Elena antes del accidente de moto.

Elena antes del accidente de moto.

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De un coma a la libertad, la historia de Elena y su lucha por aprender a vivir de cero: "Yo era un bebé"

Un accidente de moto cambió para siempre su destino: perdió a su pareja, pasó 18 meses hospitalizada y tuvo que reaprender a hablar, caminar y recordar.

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Carla Alcalde
Publicada
Las claves

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Elena sufrió un grave accidente de moto en abril de 2022, donde perdió a su pareja y estuvo al borde de la muerte.

Permaneció 18 meses en hospitales, pasando por coma inducido y teniendo que reaprender funciones básicas como hablar, caminar y comer tras las secuelas neurológicas.

La recuperación incluyó múltiples dificultades, como la hidrocefalia y la pérdida de memoria, pero poco a poco logró volver a la vida cotidiana con el apoyo de su familia y amigas.

Hoy, Elena valora pequeñas cosas diarias y ha recuperado su independencia, volviendo a disfrutar de su vida y su entorno.

Elena celebra poder ir andando por su propio pie de su habitación al baño, como si de una victoria de su equipo de fútbol favorito se tratase. Lo único que quería era poder escuchar el ruido de los coches circulando por la carretera o ver a la gente paseando felices con su perro. La realidad es que lo único visible que tuvo en 18 meses fueron las paredes blancas y frías de la que entonces era su casa, el hospital.

Pestañas postizas, pelo largo y negro con vida propia, unos labios carnosos y las uñas largas como para que le cueste ponerse una lentilla. Así era Elena, una mujer que por donde pasaba, dejaba huella. Lo cierto es que lo que realmente marcó su vida fue el día 2 de abril de 2022, donde todo cambió por completo.

La vida antes de todo

Elena, siempre divina de pies a cabeza y sonriente. “Mi vida para mí era perfecta”, afirma. Su historia de amor con Julio era la típica que siempre imagina alguien en su cabeza cuando se pone a pensar en su crush. En realidad, antes de empezar con él, eso era lo que Elena sentía, que era su amor platónico y jamás habría imaginado tener una relación con él.

A Elena le daba un poco de miedo el mundo de la moto, pero con Julio estaba muy segura, siempre se sentía tranquila y en paz cuando estaban juntos, por lo que confiaba en él al cien por cien.

Aunque era su pareja, en algunas ocasiones, mentía a su padre sobre el lugar en el que estaba. Ese día, en vez de decirle la verdad, le dijo que estaba en casa de Ángela. Ella es todo para Elena, su amistad es de toda la vida y pasaban la mayoría del tiempo juntas. Sus amigas lo eran todo, la acompañaban a todos los sitios, nunca paraba quieta.

2 de abril

Un día de primavera y un paseo en moto. El día perfecto para cualquiera al que le guste esto, como era el caso de Julio y Eloy. Ambos eran amantes de ese mundo y ese día decidieron salir a pasear con sus parejas en moto. La meta iba a ser recorrer el camino que unos meses más tarde harían para ir a Jerez. Pero el final nunca se vio.

Durante el trayecto, pararon en una gasolinera, donde Julio animó a Sonia, pareja de Eloy, a cambiarse de moto para el siguiente camino. A lo que ella respondió: “No, yo no me fío de nadie”. Julio lo dejó pasar y le dijo que en la siguiente parada le volvería a preguntar.

La siguiente parada fue la última.

A los minutos, en un stop, un coche los invadió. Elena saltó por los aires y Julio falleció en el acto. La vida paró, todo se oscureció. Sonia solo podía llamar a su hermana, Ángela, para contarle lo sucedido.

“Nunca suelo coger las llamadas, pero me di cuenta de que esta duraba mucho”, recalca Ángela. Que además de ser hermana de Sonia, es la mejor amiga de Elena. Se estaba secando el pelo, iba a salir comer. Pero algo hizo que respondiese a la llamada entrante de su hermana, “Julio ha muerto” era lo único que Sonia podía decir.

