Los hermanos Álex y Ofelia Marín del Coso, fundadores del Grupo Lamucca, en su última apertura, Makáá.

Los hermanos Álex y Ofelia Marín del Coso, fundadores del Grupo Lamucca, en su última apertura, Makáá. Sara Fernández El Español

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Ofelia y Álex, los hermanos creadores del imperio Lamucca con 18 restaurantes: "Cada día es más difícil ser rentable"

En la Plaza del Carmen, donde ya contaban con un local, han sumado Makáá, que abrió hace meses, y este 19 de marzo inauguran La Barra de Ultramarines.

Más información: La nueva tienda de ultramarinos donde comer y tomar vinos en pleno barrio de Malasaña.

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Las claves

Ofelia y Álex Marín del Coso son los fundadores del Grupo Lamucca, que cuenta con 18 restaurantes y más de 30 millones de euros de facturación anual.

El primer restaurante Lamucca nació en 2008 en Malasaña, Madrid, tras una corazonada y sin experiencia previa en hostelería.

El grupo sigue creciendo con nuevas aperturas como Makáá, un restaurante en una azotea de la Plaza del Carmen, y la barra informal La Barra de Ultramarines.

A pesar del éxito, los hermanos destacan la dificultad de ser rentable en la hostelería madrileña debido al aumento de costes y la fuerte competencia.

En Madrid hay restaurantes que nacen con plan de negocio y otros, de una corazonada, como empezó el Grupo Lamucca. "Gracias a la incosciencia haces muchas cosas", bromean Ofelia y Álex Marín del Coso en una entrevista con EL ESPAÑOL en Makáá, su última apertura, una intuición que también explica la nueva fase del grupo, ya bautizada casi como la 'Plaza de Lamucca'. 

Casi dos décadas después, esta pareja de hermanos catalanes son socios y fundadores del Grupo Lamucca, uno de los grupos gastronómicos más reconocibles de la capital: un pequeño imperio de 18 restaurantes y supera los 30 millones de facturación anual.

La historia arranca en 2008, en plena crisis económica. Aunque, realmente, empezó 9 años antes en Nueva York. Allí estaba Ofelia intentando abrirse camino como actriz de teatro mientras trabajaba de camarera, el oficio inevitable de muchos artistas.

Las vistas desde Makáá, su última apertura.

Las vistas desde Makáá, su última apertura. Sara Fernández El Español

"Lo primero que te preguntan si eres actor es... en qué restaurante trabajas", recuerda entre risas. Nueve años después regresó a España con un conocimiento inesperado: el de la hostelería.

Álex, por su parte, venía de otro mundo. Él, confiesa, ser de "Excel", tras haber estudiado una ingeniería en la Politécnica de Barcelona.

Amos acabaron viviendo en Madrid y un día, paseando juntos por Malasaña, encontraron un local en la calle Pez que les dio esa corazonada; aun sabiendo que no tenían experiencia en restauración, ni una familia hostelera detrás, ni una estrategia clara.

Su primer restaurante, Lamucca de Pez, fue rompedor para la época. En un barrio que todavía arrastraba las consecuencias de la prostitución y las drogas, se sumó que muchos hosteleros los tacharon de locos por su "ecléptica" propuesta: en una misma carta convivía la pizza con el solomillo, las ensaladas y el tataki de atún. "Como éramos inconscientes, abrimos", apuntan.

Álex y Ofelia Marín del Coso.

Álex y Ofelia Marín del Coso. Sara Fernández El Español

Pero el tiempo les dio la razón. "Traímos un concepto que en esa época no exisitía, que eran los restaurantes abiertos todo el día, que podías comer a las cinco o a las siete de la tarde, y tomarte una copa en el mismo sitio", analiza Ofelia.

Después le siguió Lamucca de Prado, Almagro, Serrano, Fuencarral, Andes, Hermosilla, Plaza del Carmen y de España; y también tienen uno fuera de Madrid, en Mallorca, La Mucca del Mar.

Reposado bar dentro de Makáá.

Reposado bar dentro de Makáá. Sara Fernández El Español

En 2013, crearon otro concepto bajo su universo gastronómico, La Pescadería, con dos locales —uno de ellos incluye el Club Fishermans— y el pasado año recuperaron un quiosco de Pintor Rosales bajo el nombre de Magadán. Además, tienen dos obradores, En Bruto, donde elaboran pan, bollería y hasta kombucha artesanal; y dos (pronto tres) Ultramarines del Coso.

El último desembarco de La Mucca ha sido en la Plaza del Carmen. Donde ya contaban con un restaurante con terraza en la céntrica ubicación, han sumado la lujosa azotea Makáá, que abrió hace unos meses, y este 19 de marzo inauguran en el mismo edificio (donde se encontraba la propuesta del chef Nino Redruello), el hotel Thompson, su último Ultramarines, La Barra. Pronto pasará a ser la 'Plaza de Lamucca'.

La piscina del hotel Thompson, ubicada en la azotea en la que se encuentra Makáá.

La piscina del hotel Thompson, ubicada en la azotea en la que se encuentra Makáá. Sara Fernández El Español

El crecimiento ha sido constante, casi orgánico. "Nunca hemos tenido una estrategia de expansión muy clara", admite Álex. "Los locales nos llaman". Muchas decisiones han sido impulsivas: ver un espacio, enamorarse y lanzarse, como ha ocurrido con sus últimas aperturas.

La plaza de Lamucca

Makáá es su último restaurante en una azotea concebido como un jardín mediterráneo suspendido sobre la ciudad. Parrilla, producto y largas sobremesas con vistas a los tejados del centro.

"Queríamos crear un pequeño oasis en el centro —explica Álex—. Un sitio donde comer bien, sin maltratar el producto y con vistas". "Faltaba una terraza, rooftop, donde pudieras comer, pero que fuera un restaurante de verdad", añade Ofelia.

Makáá.

Makáá. Sara Fernández El Español

Debajo, a pie de calle, abren esta semana una barra más informal —con espíritu de taberna contemporánea— que completa la propuesta.

Precisamente en esta plaza reflejan bien la filosofía del grupo: conceptos distintos (en este caso Lamucca, Makáá y La Barra de Ultramarines), precios moderados dentro del mercado madrileño y una obsesión constante por el producto.

Álex Marín del Coso.

Álex Marín del Coso. Sara Fernandez El Español

Pero el éxito no les impide ver las sombras del sector. Ambos coinciden en que la restauración en Madrid se ha vuelto cada vez más compleja: alquileres disparados, costes de personal, materia prima al alza y una competencia feroz. "Cada día es más difícil ser rentable", reconoce Ofelia, aunque, afortunadamente, no es su caso.

Aun así, siguen apostando por la ciudad. No planean expandirse fuera. Su 'imperio' sigue creciendo. Las previsiones de crecimiento apuntan a que facturarán unos 5 millones más que el pasado año. Eso sí, siempre guiados por esa intuición y corazonada que empezó paseando por Malasaña.