Dos niños paseando con un elefante.

Dos niños paseando con un elefante. Istock

Mascotario

Una nueva normativa prohíbe los paseos con elefantes: se denuncia el estrés crónico y las condiciones de vida

Indonesia ha decidido dar un giro decisivo hacia un turismo más ético con elefantes, marcando un punto de inflexión para la industria del país.

Más información: Un circo en Alemania ya sustituye a los animales con hologramas 3D: 11 proyectores láser y elefantes virtuales

Publicada

Por fin, los elefantes han vuelto a ser tratados como animales, y no como una simple atracción turística o un medio de transporte para personas que buscan paseos por destinos populares como Bali.

Una reciente directriz de las autoridades ambientales ordena el fin de los paseos en elefante en parques y centros turísticos, eimpulsa un nuevo modelo de turismo de fauna centrado en la educación, la conservación y el bienestar animal. Indonesia ha decidido dar un giro decisivo hacia un turismo más ético con elefantes, marcando un punto de inflexión para la industria turística del país.

Durante años, organizaciones de protección animal han denunciado las prácticas asociadas a los paseos en elefante. Métodos de adiestramiento traumáticos, largas jornadas de trabajo, estrés crónico y condiciones de vida inadecuadas. La circular indonesia reconoce implícitamente estos problemas y los sitúa en el centro del debate sobre qué significa realmente el turismo responsable.

Para los viajeros, este cambio invita a replantear sus expectativas. La experiencia con fauna salvaje ya no se mide en selfies o en la posibilidad de "montar" un animal, sino en la calidad de la información recibida, el respeto a sus necesidades naturales y la contribución real a su protección.

Una directriz histórica

La medida nace de una circular emitida por la Dirección General de Conservación de Recursos Naturales y Ecosistemas del Ministerio de Medio Ambiente y Bosques de Indonesia.

Aunque no se trata de una ley aprobada por el Parlamento, su alcance es muy real: se aplica a través del sistema de licencias de conservación. Esto significa que los centros que mantengan elefantes en cautividad deben adaptarse o arriesgarse a perder el permiso para operar.

Esta circular prohíbe de forma explícita los paseos en elefante y las exhibiciones que impliquen su explotación para el entretenimiento directo de los turistas. La lógica que la sustenta es clara: actividades como los paseos, los trucos forzados o los espectáculos están en conflicto con los principios de bienestar animal y con el papel que deberían desempeñar las instituciones de conservación en el siglo XXI.

Bali, laboratorio de cambio

En Bali, uno de los epicentros del turismo de naturaleza en Indonesia, la implementación ha sido especialmente visible. La agencia provincial de conservación BKSDA Bali ha asumido un rol protagonista para que la directriz no se quede en el papel.

Ha enviado cartas formales de advertencia, reforzado las inspecciones y recordado a los centros que la continuidad de sus licencias depende de su cumplimiento. Este trabajo de supervisión se ha traducido en cambios concretos sobre el terreno.

Bali, que durante años fue conocida por ofrecer paseos en elefante a miles de turistas, está redefiniendo su imagen. Ahora, la isla empieza a presentarse como un destino que apuesta por experiencias más respetuosas con los animales, en sintonía con las demandas de un viajero cada vez más consciente.

El fin de los paseos: nombres propios

Entre los centros que han reorientado sus actividades destaca Bali Zoo, que dejó de ofrecer paseos en elefante el pasado 1 de enero. La decisión marca un antes y un después: se trata de uno de los zoológicos más conocidos de la isla, y su cambio de modelo envía un mensaje claro al resto del sector.

Más simbólico aún ha sido el caso del Mason Elephant Park, durante años asociado directamente con los paseos en elefante. A pesar de la resistencia inicial, el parque acabó cediendo tras recibir dos advertencias formales por parte de las autoridades forestales de Bali.

En esas comunicaciones se incluía la posibilidad real de revocar su permiso si continuaba ofreciendo paseos. Finalmente, el centro anunció el cese de esta actividad, alineándose con la nueva política nacional. Estos ejemplos ilustran que la directriz no es un mero gesto: tiene mecanismos de presión efectivos, y los operadores que no se adapten se enfrentan a consecuencias importantes.

Del entretenimiento a la educación

El objetivo de Indonesia no es eliminar la presencia de elefantes en los centros de conservación de un día para otro, sino transformar la forma en que las personas interactúan con ellos.

El modelo que se impulsa apuesta por experiencias educativas y de observación, en lugar de actividades basadas en el uso físico del animal. En la práctica, esto significa sustituir los paseos y los espectáculos por otras propuestas.

Visitas guiadas donde se explica la biología, el comportamiento y el estado de conservación de los elefantes. Observación desde miradores o recintos amplios, sin necesidad de montar sobre el animal.

Actividades de alimentación y baño cuidadosamente reguladas, cuando se consideren compatibles con el bienestar. Programas de sensibilización sobre las amenazas que enfrentan los elefantes asiáticos y el papel de la conservación.

El foco se desplaza así del "entretenimiento" al "conocimiento": los elefantes dejan de ser un recurso turístico explotable y pasan a ser embajadores de su especie y de los ecosistemas donde viven.