Al llegar al lugar del accidente, Jose, el padre de Elena, y Ángela, no la encontraron. Un helicóptero de urgencias había partido con ella dentro. Nada bueno pasaba por su cabeza cuando se lo dijeron. Al llegar al hospital el pronóstico de Elena era el peor. “Clínicamente está muerta, espérenlo todo”, dijo el médico. Le daban de 48 a 72 horas. Nadie estaba preparado para esto.

18 meses desconectada del mundo

Elena superó las 72 horas después del accidente, pero ahora estaba inducida al coma.

Dormida en un sueño durante dos semanas. El tiempo pasaba y solo quedaba confiar en el proceso.

Elena en su ingreso hospitalario.

Elena en su ingreso hospitalario.

La incertidumbre de saber cómo reaccionaría llenaba a su gente de dudas constantes. Despertó. “No conocía ni a mi padre”, señala Elena. Estaba allí con ella acompañándola y ella sentía que era una persona desconocida. “Si este hombre está aquí conmigo, pues lo quiero”, afirma Elena. Poco a poco, ella fue siendo consciente de la situación y avanzaba.

Además de todo esto, Elena no tenía voz. Cuando ingresó, le tuvieron que realizar una traqueotomía, que le impedía hablar.

Lo que lo ralentizó todo

El proceso estaba siendo duro, las secuelas tras el accidente eran aún muy grandes. Aun así, no perdían la esperanza. Pero entonces, Elena sufrió una hidrocefalia que ralentizó aún más todo el proceso. A causa de esto, le tuvieron que colocar una válvula en la cabeza que conserva a día de hoy. “Tuve que volver a empezar de cero mi recuperación”, recalca Elena.

“Yo era un bebé”, confiesa. Cada vez que quería ir al baño, además de que no lo controlaba, a causa de esto, tampoco tenía voz, por lo que si tenía ganas y lo sentía, como su padre no la oía, se lo hacía encima. Ella, en ese momento, era como un niño pequeño que tiene que aprender a hacer todo de cero, tuvo que aprender a comer, a tragar. Todo esto hizo que perdiese peso y el proceso se volvió más lento.

Con el tiempo, Elena fue evolucionando y cada vez avanzaba un poco más. Durante esta etapa se encontraba en lo que para ella ha sido lo más duro de todo el proceso. “Mi peor sensación ha sido verme en una silla de ruedas”, afirma Elena. La impotencia de no ser libre y poder tener independencia ha sido lo más duro para ella.

Un poco de luz entre tanta oscuridad

Elena, durante el tiempo que estuvo recuperándose en el hospital, veía a una logopeda. Tenía unas ganas inmensas de hablar, poder comunicarse y transmitir lo que sentía de forma fácil y clara.

Y así, de manera paulatina, Elena consiguió hablar.

—¿Qué primera palabra quieres decir, Elena?, pregunta su logopeda.

—Papá, respondió con una cara de emoción que la delataba.

Cuando Jose recogió a Elena de la terapia y le dijo papá, con voz, ambos vivieron uno de los momentos más bonitos de la recuperación. Poder comunicarse es una de las cosas más valiosas y hacerlo después de mucho tiempo y esfuerzo, los llenó de emoción.

Elena, al recordar esto, menciona una frase de lo más típica, pero que sobre todo aquí cobra todo el sentido del mundo. “Somos ricos y no lo sabemos”, señala Elena.

La realidad

Elena, “por suerte” como ella dice, hasta que pasó bastante tiempo, no llegó a ser consciente de la realidad que la rodeaba. Lo fue poco a poco, pero sobre todo el día que supo que no se encontraba en Antequera, su lugar de residencia.

Todos los días sus amigas iban a Málaga. Aquí era donde ella se encontraba ingresada en el hospital, por lo que cada vez que se iban de vuelta a Antequera, su padre le recalcaba que lo avisaran cuando llegasen. Elena, confusa con esto, le preguntó a su padre un día, que por qué decía esto cada vez que se iba. Hasta que le dijo: “Elena, es que estamos en Málaga, cariño”.

