Cadaqués, pueblo en la Costa Brava.

Cadaqués, pueblo en la Costa Brava.

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Parece Mykonos, pero es España: la villa marinera del siglo IX, declarada Conjunto Histórico que enamoró a Dalí

Casas blancas junto al Mediterráneo, calles empedradas y pequeñas calas de agua turquesa convierten este pueblo en uno de los rincones más especiales.

Más información: El pueblo para comer el mejor pescado frito y recorrer a pie un laberinto de calles blancas: Conjunto Histórico junto al mar

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Hay lugares en España que consiguen transportarte a otros rincones del Mediterráneo sin necesidad de coger un avión. Calles blancas frente al mar, pequeñas calas de agua turquesa y un ambiente tranquilo que recuerda inevitablemente a las islas griegas.

Ese efecto es el que aparece nada más llegar a Cadaqués, uno de los pueblos más bonitos de la Costa Brava y un destino que muchos comparan con Mykonos o Santorini por sus casas blancas y encaladas, sus calles empedradas y su espectacular entorno junto al mar.

Parte del encanto de Cadaqués está precisamente en su ubicación. Situado dentro del entorno del Parque Natural del Cap de Creus, llegar hasta aquí no es tan sencillo como en otros puntos de la Costa Brava.

Bahía de Cadaqués.

Bahía de Cadaqués.

La carretera desde Roses está llena de curvas y atraviesa un paisaje abrupto que aumenta todavía más la sensación de estar entrando en un lugar especial y aislado del resto del mundo.

Ese aislamiento histórico ayudó a que Cadaqués conservara gran parte de su esencia marinera y su arquitectura tradicional, convirtiéndose hoy en uno de los pueblos con más personalidad de Cataluña.

Vista de Cadaqués.

Vista de Cadaqués.

Pasear por el casco antiguo de Cadaqués es perderse entre callejuelas estrechas, adoquinadas y llenas de flores. Las fachadas blancas, las puertas de colores y las buganvillas crean una imagen que recuerda constantemente a algunas islas del Mediterráneo oriental.

El pueblo mantiene además una fuerte identidad artística. Durante décadas fue refugio de pintores, escritores y artistas atraídos por la luz y el paisaje de esta parte de la Costa Brava.

El más famoso de todos fue Salvador Dalí, que convirtió Cadaqués y Portlligat en uno de sus lugares más importantes. Su presencia todavía se nota en galerías, tiendas y numerosos rincones ligados a su figura.

La iglesia con las mejores vistas

Uno de los puntos imprescindibles es la iglesia de Santa María, situada en la parte más alta del casco antiguo.

Desde aquí se obtienen algunas de las mejores vistas del pueblo, con los tejados rojizos, las casas blancas y el Mediterráneo lleno de pequeñas embarcaciones al fondo.

El templo, construido en el siglo XVI, destaca por su aspecto sobrio en el exterior y por conservar en su interior un importante retablo barroco.

Uno de los mejores atardeceres

Después de recorrer el casco antiguo, uno de los mejores planes es caminar por el paseo marítimo que bordea pequeñas calas y zonas de roca junto al pueblo.

La zona de la Riba des Poal es una de las más bonitas, especialmente al atardecer, cuando la luz cálida transforma completamente las fachadas blancas y el ambiente se vuelve mucho más tranquilo.

Muy cerca aparece también la famosa Casa Blaua, una elegante vivienda modernista construida por antiguos indianos que regresaron a Cadaqués tras hacer fortuna en América.

Playas y calas de agua cristalina

Aunque el gran atractivo de Cadaqués es su ambiente, el entorno natural también sorprende. En los alrededores aparecen pequeñas playas y calas de agua transparente perfectas para bañarse o simplemente disfrutar del paisaje.

Muchas de ellas están rodeadas de roca y vegetación mediterránea, manteniendo todavía una imagen bastante salvaje y diferente a otras zonas más urbanizadas de la Costa Brava.

Gastronomía con sabor a mar

Cadaqués también destaca por su gastronomía, profundamente ligada al mar y a la tradición pesquera.

Entre los productos más apreciados están los erizos de mar, conocidos como “grotes”, además de mejillones de roca, bogavantes y diferentes recetas de pescado fresco.

Los arroces tienen también un papel protagonista, con variedades muy típicas de la zona como el arroz negro o recetas elaboradas con anchoa y otros productos locales.

Todo ello acompañado de vinos y de una cocina que apuesta por recetas sencillas pero llenas de sabor mediterráneo.