Pedro Sánchez, ovacionado por la bancada socialista tras una de sus intervenciones en el Congreso.

Pedro Sánchez, ovacionado por la bancada socialista tras una de sus intervenciones en el Congreso. Kiko Huesca Agencia EFE

España MOCIÓN DE CENSURA

Sánchez, a un paso de ser el primer presidente sin el respaldo de un triunfo electoral

Pedro Sánchez perdió las elecciones de diciembre de 2015, pero esa noche, pese al peor resultado de la historia del PSOE, el líder del PSOE aseguró que el resultado había sido "histórico". Su frase revolvió el estómago de los compañeros de partido que hacía meses que habían perdido la confianza en él y ya trabajaban para apartarlo del liderazgo. Pero Sánchez estaba decidido a gobernar y se presentó por primera vez a la investidura una vez Mariano Rajoy renunció al encargo del rey. 

Ha pasado mucho desde esa investidura, apoyada por Ciudadanos y rechazada por Podemos, justo lo contrario de lo que ocurre en su segundo intento, que salvo que Rajoy dimita lo llevará este viernes hasta el Palacio de la Moncloa. El palacio presidencial es el lugar para el que Sánchez siempre pensó que estaba predestinado desde que comenzó a tejer, poco a poco, complicidades como diputado raso, sin la atención de ningún periodista, antes de dar la sorpresa y presentarse a las primarias del PSOE por primera vez, en 2014 contra Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, ambos ya historia pasada del PSOE. 

Es su segundo debate de investidura, pero es su tercer intento. Por el camino quedó el congreso exprés del partido que quiso organizar para que los militantes decidiesen si debía intentar la investidura con nacionalistas e independentistas que precisamente ahora lo lleva a la Moncloa. Entonces, su partido lo derribó. Hoy, Sánchez controla las estructuras de poder interno y muchos de sus críticos han sufrido una transfiguración repentina al sanchismo conforme se iban acrecentando sus posibilidades de gobernar. 

"Dimita señor Rajoy" es el nuevo "Váyase señor González"

Una victoria que nace de una derrota

La victoria de Sánchez en esta moción de censura nace precisamente de una derrota en las urnas que el líder del PSOE ha sabido finalmente gestionar con gran eficacia. El grupo que apoyará al Gobierno tendrá exactamente 84 escaños, 50 diputados menos que el PP, que ganó las elecciones. El PSOE necesita más diputados de los que tiene para llegar a la mayoría absoluta: 92. Sánchez será presidente con menos de uno de cada cuatro votos en las últimas elecciones generales. Es el porcentaje menor de todos los Gobiernos en minoría, el primero que no supera ampliamente el 30% de los votos. 

Sólo ha habido un presidente que ha gobernado antes sin ganar las elecciones: Leopoldo Calvo Sotelo (1981-1982), tras la dimisión de Adolfo Suárez, justo antes de que el PSOE de Felipe González alcanzase una histórica y, hasta ahora, sin precedentes mayoría absoluta de 202 diputados.

La teoría del tablero de Sánchez

En el PSOE ha habido, desde 2015 sino desde las elecciones europeas de 2014, un debate recurrente. ¿Cómo medir a Sánchez? ¿Se pueden comparar sus resultados con los de otros candidatos o presidentes socialistas? La tesis de sus críticos era afirmativa. Si surgieron Podemos y Ciudadanos fue precisamente por lo mal que lo habían hecho socialistas y populares, pero España sociológicamente sigue manteniendo las hechuras. Con ese razonamiento, un buen líder del PSOE aplacaría a Podemos y podría soñar con ganar las elecciones y repetir gestas del pasado. 

La teoría de Sánchez siempre ha sido distinta. "El tablero ha cambiado", ha repetido en centenares de ocasiones. Por eso ganar o perder ya no se cuenta en términos absolutos, en votos de la era bipartidista, sino en la capacidad de interlocución, en la posibilidad de hacer de la necesidad (de diputados) virtud (de Gobierno). 

Es precisamente lo que Sánchez ha logrado, acompañado por unas circunstancias únicas, el desgaste de Rajoy por la corrupción, y algunas jugadas tácticas tan audaces como con inherentes riesgos. 

Los efectos secundarios de la victoria

La otra cara de la moneda de la victoria de Sánchez en su moción de censura es la fragilidad de su Gobierno y la posibilidad de que, a medio plazo, los electores acaben concluyendo que fue un error porque no ha solucionado sus problemas. Pero hay quien defiende que, en política, el medio y largo plazo ha dejado de existir, si es que alguna vez fue realmente determinante. 

A corto plazo, Pablo Iglesias puede hacerle la vida imposible. No sólo ha reclamado varias veces un Gobierno de coalición que los socialistas no están dispuesto a aceptar sino que le ha pedido ya que se deshaga del Presupuesto del PP y Ciudadanos que Sánchez se ha comprometido ya a ejecutar.

Un Gobierno que nace frágil

Gobernar con 84 diputados es muy difícil, como Rajoy ha recordado citando un rosario de declaraciones de dirigentes y referentes del PSOE que lo han rechazado, desde Felipe González a algún diputado de los que este jueves aplaudía con ahínco. 

Sánchez necesitará un Gobierno fuerte, un grupo parlamentario cohesionado y un forjador de acuerdos en el hemiciclo para explorar una bestial geometría variable por la que obligue a Ciudadanos y Podemos a ponerse de acuerdo en algunas leyes y construya coaliciones de izquierdas para otras. Eso requerirá una potente estrategia comunicativa que hasta ahora el PSOE, mejor en la estrategia de la moción que en su manera de contarla, no ha tenido.

Sánchez tiene en los Presupuestos su arma de doble filo: fuente de frustración porque no son los suyos y, sobre todo, no son los de Podemos, las cuentas públicas son también su mejor aval. Si Rajoy estaba dispuesto a aguantar dos años, ¿por qué no Sánchez?, se preguntan en el PSOE, que en ningún momento del jueves ha hablado de una fecha posible para elecciones generales. 

Ciudadanos, llegar y mantenerse

Sin embargo, la presión de Ciudadanos y la tensa relación con el PSOE, evidenciada en el debate Sánchez-Rivera, probablemente un preludio de lo que viene cada día, hará muy difícil que Sánchez logre nuevas mayorías. Como dicen de los deportistas de élites o los divos de la canción, lo difícil no es llegar sino mantenerse. Y es precisamente lo que nadie duda que le ocurrirá a Sánchez.

Puede parecer que la moción de censura ha sido casi un milagro, y lo es en términos históricos, pero la titánica tarea será darle continuidad a esa mayoría absoluta que hace unos días parecía impensable. De que Sánchez lo logre o, también, que atribuya eficazmente las culpas en caso de no conseguir gobernar, dependerá su futuro y el del PSOE.