Cocinando pasta.

Cocinando pasta.

Estilo de vida

Los chefs italianos coinciden: el error que arruina una pasta perfecta es añadir aceite en el agua hirviendo

La fina línea entre un plato delicioso y uno sin más, se encuentra en pequeños detalles que los expertos desaconsejan. 

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La pasta es uno de esos platos recurrentes y más ricos para prepararse en cualquier momento. Y es que, cocer pasta, parece una de las tareas más sencillas en la cocina. Agua, sal y unos minutos al fuego.

Sin embargo, basta un pequeño error para arruinar el resultado y convertir un plato prometedor en una pasta blanda y sin gracia.

En Italia, cuna de este alimento, la preparación de la pasta es casi un ritual. Generación tras generación, los cocineros han perfeccionado una técnica para lograr el punto exacto, el famoso "al dente".

Lejos de ser cuestión de suerte, los chefs coinciden en que todo depende de respetar una serie de pasos muy concretos y evitar errores que, aunque comunes, marcan la diferencia.

El punto clave

El primer fallo suele producirse incluso antes de echar la pasta a la olla. Para conseguir un buen resultado, es imprescindible utilizar abundante agua y una cazuela lo suficientemente grande.

El motivo es que si hay poco líquido, la temperatura baja al añadir la pasta y la cocción se vuelve irregular. Esto hace que algunas piezas queden demasiado blandas mientras otras aún están duras.

También es importante esperar a que el agua hierva con fuerza antes de introducir la pasta. Ese hervor constante garantiza una cocción uniforme desde el primer momento.

La sal, otro elemento clave, debe añadirse justo antes de echar la pasta. Los italianos suelen decir que el agua debe saber "como el mar". No solo aporta sabor, sino que mejora la textura final.

El error más frecuente

Si hay un momento decisivo, es el de retirar la pasta del agua. Aquí es donde muchos fallan.

El punto perfecto es el conocido como al dente: la pasta debe ofrecer una ligera resistencia al morder, sin estar cruda ni excesivamente blanda. Ese equilibrio es el que mantiene su estructura y evita que se vuelva pastosa.

Uno de los errores más habituales es confiar únicamente en el tiempo indicado en el paquete. Aunque sirve de guía, lo más recomendable es probar la pasta un minuto antes para comprobar su textura.

Otro fallo frecuente es dejarla reposar en el escurridor mientras se termina la salsa. Este gesto puede arruinar el plato. El calor residual sigue cocinando la pasta incluso fuera del agua. En pocos minutos, puede perder ese punto perfecto y quedar demasiado blanda.

El truco italiano

Los chefs italianos coinciden en un gesto que cambia por completo el resultado: terminar la pasta junto con la salsa.

En lugar de escurrirla completamente y servirla aparte, lo ideal es trasladarla directamente a la sartén donde está la salsa y cocinarla uno o dos minutos más.

Este paso permite que la pasta absorba mejor los sabores y alcance una textura mucho más equilibrada. Además, evita que se reseque.

Escurriendo la pasta.

Escurriendo la pasta. iStock

Otro truco muy valorado es reservar una pequeña cantidad del agua de cocción. Este líquido, rico en almidón, ayuda a emulsionar la salsa y a que se adhiera mejor a la pasta.

En cambio, hay prácticas muy extendidas que los italianos desaconsejan por completo. Una de ellas es añadir aceite al agua para que la pasta no se pegue. Aunque pueda parecer útil, el aceite crea una película que dificulta que la salsa se adhiera después, perjudicando el resultado final.

Tampoco recomiendan enfriar la pasta bajo el grifo, salvo en recetas específicas como ensaladas. El agua elimina el almidón superficial que ayuda a integrar la salsa.

Como podemos leer, conseguir una pasta perfecta no requiere técnicas complicadas, sino atención a los detalles. Desde la cantidad de agua hasta el momento exacto de retirarla del fuego, cada paso cuenta.