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Carnicería. EFE

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Los españoles no quieren ser carniceros a pesar de poder ganar 30.000 € al año: "Hacen falta 15.000 para trabajar ya"

El sueldo de un carnicero empleado varía según la experiencia pero está entre 18.000 y 30.000 euros brutos anuales.

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El sector cárnico español enfrenta un déficit de 15.000 carniceros actualmente y podría llegar a necesitar hasta 60.000 en la próxima década.

Los salarios en carnicería oscilan entre 18.000 y 30.000 euros brutos anuales, pero el oficio pierde atractivo debido a cambios culturales y percepción de peores condiciones laborales.

La falta de relevo generacional amenaza no solo a las carnicerías tradicionales, sino también a la industria alimentaria, afectando toda la cadena productiva.

Se están impulsando programas de formación y modernización para atraer a jóvenes y dignificar la profesión, aunque aún no cubren la demanda existente.

El problema no es nuevo, pero ya ha alcanzado un punto crítico: "el sector cárnico español necesita cubrir unas 15.000 vacantes de carniceros para trabajar ya, si no se actúa, podría enfrentarse a un déficit de hasta 60.000 profesionales en la próxima década", advierte Daniel Bianchi, director general de Carnimad.

Estas cifras son a nivel nacional. El sector especializado cárnico en España cuenta con unos 25.800 establecimientos de la cuales 2.800 aproximadamente están en Madrid.

Detrás de la falta de carniceros hay algo más profundo que una simple falta de mano de obra: se trata de un cambio estructural que amenaza tanto al comercio de barrio como a la industria alimentaria.

En términos salariales, el sector ofrece horquillas que varían en función de la experiencia, pero que buscan ganar atractivo. Un carnicero empleado puede percibir entre 18.000 y 30.000 euros brutos anuales, una cifra que desde el sector consideran competitiva.

"El oficio va desapareciendo porque todos nos hemos dedicado a formarnos en carreras universitarias", explica el director general de Carnimad, que sitúa el origen del problema en una transformación cultural.

Durante años, los trabajos manuales han perdido atractivo frente a otras salidas profesionales, en parte por una percepción de peores condiciones laborales.

"Muchas veces se piensa que la calidad del trabajo o la conciliación son menores, y es verdad que a veces lo son, pero se está trabajando en adecuar esos puestos para que sean más atractivos para los jóvenes", añade.

El impacto se deja sentir en toda la cadena. En las carnicerías tradicionales faltan maestros carniceros, charcuteros y perfiles capaces de elaborar productos preparados o gestionar negocios con herramientas digitales.

En la industria, el vacío afecta a operarios de despiece, técnicos de calidad o especialistas en logística frigorífica, perfiles cada vez más vinculados a procesos tecnológicos avanzados.

La consecuencia directa no es sólo económica, sino también social. La desaparición progresiva del comercio especializado implica perder un modelo de consumo basado en la cercanía y el asesoramiento.

"El carnicero ya no es solo cortar y despachar, es hablar de cortes, recetas, producto nacional", subraya Bianchi, reivindicando un papel que va más allá de la simple venta.

Ante este escenario, la formación aparece como una de las palancas clave. Un ejemplo es la iniciativa del Ayuntamiento de Madrid dirigida a personas desempleadas para impulsar el relevo generacional en los sectores de carnicería y pescadería.

Los cursos, centrados en perfiles de ayudante de carnicería y pescadería, combinan 155 horas de formación teórica con al menos 50 horas de prácticas, que pueden ampliarse hasta 320 en función de la empresa o el mercado.

"Estos programas tienen un efecto real porque es una formación muy dirigida y tremendamente práctica. Desde que empieza la formación ya tienen el puesto de trabajo asegurado", explica.

Sin embargo, reconoce que estas iniciativas aún se quedan cortas: "No es suficiente porque el número de vacantes de la formación no es suficiente".

El sector insiste en que la solución pasa también por dignificar el oficio y actualizar su imagen. Las empresas trabajan en mejorar salarios y condiciones, pero también en adaptarse a nuevas demandas laborales.

"Ya no van a encontrar perfiles que quieran trabajar de sol a sol en la carnicería", admite Bianchi, que apunta a la conciliación como uno de los grandes retos pendientes.

A la vez, la transformación digital se perfila como una oportunidad para revitalizar el negocio tradicional. Desde sistemas de pedidos online hasta campañas de fidelización, el objetivo es recuperar al cliente que valora la calidad pero ha cambiado sus hábitos de compra.

"A la gente le gusta ir a la carnicería, pero muchas veces no tienen tiempo y terminan comprando todo en un supermercado", señala.

El desafío, en definitiva, es doble: atraer a nuevos profesionales y adaptar el sector a una realidad que ya no es la de hace décadas. "Detrás de un mostrador o de una línea de producción hay una carrera con futuro", defiende Bianchi.

La cuestión ahora es si ese mensaje llegará a tiempo para evitar que uno de los pilares del sistema alimentario entre en una crisis aún mayor.