy llamamos cancelación.

Después de todo lo que has averiguado, si nos referimos a la herencia ¿de qué estamos hablando exactamente: de sangre, de relato o de decisiones que se repiten?

De todo un poco. El relato, en mi caso, prácticamente no existía porque yo desconocía esta parte de mi historia familiar. Pero sí hay algo que permanece.

Me impresionó descubrir que una de ellas había participado en la fundación de una de las primeras asociaciones de mujeres de España. Y me hizo preguntarme cuántas cosas creemos que son únicamente nuestras cuando, en realidad, vienen de mucho más atrás.

Al final te das cuenta de que eres una pieza más dentro de una narración más larga. Y eso ayuda a poner los egos en perspectiva. Por eso le deseo a todo el mundo que se pregunte de dónde viene.

¿Los silencios familiares protegen o distorsionan la realidad?

Creo que hacen las dos cosas. Protegen a la generación que calla y, al mismo tiempo, distorsionan la historia para las que vienen después.

Pero también hay que entender el contexto en el que se produjeron. Mis abuelos vivieron una guerra civil y una época en la que muchas cosas se callaban por miedo, por necesidad o por supervivencia. Lo que sí creo es que nosotros tenemos la obligación de contarlas.

Pero volvemos al inicio de la conversación. ¿A quién se puede culpar por tenerlo? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar lo que hicieron nuestros antepasados?

Creo que el libro es, en el fondo, una reflexión sobre el miedo. Todos lo tenemos, los que lo reconocemos y los que no. Y no sé hasta qué punto podemos juzgar a nuestros antepasados por haber sido prudentes y haber tomado decisiones condicionados por eso.

¿Ha entrado una persona y ha salido otra?

Estoy convencida. Totalmente.

¿Y pretendes que quien lea este libro también cambie? ¿De qué forma?

Lo primero, que sepa algo más de lo que sabía antes de abrirlo. Estoy muy enfadada con quienes no nos han enseñado esta parte de la historia porque, quitando a los frikis del tema, somos bastante desconocedores de todo esto.

Y también me gustaría que terminara la novela haciéndose preguntas: de dónde viene, qué ha heredado y cuánto de lo que cree propio pertenece también a quienes estuvieron antes. Yo creo que este es el libro, y es la primera vez, que me hace decir que estoy orgullosa de mí.

Escucha Autoras de palabra con Rosa en tu plataforma favorita:

Spotify | Ivoox | Apple | Google | Spreaker |