Ainoa Doñas en una fotografía de sus redes sociales.
Ainoa Doñas, agricultora española: "Para vender los pepinos a 10 céntimos, que se los coman mis cabras"
Según el Censo Agrario de 2020, España pierde cada año más de 7.000 agricultores, un dato que evidencia la profunda crisis que atraviesa el sector.
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Durante décadas, trabajar la tierra fue sinónimo de estabilidad para miles de familias españolas. La agricultura permitía salir adelante con el esfuerzo diario y, aunque nunca fue una profesión sencilla, ofrecía una forma de vida relativamente previsible basada en las cosechas y en la continuidad de las explotaciones familiares.
Sin embargo, esa realidad ha cambiado de forma radical en los últimos años. La volatilidad de los precios, el encarecimiento de la energía, los fertilizantes y el agua, las consecuencias del cambio climático y la incertidumbre de los mercados han convertido la rentabilidad en un desafío constante para quienes viven del campo.
Quienes continúan al frente de sus explotaciones deben enfrentarse a campañas marcadas por sequías, plagas y unos precios de compra que, en muchos casos, ni siquiera cubren los costes de producción. Precisamente esa situación es la que ha querido denunciar Ainoa Doñas, una agricultora almeriense de 29 años que ha decidido decir "no".
Cuando producir cuesta más de lo que pagan por la cosecha
La protesta de Ainoa Doñas ha puesto rostro a una realidad que miles de agricultores españoles denuncian desde hace años. La joven, agricultora de 29 años de El Ejido (Almería), decidió hacer pública su negativa a vender sus pepinos por diez céntimos el kilo, una cantidad que considera incompatible con el coste real de producirlos.
En lugar de aceptar esa oferta, optó por destinar la cosecha a alimentar a sus cabras, un gesto con el que quiso denunciar la falta de rentabilidad que, según explica, sufren muchos profesionales del campo.
"¿10 céntimos por mis pepinos? No", escribió junto a un vídeo difundido en sus redes sociales. "Prefiero que alimenten a mis cabras antes que regalar el esfuerzo de toda una campaña a los almacenes".
Con ese mensaje, que ha acumulado miles de visualizaciones e interacciones, la agricultora lanza además una reivindicación compartida por buena parte del sector: "La rentabilidad del agricultor no es un juego. Respeto por nuestro trabajo".
Su publicación llega en un momento de especial malestar entre los productores almerienses, que denuncian los bajos precios que está alcanzando el pepino en origen.
La sensación, según trasladan numerosos agricultores, es que el valor de su trabajo queda completamente desdibujado en la cadena alimentaria, donde el precio que reciben apenas guarda relación con la inversión necesaria para sacar adelante una campaña.
Cultivar un invernadero implica afrontar durante meses gastos continuos en plantas, agua, fertilizantes, fitosanitarios, energía, mano de obra, mantenimiento de las instalaciones y transporte.
A ello se suman factores imprevisibles como las altas temperaturas, las plagas o las oscilaciones del mercado. Cuando el producto llega al momento de la venta, muchos agricultores se encuentran con ofertas que, según denuncian, ni siquiera permiten recuperar lo invertido.
@ainoadonas ¿10 céntimos por mis pepinos? No. 🚫🥒 Prefiero que alimenten a mis cabras antes que regalar el esfuerzo de toda una campaña a los almacenes. La rentabilidad del agricultor no es un juego. Respeto por nuestro trabajo. 🚜💨 #Agromarketing #CampoReal #Agricultura #PreciosJustos #SectorPrimario ♬ sonido original - Ainoa Doñas
Precisamente por eso, cada vez son más quienes aseguran que vender a determinados precios supone perder dinero. En esas circunstancias, algunos optan por no comercializar parte de la producción o buscar usos alternativos para ella antes que aceptar una operación que consideran ruinosa.
No se trata únicamente de una decisión económica, sino también de una forma de reivindicar que el trabajo desarrollado durante toda una campaña merece una remuneración acorde al esfuerzo realizado.
Las palabras de Ainoa han encontrado un amplio respaldo entre otros agricultores, que no tardaron en compartir mensajes de apoyo en sus redes sociales. "Di que sí, si todos pensásemos igual otro gallo cantaría", escribía uno de ellos.
"0,10 €/kg no cubre ni la planta", añadía otro usuario, mientras muchos coincidían en denunciar que el campo atraviesa una situación cada vez más difícil.
Más allá del impacto del vídeo, la historia de la joven almeriense vuelve a poner sobre la mesa uno de los grandes desafíos del sector agrario español: garantizar que quienes producen los alimentos puedan vivir de su trabajo.
Porque, mientras los costes continúan aumentando y la rentabilidad sigue reduciéndose, cada vez son más los profesionales que se preguntan cuánto tiempo podrán seguir manteniendo unas explotaciones que, en demasiadas ocasiones, generan más incertidumbre que beneficios.