Mariano Rajoy, este miércoles en el Congreso de los Diputados.

Mariano Rajoy, este miércoles en el Congreso de los Diputados. Efe

España Sesión de (des)control

De las caceroladas a los pucheros de Tardà: "Rajoy no tiene derecho a hacernos sufrir"

El diputado nacionalista ha comparado la causa catalana con la lucha por la independencia de la India de Gandhi.

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Al ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, se le ha escapado un bostezo cuando Joan Tardà, desde el balcón nacionalista, ha nombrado a Felipe V. El diplomático podría justificarse con un “señoría, tendría que ser inconstitucional remontarse hasta 1714 a las nueve de la mañana”. También podría haberse excusado con el orden del día: la “sesión de control” permite que el PP pregunte a su propio Gobierno. La diputada en cuestión ha empezado: “Queremos agradecerle…”. Normal que Dastis bostece. El halago debilita, pero también aburre.

Ahí estaba Joan Tardà, recambio de excentricismo cuando no habla Gabriel Rufián, ficcionando la Historia cual Steven Spielberg. Siempre de negro, quizá de luto por la tierra prometida que no llega, ha acusado a Rajoy de cargarse la democracia en Cataluña. Una vez más lo ha comparado con Franco, pero sabe que no es suficiente. De ahí que en el episodio de este miércoles haya elegido a Mahatma Gandhi.

Con ese casete infalible para falsear el pasado que manejan los nacionalistas, Tardà ha rebobinado hasta 1943. Esta vez no ha habido bostezos en el perímetro gubernamental, pero sí ojos abiertos hasta esconder el párpado. ¿Gandhi? ¿Franco? ¿Cataluña? ¿Rajoy? ¿Cómo? ¿No fue suficiente con Cervantes, Colón y santa Teresa?

Cataluña y la India

“Por aquel entonces, Reino Unido tenía encarceladas a miles de personas que, pacíficamente, defendían la independencia de la India. Treinta años después, no hubo cárcel para tantos demócratas y la India era independiente”, ha increpado el líder de la bancada de los claveles sin revolución.

Sin tiempo para el respiro –Tardá dice todas estas cosas en apenas tres minutos, lo que supone un mérito incuestionable–, ha recriminado a Rajoy que quiera convertirse en presidente de Cataluña sin diálogo de por medio. El mejor exponente de que el Congreso arroja conversaciones de besugos sin pudor. ¿No era ya presidente de todas las Comunidades que engrosan España? Incluso desde hace un tiempo…

Ese país de satélites en el que cada región levanta una muralla y se gobierna a sí misma parecería una tontería de Tardà si no fuera porque Podemos, por medio de uno de sus diputados, le ha acompañado después: “Rajoy, usted quiere gobernar en Cataluña con sólo el 8% de los votos”. Oiga, señoría, ¡que ya gobierna!, ¡o desgobierna!, pero ahí está.

A Umbral le fascinaba Miguel Mihura porque escribía los segundos actos de sus obras justo después de ver los ensayos del primero. Casi a bote pronto. Si a Tardà se le ocurriera todo lo que dice en el poquito tiempo que dura la réplica de su adversario, habría que brindarle una noche el Real para que se probara a lo grande, por si fuera capaz de alumbrar las “luces de bohemia” de su soñada república catalana.

Como si el entremés histórico no hubiera calado lo suficiente en la Cámara, el nacionalismo se ha despedido este miércoles de “Madrit” con un “Rajoy no tiene derecho a hacer sufrir a los catalanes”. El tono compungido del diputado catalán ha obligado un acuerdo transversal de carcajadas entre PP, PSOE y Ciudadanos.

El presidente del Gobierno ha respondido como siempre: folio en mano y encogiendo los hombros para ilustrar su incredulidad. Que si el 155 “es la única respuesta”, que si “sólo se trata de restaurar la ley”, que “queremos que esto dure poco”… Sus compañeros le han brindado la ovación programada a destiempo, un pelín antes de morir la arenga. Una pena, el teatro de Tardá no ha encontrado espadachín que quisiera formar parte de su opereta.