Un perro.

Un perro. Istock

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El Gobierno lo confirma: será obligatorio para todos los españoles un curso si quieres ser dueño de un perro

Durante la segunda jornada de Iberpet se creó una mesa redonda centrada en la necesidad de obtener datos científicos y mejorar la gestión de las administraciones públicas.

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El abandono de animales de compañía sigue siendo una de las mayores problemáticas de bienestar animal en España. Para arrojar luz sobre esta situación, un panel de expertas de diversos sectores ha analizado la realidad de los refugios, los motivos detrás de estas cifras y las estrategias necesarias para fomentar una adopción responsable y exitosa, durante la segunda jornada de la feria Iberpet.

Para entender la magnitud del problema, es fundamental mirar los datos. Isabel Buil, presidenta de la Fundación Affinity, señala que "en España estamos hablando anualmente de una estimación de unos 290.000 perros y gatos que llegan cada año a las protectoras".

Entre los principales motivos de este abandono se encuentran las camadas no deseadas, las rupturas familiares, la pérdida de empleo, los problemas económicos y las barreras que existen en los alquileres para las personas que conviven con animales.

A este drama se suma un problema crítico: la falta de identificación con microchip. Ana Catalán, coordinadora de la Dirección General de Derechos de los Animales, y Elena García, veterinaria que trabaja directamente con protectoras, coinciden en que los porcentajes de animales identificados que llegan a los centros son alarmantemente bajos, rondando en muchos casos apenas el 7%.

Como advierte Elena, esta falta de identificación provoca que muchos de los perros que acaban en los refugios sean en realidad animales perdidos que nunca podrán recuperar a sus familias.

La saturación de los centros

El destino de estos perros abandonados se divide principalmente entre entidades locales (perreras municipales) y entidades de protección animal (protectoras privadas). Ana Catalán destaca que a los centros municipales suelen llegar más perros potencialmente peligrosos (PPP) y animales incautados, mientras que las protectoras reciben una mayor cantidad de cachorros y perros de caza.

Belén Muñoz, presidenta de la Asociación Española de Veterinarios Municipales, advierte sobre la enorme presión que sufren los ayuntamientos, que a menudo carecen de presupuesto, espacio y personal veterinario suficiente. Un factor que agrava esta saturación es la lentitud de la justicia con los animales judicializados (perros que vienen del maltrato, abandono o síndromes de Noé, o cuyos dueños están en prisión).

"La justicia es muy lenta y muchas veces los animales se eternizan sin poder darlos en adopción", explica Belén, lo que provoca que estos perros sufran largas estancias en los cheniles, deteriorando su salud mental y desarrollando trastornos de comportamiento que luego dificultan enormemente su adopción.

Ante la entrada en vigor de la ley de sacrificio cero (Ley 7/23), los centros se encuentran más saturados que nunca. Para evitar el colapso y garantizar el bienestar de los animales ya ingresados, muchos municipios se han visto obligados a crear listas de espera para aquellas personas que desean entregar a su perro por motivos que no se consideran de vulnerabilidad extrema.

Por una adopción realista y positiva

Para vaciar los refugios, las expertas coinciden en que hay que transformar la forma en la que se gestionan las adopciones. Isabel recalca que "la experiencia de la adopción tiene que ser positiva" y que debemos conseguir que la gente adopte no solo por lástima o concienciación, sino porque la compañía de un animal realmente mejora la vida.

Sin embargo, esta experiencia positiva pasa obligatoriamente por la transparencia. Hay que huir de la "expectativa Disney", como se menciona en el panel, donde las familias esperan un perro perfecto y, a los pocos meses, terminan devolviéndolo porque el animal muestra problemas de conducta o necesidades que nadie les había explicado.

Para evitar estos retornos, Elena García incide en la necesidad de profesionalizar el sector e invertir en medicina del comportamiento dentro de los propios refugios. En lugar de simplemente clasificar a un adoptante como "apto o no apto", los centros deben acompañar a las familias y trabajar en la socialización de los perros para que salgan adaptados a su nuevo hogar.

La prevención como única salida

Todas las expertas concluyen que construir refugios más grandes no solucionará el problema si no se ataca la raíz. "Tenemos que evitar que lleguen animales a los centros. Vamos a empezar por el principio: la educación, la concienciación, la identificación, la esterilización", sentencia Belén Muñoz.

Como medida de apoyo institucional, Ana Catalán adelanta que el próximo desarrollo normativo incluirá un curso obligatorio para la tenencia de perros. Esta herramienta obligará a los futuros propietarios a ser plenamente conscientes de las necesidades de salud, los costes económicos, los requerimientos de comportamiento y la responsabilidad vecinal que implica convivir con un perro antes de llevarlo a casa.

En definitiva, erradicar el abandono canino exige un esfuerzo conjunto: la colaboración mancomunada entre administraciones públicas, la profesionalización de las protectoras, el fomento de las casas de acogida y, sobre todo, una sociedad educada y responsable que entienda que incorporar un perro a la familia es un compromiso para toda la vida.