Confesionarios espontáneos al aire libre versus uno creado por IA

Confesionarios espontáneos al aire libre versus uno creado por IA

Sociedad

Por qué los madrileños han dejado los templos para confesarse en el Retiro, las azoteas o con la IA

A pesar del repunte de la espiritualidad en los jóvenes, la confesión se presenta sin sesgos religiosos y a cielo abierto.

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Las claves

Las claves

Muchos madrileños han dejado de confesarse en iglesias para hacerlo en parques, azoteas, consultas de psicología e incluso con inteligencia artificial.

La necesidad de ser escuchado y compartir emociones ha llevado a buscar nuevos espacios de confianza más allá de los templos religiosos tradicionales.

La espiritualidad y la búsqueda de desahogo se mezclan hoy con tecnologías como chatbots religiosos y proyectos de IA que ofrecen conversación y guía espiritual.

Lugares como bancos de parques, rooftops y jardines urbanos se han convertido en los nuevos 'confesionarios' donde madrileños comparten sus historias más íntimas.

Hace tan solo unos días, Rosalía concluía su tour ‘Lux’ con un despliegue de escenografía, vestuario y un repertorio en varios idiomas en un show calificado como una apuesta arriesgada, pero que no ha defraudado.

Si algo brilló con luz propia fue la conexión emocional con el público. El momento en que por ‘el confesionario’ pasaron tanto anónimos como figuras reconocidas fue, sin duda, uno de los pasajes más comentados del concierto.

Pero, ¿dónde se confiesan hoy los madrileños?

En la Comunidad de Madrid existen a día de hoy 1.167 lugares de culto registrados, desde parroquias a mezquitas y templos budistas, aunque, casi de forma exclusiva, el confesionario lo utiliza la Iglesia católica, donde forma parte central del sacramento de la reconciliación.

Confesionarios al aire libre

Confesionarios al aire libre Heraldo.es

Otras tradiciones cristianas, como la ortodoxa, la anglicana o algunas luteranas, mantienen la confesión individual ante un sacerdote, aunque con formatos más flexibles y menos extendidos.

Sin embargo, aunque esta práctica se mantiene en los templos, buena parte de las ‘confesiones’ ya no pasan por la iglesia, sino por bancos de parque, azoteas, consultas de psicología y hasta por la inteligencia artificial.

Alguien que entienda

Según la psicóloga Renee Jablkowski, sobre la necesidad de confesarse, "no basta con hablar para poder expresar lo más íntimo de uno, lo que nos emociona y nos desborda al punto de inquietarnos y quitarnos la posibilidad de encontrar nuestros deseos".

En su opinión, las palabras tienen importancia en tanto y en cuanto se las pueda encontrar junto a un 'otro' que pueda comprender lo que podemos y queremos expresar.

Jablkowski destaca, además, la importancia de los vínculos, que sean auténticos y genuinos, para crear ese espacio de confianza.

Personas en el Parque El Capricho

Personas en el Parque El Capricho Fernanda Villavicencio

Luis, a sus 69 años, natural de Madrid, sabe de ello. Ese vínculo lo tenía con su esposa María, que falleció hace dos años.

Desde entonces, cada semana acude al parque de El Capricho para poder ‘hablar’ con ella. Solo, en un banco, cuenta que busca las palabras para decirle cuánto la extraña y se lamenta, a su vez, de las cosas que nunca le dijo.

Ese banco del parque, desde hace un tiempo, se ha convertido en confesor y absolutor de sus pecados.

Olla a presión

Sobre el enfoque actual de la confesión tradicional, el padre Jesús Mora, más conocido como Padre 'Curry', comenta que "todo el mundo necesita como un desaguadero, que decía Santa Teresa de Jesús, es como poder fluir lo que hay dentro del corazón".

La necesidad de ‘confesarnos’ y hablar de lo que nos pasa va, según él, más allá de una dimensión humana.

"Uno no es como una olla a presión; a veces vamos recogiendo emociones, sentimientos, cosas que nos pasan... En la confesión, lo que pasa es que tenemos un matiz nuevo. Ya no es solamente que yo pueda desahogarme en lo humano, sino que puedo recibir algo", relata.

