Una operaria manipula una maquina expendedora con productos de verdura y fruta fresca.

Una operaria manipula una maquina expendedora con productos de verdura y fruta fresca.

Política CONSUMO

"¿Sabes lo que supone mantener una pera en una expendedora?": las contraindicaciones del plan 'comida saludable' del Gobierno

El envasado individual necesario para garantizar la seguridad alimentaria incrementa el uso de plásticos no reutilizables y choca con las políticas de reducción de residuos.

Con la nueva normativa del Gobierno, la patronal de las máquinas de 'vending' cree que la facturación podría reducirse hasta en un 60%.

Más información: Café amargo por ley: el Gobierno obligará a que las máquinas lo sirvan sin azúcar y limitará los gramos a añadir

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Las claves

El plan del Gobierno para fomentar comida saludable en expendedoras obliga a ofrecer fruta fresca, lo que implica mayores costes y desperdicio por su corta vida útil.

El sector del vending advierte que la venta de fruta fresca en máquinas no es rentable y puede generar contradicciones con otras políticas como la reducción de plásticos.

La normativa podría reducir la facturación hasta un 60% en algunos centros, afectando tanto a empresas como a hospitales que dependen de estos ingresos.

Aneda solicita criterios más claros y plazos razonables, alertando que una regulación mal ajustada puede provocar la desaparición del servicio en lugares esenciales.

Mantener fruta fresca (como una pera, un plátano o uvas) en una máquina expendedora es, paradójicamente, uno de los mejores ejemplos de las contraindicaciones del proyecto para aumentar el consumo de alimentos saludables que prepara el Gobierno de España.

El decreto que está elaborando el Ministerio de Consumo de Pablo Bustinduy potencia la presencia de productos frescos en las expendedoras de centros públicos, pero hacerlo implica, en la práctica, más costes, más desperdicio, mayor uso de plásticos no reutilizables y, en muchos casos, menos opciones reales para el consumidor.

La fruta fresca tiene una vida útil corta, exige controles constantes de conservación y rotación, y requiere un envasado que garantice la seguridad alimentaria.

Todo ello encarece el producto y reduce su rentabilidad, hasta el punto de que aquello que se promueve como una alternativa saludable puede acabar desapareciendo de las máquinas por falta de viabilidad económica.

"En términos generales, la venta de fruta fresca en máquinas de vending no resulta rentable de manera generalizada", advierte Yolanda Carabante, directora general de la Asociación Nacional Española de Distribuidores Automáticos (Aneda).

Esta es la primera gran paradoja que denuncia la patronal del sector: la norma obliga a ofrecer productos saludables que el propio modelo de venta dificulta sostener, o es contradictorio con otros proyectos también del Gobierno de España, como reducir el uso de plásticos.

Acciones legales

Según explica la directora general de Aneda, el proyecto normativo tiene "un impacto directo y significativo" en las empresas, especialmente en aquellas que operan en hospitales, centros de salud y residencias, donde el decreto exige que al menos el 80% del surtido sea considerado saludable, y limita la visibilidad de los productos ultraprocesados, alterando el equilibrio de ventas y los márgenes.

Ante esta situación, Aneda ha solicitado reuniones técnicas con el Ministerio para aclarar definiciones y criterios operativos.

En paralelo, su departamento legal prepara alegaciones centradas en tres líneas principales: el impacto económico de la adaptación, los problemas de viabilidad operativa y la redacción ambigua de algunos artículos del borrador. "¿Sabes lo que supone mantener una pera en una expendedora?", se plantean.

"El artículo 11 del decreto contiene términos poco claros que pueden dar lugar a interpretaciones contradictorias", subraya Carabante, que reclama criterios técnicos concretos y plazos razonables para la implementación.

Las estimaciones internas del sector apuntan a una segunda contradicción relevante.

En determinadas ubicaciones, la facturación podría reducirse de forma notable, "en algunos casos hasta un 60%", debido a la menor rotación y a los márgenes más bajos de los productos saludables.

Una caída de ingresos que no afectaría solo a las empresas de vending. Muchos hospitales y centros sanitarios perciben cánones ligados a la facturación de estas máquinas, por lo que una reducción de ventas obligaría a ajustarlos a la baja, con una merma directa en sus presupuestos.

A ello se suma el riesgo de que numerosos concursos públicos queden desiertos.

Si la rentabilidad no está garantizada bajo las nuevas condiciones, las empresas podrían optar por no presentarse, lo que comprometería la continuidad de un servicio que, en muchos centros, resulta esencial.

Es el caso de los profesionales sanitarios y los familiares de los pacientes, "que en muchos casos dependen del vending como única opción de alimentación durante horarios en los que no hay alternativas abiertas", señala la directora general de Aneda.

Reducción de residuos

En el caso concreto de la fruta fresca, la contradicción se extiende a otros objetivos de política pública.

El envasado individual necesario para garantizar la seguridad alimentaria incrementa el uso de materiales y el desperdicio, lo que choca con las políticas de reducción de residuos.

Las alternativas —fruta envasada en materiales sostenibles o productos frescos con mayor vida útil— encarecen el precio final, que probablemente el consumidor no esté dispuesto a asumir.

El decreto también aborda las máquinas de café, donde plantea eliminar el azúcar por defecto.

En este punto, el sector se muestra menos crítico. "No supone un obstáculo desde el punto de vista técnico", explica Carabante, que recuerda que la mayoría de las máquinas permiten programar la cantidad de azúcar o personalizarla a gusto del usuario.

Además, destaca que el sector ya ha demostrado capacidad de adaptación en el pasado, con reducciones progresivas de azúcares y la ampliación de la oferta de productos sin azúcar añadido.

Con todo, Aneda insiste en que comparte el objetivo de fomentar hábitos de consumo saludables, pero advierte de que una regulación mal ajustada puede generar efectos contrarios a los deseados.

"Las medidas deben ser proporcionadas, basadas en evidencia y adaptadas a la realidad operativa del vending. No es razonable atribuir a este canal la responsabilidad principal de problemas complejos como la obesidad", concluye Carabante, que recomienda realizar estudios económicos previos para garantizar una aplicación justa y eficaz del decreto.