Imagen de varias jábegas.

Imagen de varias jábegas. Área de Turismo del Ayuntamiento de Málaga

Málaga

Así es el oficio del siglo XVI rescatado del olvido que leía la madera y dio forma a las jábegas de Málaga

La Junta de Andalucía protege como Bien de Interés Cultural (BIC) una actividad que hunde sus raíces siglos atrás y que forma parte de la histórica relación de Málaga con el mar.

Más información: Cultura 'sentencia' el futuro de Astilleros Nereo con la declaración BIC de la carpintería de ribera

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Las claves

Las claves

La carpintería de ribera, oficio artesanal documentado desde el siglo XVI, ha sido reconocida como Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía.

Esta actividad, esencial para la construcción de jábegas y otras embarcaciones tradicionales de Málaga, representa un conocimiento transmitido de generación en generación.

El oficio sobrevivió gracias a la adaptación de la embarcación de pesca a usos deportivos y recreativos, consolidando la jábega como símbolo de identidad malagueña.

La protección legal se centra en la actividad y los saberes, promoviendo su transmisión, inventario de barcas históricas e incorporación en la formación profesional.

Hubo un tiempo en que la costa malagueña se leía en madera. En las playas, bajo chambaos de cañizo y junto a varaderos hoy casi desaparecidos, la carpintería de ribera dio forma durante siglos a jábegas, bucetas, sardinales y chalanas, embarcaciones nacidas para la pesca pero convertidas con el tiempo en parte esencial de la memoria marinera de la provincia.

Ahora, la Junta de Andalucía ha inscrito esta actividad en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural (BIC), con la tipología de Actividad de Interés Etnológico.

Con este reconocimiento no solo se protege una técnica artesanal, sino una forma de entender el litoral, el trabajo y la transmisión de saberes.

La carpintería de ribera no fue nunca un simple trabajo de taller. Fue un conocimiento complejo, transmitido de generación en generación, que combinó trazado, diseño, reparación, calafateado, elección de maderas y adaptación al mar malagueño.

El decreto recuerda que este oficio está documentado al menos desde el siglo XVI y que alcanzó su mayor apogeo entre mediados del XIX y las primeras décadas del XX.

La crisis pesquera, la sobreexplotación de los caladeros y la veda de varias especies en los años ochenta empujaron al cierre de la mayoría de los astilleros y chambaos tradicionales.

Era en esos espacios de trabajo al aire libre donde eran construidas las pequeñas embarcaciones de pesca, donde los carpinteros de ribera trabajaban generalmente con la ayuda de dos o tres operarios.

Los documentos confirman la existencia de pequeños astilleros desde Sabinillas en Manilva, la rada de Estepona, Marbella, Fuengirola, Torremolinos, Rincón de la Victoria, Torre del Mar, Caleta de Vélez, Torrox hasta Nerja, pasando por la propia Málaga.

Desde la Edad Media, en la capital de la Costa del Sol ya se encuentran astilleros en la zona de Atarazanas, cuyo nombre proviene del vocablo árabe ad-dar as-sina’a, que significa "la casa de la industria" o "casa de la fabricación", trasladándose a la otra margen del río Guadalmedina, junto a las Torres de Fonseca, siguiendo la industria de anchovería, formando el barrio de los Percheles.

A partir de 1700 fue construido un edificio de pescadería entre la nueva Alameda y la playa, trasladándose a la Malagueta con posterioridad.

Con la crisis de la filoxera y la emigración de buena parte de la población hacia el litoral desde finales del siglo XIX, el auge de la pesca y la demanda de materia prima por las industrias conserveras produjo un impulso de la industria de construcción naval en especial en la capital que iba más allá de las embarcaciones pequeñas.

Esto hizo que alrededor del puerto de la ciudad se establecieran con el arranque del siglo XX verdaderos astilleros, como son Astilleros Soler, Ansorena y Garret, Sociedad Pesquera Malagueña o Nuestra Señora del Carmen.

Actualmente, las tres carpinterías de ribera en la provincia de cuya existencia se tiene constancia se encuentran en ubicaciones diversas y albergadas en edificios completamente diferentes sin una tipología edificatoria ni construcciones tradicionales características que puedan llamarse propias o típicas de esta actividad, que revistan valores patrimoniales dignos de protección, ya sea por su arquitectura o construcción o por su destacado valor estético

La actividad sobrevivió gracias a una transformación decisiva: el paso de la embarcación de pesca a la barca de remo deportivo y recreativo.

La jábega como símbolo

Si hay una imagen que resume esa historia es la jábega. El decreto la presenta como la embarcación más numerosa del litoral malagueño y como una seña de identidad provincial, reconocible por sus ojos pintados, su pico en forma de serpiente y su pintura viva y ornamental.

Su función original estuvo ligada al arte de arrastre, pero su presente se vincula sobre todo al remo, las regatas y la sociabilidad en torno al mar.

Esa evolución no es una ruptura, sino una continuación adaptada al tiempo. La jábega, convertida en símbolo de Málaga incluso desde 1973 por decisión de la Diputación Provincial, sigue siendo una pieza de identidad colectiva que enlaza paisaje, tradición marinera y cultura popular.

La riqueza del oficio está también en sus materiales. El texto oficial describe el uso de maderas locales y foráneas, desde pinos, encinas y quejigos de la provincia hasta cedro de California, teca, iroko o sapelli, además de fibras vegetales, brea, clavos, pletinas y pinturas. Esa mezcla de recursos locales e importados muestra una artesanía profundamente práctica, atenta siempre a la resistencia, la flotabilidad y el uso final de la embarcación.

Uno de los aspectos más interesantes del decreto es que la protección recae sobre la actividad, no sobre los edificios donde se desarrolla.

Eso permite entender la carpintería de ribera como un patrimonio vivo, capaz de sobrevivir en espacios distintos y de seguir adaptándose a la realidad contemporánea sin perder su esencia.

El texto insiste en medidas de salvaguarda que van más allá de lo jurídico: inventariar barcas históricas, investigar saberes vinculados a la navegación, incorporar enseñanzas sobre carpintería de ribera en la formación profesional y promover la participación de comunidades y portadores del oficio. La idea no es congelar una tradición, sino asegurar que siga siendo practicada, estudiada y reconocida.