La necesidad de hablar, más allá de cualquier contexto religioso, va asociada muchas veces a otro síntoma de nuestros días: personas más conectadas a través de las redes sociales y a su vez, más solas.

Según Curry, este fenómeno se debe en gran parte a que la gente "empieza a saciarse de todo lo que humanamente tú crees que te va a saciar, o has proyectado que ahí está tu felicidad, y ves que sigues vacío".

Entonces, prosigue, se genera un shock: los "altos índices de suicidio que hay, gente con unas depresiones tremendas. Cuando sigues quedando vacío, falla algo".

Y ahí es cuando entra, según sus palabras, el 'factor Dios'. La confesión, señala , "engancha".

El confesionario de Rosalía

El confesionario de Rosalía El periódico

Según el informe Jóvenes españoles 2026, elaborado por la Fundación SM, se revela un dato que, a priori, llama la atención: el aumento de la importancia de la espiritualidad entre los jóvenes, que combinan religiosidad y búsqueda personal en formatos más híbridos y menos institucionales.

"La confesión para nosotros no es solamente un desahogo, sino curar. Las heridas del corazón quedan sanadas luego de abrirlas al contarlas. Cuando te confiesas, además, recibes la gracia de Dios, es un plus”, concluye Curry.

Pero ese plus, muchas personas lo encuentran fuera del confesionario de madera: en los amigos de toda la vida.

El Rooftop

El mapa de los confesionarios sigue en un rooftop discreto cerca de la Plaza Mayor. Mesas altas y, en su mayoría, ocupadas de dos en dos. La confesión llega con la excusa de "tenemos que quedar" o "necesito un café".

Rooftop The Hat

Rooftop The Hat Privateaser

Los amigos, convertidos en curas ocasionales, ofrecen un sacramento que no está oficializado en los libros sagrados: el de la escucha sin juicio. Alguien habla, alguien escucha y algo, muchas veces, cambia.

Aunque los amigos son ‘la familia elegida’, algunas veces pueden no estar disponibles. Para estos casos, también existe una solución a medida.

Deus in Machina

Estos nuevos confesionarios virtuales mezclan tecnologías de inteligencia artificial, pantallas y avatares con espacios religiosos tradicionales, ofreciendo conversaciones espirituales que muchas personas viven como una especie de confesión, pero sin valor sacramental para las iglesias.

El caso más llamativo es el de la capilla de San Pedro en Lucerna (Suiza), donde durante dos meses se instaló un ‘Jesús’ gestionado por IA dentro de un confesionario como parte del proyecto artístico 'Deus in Machina', programado con textos teológicos para responder en tiempo real a preguntas sobre fe, moral y problemas personales.

El confesionario virtual de Deus in Machina

El confesionario virtual de Deus in Machina Hochschule Luzern

Al mismo tiempo, aplicaciones y chatbots religiosos que ofrecen guía espiritual, lectura bíblica y espacios de desahogo emocional se están convirtiendo en una especie de 'sacerdotes de bolsillo' disponibles 24/7 para millones de usuarios en todo el mundo.

Volviendo al plano más terrenal, el recorrido sigue por Madrid en busca de esta versión 3.0 de confesionarios.

En pleno centro hay dos lugares: el Huerto de las Monjas, escondido en el barrio de los Austrias, y los Jardines del Príncipe de Anglona, en La Latina.

Escenarios comunes donde las parejas rompen o se reconcilian, se piden perdón o se comparte un diagnóstico médico.

Mujer en el parque de Anglona

Mujer en el parque de Anglona

Mientras la ciudad sigue con su ritmo, frenético por momentos, estos espacios pequeños, rodeados de muros, con bancos, parterres y un hilo conductor: lugares en los que los madrileños pueden encontrar, solos o acompañados, un sitio donde ‘confesar’ sus historias más íntimas.

Aunque sin las luces de Rosalía, estos espacios son los nuevos confesionarios de nuestros días.

Como en las cartas que se atribuyen a Chopin, que escribía a un amigo: "Le digo a mi piano las cosas que antes te decía a ti. Es el único que me entiende y el único que no me juzga cuando el corazón pesa más de lo que las palabras pueden explicar".

Hoy, en Madrid, ese piano puede ser un banco, una azotea o un jardín escondido: lugares donde lo importante no es absolver, sino simplemente escuchar.