Ese día, ella empezó a ser consciente donde estaba y lo que pasaba. Como poco a poco iba sucediendo todo esto, la fisioterapeuta que llevaba a Elena un día le dijo que si no se había mirado aún al espejo. A lo que ella respondió que no.

Elena tras su recuperación.

Elena tras su recuperación.

Así que, se vio en el espejo. “A mí no me impactó”, señala Elena. Algo que podría ser tan impactante como verse de nuevo después de tanto tiempo y ver el aspecto actual de tu cara después de un accidente de este calibre, a ella no le impactó. No recordaba su cara ni sus facciones antes de todo.

Otra de las personas a la que le costó darse cuenta de la realidad y de lo que estaban viviendo fue a su Ángela. Cuando todo ocurrió no era consciente de lo que realmente sucedía, atravesó un proceso de negación que no la dejaba ver y solo pensaba en que Elena saldría adelante. “Esto es una reacción natural en el ser humano", explica Pablo Gordillo, que es psicólogo sanitario especialista en inteligencia emocional y desarrollo personal.

La etapa final

En el proceso final trasladaron a Elena a un hospital privado en Sevilla, donde sería atendida por neuropsicólogos. Fue así porque en Málaga ya no podían hacer más, la recuperación ya solo era de su cerebro.

Aquí estuvo 9 meses, los últimos. Fue un tiempo en el que el proceso ya se hacía más ameno y Elena por fin pudo ver la luz del sol. Acompañada de su padre y en una silla de ruedas, le permitían pasear algún rato. Ella allí ya aprendió a comer, a ir al baño. Cada vez podía hacer más cosas de la vida cotidiana que le recordaría a su vida normal.

Un gran paso fue poder salir de allí, además de paseando en la silla de ruedas, Elena los fines de semana podía ir a Antequera. A recordar su hogar y pasar tiempo con sus amigas, volver a su vida, aunque solo fuese por unos días a la semana.

Poco a poco, con los ejercicios que allí realizaba, consiguió andar. El fin estaba cada vez más cerca. Elena, gracias a su constante trabajo y esfuerzo para poder ejercitar la mente, consiguió finalmente dar algunos pasos.

Cada vez que su padre venía a por ella con la silla de ruedas, Elena desde su cama iba hasta donde él estaba. De esta manera, poco a poco, consiguió volver a andar, dirigiéndose hacia la vida de nuevo. Al principio, con un andador, hasta que finalmente lo hizo sola.

En la última fase del proceso, Elena ya empezaba a tener nuevos recuerdos que antes no tenía. Su memoria volvía a fortalecerse y la estaba ayudando a recordar su vida de antes. “Yo recordaba a Julio, pero no sentía nada”, recalca Elena, cada vez que este venía a su memoria.

A medida que ella iba recordando, fueron surgiendo los sentimientos. Así, hasta que un día, en una de tantas pruebas, Elena la pasó y recibió el alta médica.

Vuelta a la realidad

Elena volvió a casa y aunque de manera lenta, su recuperación ha sido muy positiva. Hace unos meses que ha vuelto a la vida de manera normal. “Para mí levantarme en mi casa, en mi cuarto todos los días, no tiene precio”.

Elena no aguanta todo el día de pie o no ve las cosas bien porque por un lado de la cara no tiene reflejos, pero ya tiene una vida normal. Ya es la chica de antes, sale con sus amigas, duerme en su cama, come la comida de antes y lo más importante: vive la vida con libertad.

Lo que le ocurrió a Elena fue un golpe de suerte en mitad de una desgracia que por lo menos ha podido contar. Ya pasea por su pueblo viendo a la gente hacer vida normal y escucha el ruido de los coches pasar.

Carla Alcalde es estudiante de la facultad de Periodismo en la Universidad de Málaga y participa en la sección La cantera periodística de la UMA a través de la cual EL ESPAÑOL de Málaga da su primera oportunidad a los jóvenes talentos.