Mushu y Mate, dos gatos durmiendo juntos.

Mushu y Mate, dos gatos durmiendo juntos. Archivo redacción

Mascotario

Elisenda Saperas, veterinaria: "Si tu perro o gato está sufriendo un golpe de calor, hay que enfriarlo con agua fresca, no helada"

Angelica Rimini
Publicada

"Un golpe de calor es una urgencia veterinaria que se produce cuando el organismo de la mascota es incapaz de disipar el exceso de calor y su temperatura corporal aumenta de forma peligrosa, generalmente por encima de los 40 °C", afirma Elisenda Saperas, veterinaria y responsable de Comunicación en Purina España.

"Este aumento puede provocar daños en órganos vitales como el cerebro, el corazón, los riñones o el hígado y, si no se actúa con rapidez, puede llegar a ser mortal".

El verano es uno de los periodos más delicados para que los animales sufran golpes de calor. La exposición a altas temperaturas, el ejercicio intenso, los espacios mal ventilados y los vehículos cerrados, son las causas más frecuentes.

Un riesgo mayor

Como indica la experta, aunque cualquier mascota puede sufrir un golpe de calor, algunas tienen un mayor riesgo. Entre ellas se encuentran los cachorros, gatitos y los animales de edad avanzada. También son especialmente vulnerables las mascotas con obesidad, enfermedades cardíacas o respiratorias, así como aquellas con un pelaje muy denso.

"Los gatos suelen adaptarse mejor porque modifican su comportamiento: descansan durante las horas de más calor, buscan lugares frescos y reducen su actividad física. Sin embargo, eso no significa que sean inmunes".

De hecho, pueden sufrir golpes de calor, especialmente en viviendas muy calurosas, terrazas cerradas o espacios con poca ventilación. Por eso, es importante procurarles acceso constante a agua, zonas frescas y un ambiente confortable durante los meses de verano.

"En cuanto a las razas, deberemos prestar atención sobre todo a los animales braquicéfalos, ya que su anatomía dificulta la respiración y la eliminación del calor, haciéndolos particularmente susceptibles a sufrir un golpe de calor", advierte la veterinaria.

El bulldog francés, el bulldog inglés, el carlino o el bóxer, o en el caso de los gatos los persas y exóticos, son las razas más a riesgo. Pero no solo debemos proteger a perros y gatos, hay muchos hogares donde se convive con aves o pequeños mamíferos.

"El riesgo para ellos también es elevado, ya que son especialmente sensibles al calor y tienen una capacidad limitada para regular su temperatura corporal". Una de las principales diferencias respecto a las personas es que los perros y gatos no sudan de forma eficaz a través de toda la piel.

La veterinaria explica que los perros eliminan el calor principalmente mediante el jadeo, que favorece la evaporación de agua de las vías respiratorias, y, en menor medida, a través de las almohadillas plantares.

Los gatos también pueden jadear cuando el calor es extremo, aunque normalmente prefieren reducir su actividad, buscar lugares frescos y acicalarse, ya que la evaporación de la saliva sobre el pelo contribuye ligeramente a refrescarlos.

"Precisamente porque dependen de estos mecanismos, cuando la temperatura ambiental es muy elevada o la humedad es alta, su capacidad para enfriarse disminuye considerablemente".

Las alarmas

"Los primeros signos suelen ser un jadeo muy intenso, respiración acelerada, salivación excesiva, inquietud, debilidad o apatía", explica Saperas, quien explica que aunque estas señales pueden aparecer tras el ejercicio o la exposición al calor, deberían mejorar cuando el animal cesa la actividad física o descansa en un lugar fresco.

De hecho, es normal que una mascota jadee un poco más después de un paseo o de jugar en verano, pero ese jadeo debería disminuir tras unos minutos de descanso en un lugar fresco y con acceso a agua.

"Si no ocurre así y el animal parece desorientado, no responde con normalidad, tiene dificultad para caminar, presenta vómitos o diarrea, o no mejora rápidamente al descansar, debemos considerarlo una emergencia veterinaria".

Cuando los síntomas persisten o empeoran, es una señal de alarma y podría indicar que la mascota está sufriendo un golpe de calor. Ante cualquiera de estos casos es importante actuar con rapidez y acudir inmediatamente al veterinario.

Una actuación de emergencia

Si sospechamos que nuestra mascota está sufriendo un golpe de calor, lo primero que debemos hacer es trasladar al animal a un lugar fresco, ventilado y alejado del sol.

"Podemos comenzar a enfriarlo de forma progresiva utilizando agua fresca (no helada) sobre el cuerpo, especialmente en el abdomen, las ingles, las axilas y las almohadillas, o aplicar toallas húmedas que iremos renovando conforme se calienten".

Si disponemos de ventilador, podemos utilizarlo para favorecer la evaporación. También es recomendable ofrecer agua fresca en pequeñas cantidades, siempre que el animal esté consciente y pueda beber por sí mismo, sin forzarlo.

Y, sobre todo, debemos dirigirnos al centro veterinario lo antes posible, ya que aunque aparentemente mejore, pueden aparecer complicaciones internas que requieren tratamiento.

"Uno de los errores más frecuentes es utilizar agua helada o introducir al animal en una bañera con hielo". Saperas explica que un enfriamiento demasiado brusco puede provocar una vasoconstricción que dificulte precisamente la pérdida de calor y agrave la situación.

Tampoco debemos cubrir completamente al animal con toallas mojadas sin renovarlas, ya que acaban calentándose y dificultan la disipación del calor. Y nunca debemos retrasar la visita al veterinario porque el animal parece encontrarse mejor tras los primeros auxilios.