Alberto Lardiés

Felipe VI pronunciaba este miércoles, 3 de octubre de 2017, el discurso más importante en los tres años y cinco meses de su reinado. Además del contenido, con la petición al Estado de que combata la "deslealtad inadmisible" de la Generalitat, la forma de la alocución ha sido más que llamativa. El Rey ha utilizado un lenguaje gestual más enérgico y firme de lo que en él es habitual

A lo largo de los seis minutos de mensaje, Felipe VI empleaba este martes un tono duro y grave para un momento duro y grave, sin precedentes en la historia reciente de España. Nunca se había visto al Rey, siempre considerado "prudente", con esta tensión en la gestualidad y en la voz. 

Movía las manos más que nunca, con gestos firmes, como cerrar los dos puños o señalar a la cámara con el dedo índice de la mano derecha. Y hablaba con el mentón apretado, sin esbozar ni media sonrisa, con la evidente intención de mostrar una imagen de sobriedad institucional.

Lo mismo se pretendía con la vestimenta escogida, puesto que el Rey lucía un traje oscuro y corbata roja. En las hora previas al discurso se había especulado con la posibilidad de que Felipe VI apareciera ante los españoles con el uniforme militar de capitán general de los Ejércitos, como hizo su padre en el 23-F. 

Un solo plano en su despacho

La realización televisiva de este discurso histórico ha sido sencilla. Solo un plano fijo del Rey, que aparecía sentado en su despacho, delante de un cuadro de Carlos III -óleo de Antonio Rafael Mengs- y junto a las banderas española y europea. Lo más novedoso es que a su lado había un ordenador portátil

En el último mensaje navideño, el del 24 de diciembre de 2016, Felipe VI también grabó sus palabras desde su despacho. Así, se alejaba de las innovaciones de sus dos primeros discursos televisados, cuando compareció ante los ciudadanos en una sala de Zarzuela (2014) y en el Salón del Trono del Palacio Real (2015). Su padre, el Rey emérito, Juan Carlos I, siempre pronunciaba sus alocuciones desde ese mismo despacho, si bien la decoración era distinta.