Campus de Teatinos.
La UMA adjudica a GSL la revolución energética del campus: 42,2 millones de euros y 21.000 paneles solares
Se construirá un gran anillo eléctrico, con una potencia fotovoltaica prevista de 11,9 MWp y un plazo global de 138 meses.
Más información: Una sola empresa opta al megacontrato de 42,2 millones con el que la UMA busca la suficiencia energética
La Universidad de Málaga (UMA) ha dado luz verde a un ambicioso plan energético que aspira a transformar sus campus en un ecosistema 100 % descarbonizado y autosuficiente en términos eléctricos. Ha adjudicado este proyecto a la empresa malagueña GSL (OSI UTE) que ejecutará un sistema fotovoltaico y de almacenamiento que permitirá a la universidad cubrir el 100% de su demanda eléctrica en régimen de autoconsumo compartido y funcionar como un campus descarbonizado.
En enero, la UMA mantenía abierto un contrato valorado en 42,2 millones de euros para construir un gran anillo eléctrico y desplegar más de 21.000 paneles solares en las cubiertas de sus edificios, con una potencia fotovoltaica prevista de 11,9 MWp y un plazo global de 138 meses.
Solo una empresa se presentó al concurso: Solar Lighting S. L., firma malagueña especializada en renovables, cuya oferta fue admitida tras una primera licitación fallida porque su propuesta entró dos minutos y 32 segundos fuera de plazo.
Ahora, la universidad confirma la adjudicación del contrato de suministro eléctrico, instalación y explotación de sistemas fotovoltaicos a la malagueña GSL (OSI UTE), matriz del Grupo Solar Lighting, que será la encargada de transformar los campus en espacios 100% descarbonizados mediante un sistema de autoconsumo compartido entre centros.
El proyecto permitirá que la UMA genere más energía de la que consume actualmente, con una producción anual prevista superior a 28 GWh frente a una demanda de unos 25 GWh.
En la licitación inicial se calculaba una producción de unos 17,7 GWh anuales para cubrir prácticamente toda la demanda en horas de sol (16,76 GWh de autoconsumo sobre unos 27,9 GWh de consumo), por lo que el diseño definitivo incrementa la ambición energética y se orienta ya a la autosuficiencia total en términos anuales.
La infraestructura dará servicio a más de 35.000 estudiantes y 4.000 trabajadores, distribuidos en cerca de dos millones de metros cuadrados, con más de 400.000 metros cuadrados construidos que concentran una demanda de unos 25 GWh al año.
El patrón de consumo, mayoritariamente diurno, facilitará el aprovechamiento de la energía solar, mientras que las necesidades críticas de laboratorios y sistemas especializados se cubrirán con almacenamiento y gestión avanzada de la red.
El salto también es económico. La UMA alcanzó en 2023 un máximo histórico de 9,3 millones de euros en gasto energético; esa cifra se redujo hasta los 5,08 millones en 2025. Con la nueva infraestructura fotovoltaica y el sistema de autoconsumo, la previsión es rebajar el desembolso anual a 3,3 millones y, una vez amortizada la inversión, estabilizar la factura en torno a un millón de euros al año en concepto de mantenimiento.
Estos ahorros se suman al objetivo inicial del concurso, que ya contemplaba un fuerte recorte de la factura eléctrica, la reducción de emisiones y la posibilidad de ingresos adicionales mediante Certificados de Ahorro Energético, planteados como una mejora evaluable en la licitación.
La innovación principal del proyecto reside en su arquitectura de integración jerárquica, denominada 'Solar Architecturalism', que hace que cada edificio actúe como una unidad energética local integrada en un sistema global.
El sistema opera en tres niveles de prioridad: 1 (La célula) se centra en que cada edificio funcione como una unidad energética autónoma capaz de optimizar el uso inmediato de la energía que genera en sus propias instalaciones.
La prioridad 2 (El sistema circulatorio) introduce una lógica de cooperación entre todos los centros mediante su interconexión a través de un anillo de media tensión que opera como una microrred.
Gracias a esta infraestructura, el excedente energético generado por un edificio no se desperdicia ni se vierte a la red externa, sino que se redistribuye dentro del propio sistema para abastecer a aquellos que en ese momento presenten déficit.
La prioridad 3 (Estabilidad) se orienta al aprovechamiento de la energía sobrante que no puede consumirse de forma inmediata dentro del sistema. Esta energía se almacena mediante un sistema de baterías.
Para garantizar la viabilidad técnica del sistema y evitar caídas de suministro, el proyecto incorpora almacenamiento con 9 MW de potencia y 30 MWh de capacidad útil, integrado con tecnología “grid-forming”.
Estas baterías no solo almacenan energía, sino que actúan como elemento maestro que fija la referencia de tensión y frecuencia para todo el campus, absorbiendo picos de generación y ofreciendo resiliencia total frente a perturbaciones de la red externa.