La politóloga Cristina Monge ha publicado 'Contra el descontento. Por una alianza para construir futuros deseables' (Paidós, 2026).

La politóloga Cristina Monge ha publicado 'Contra el descontento. Por una alianza para construir futuros deseables' (Paidós, 2026). Cedida

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Cristina Monge, politóloga: "Los jóvenes interpretan el feminismo en clave de pérdida de poder y de privilegios"

En 'Contra el descontento', la socióloga aragonesa aborda el retroceso del movimiento como síntoma del malestar y la desorientación de una generación.

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"Hay quien se pregunta cuándo las democracias, antaño máquinas de bienestar, se convirtieron en todo lo contrario, en máquinas del malestar". Y eso, precisamente, es lo que trata de responder Cristina Monge (Zaragoza, 1975), politóloga y socióloga doctorada por la Universidad de Zaragoza y especializada en sostenibilidad, calidad democrática y gobernanza de la transición ecológica a lo largo de las 232 páginas de su última publicación.

Para ella, "el futuro no está escrito" y, como explica en una entrevista con ENCLAVE ODS, "esos descontentos y malestares que hoy existen, en función de cómo se gestionen, pueden socavar las democracias y tensionar la convivencia o, por el contrario, ayudarnos a abordar los retos y, al mismo tiempo, mejorar la convivencia".

Por ese motivo, se lanzó a escribir Contra el descontento. Por una alianza para construir futuros deseables con el que se ha hecho con el Premio Paidós 2026. Pues, se trata, dice, de "una apelación a abrir una conversación de construcción de futuros desde la base de que ese futuro tenemos que escribirlo nosotros".

El libro condensa años de investigación académica y, al mismo tiempo, el pulso de una conversación pública cada vez más crispada. Porque, tal y como refleja en su obra, "desigualdad y desconfianza son dos claves de las sociedades occidentales que actúan en un contexto donde cada vez somos más conscientes de los retos a los que nos enfrentamos".

Crisis ambiental, revolución digital, tensiones en torno al feminismo, movimientos migratorios... "La incertidumbre se ha apoderado del siglo XXI", sentencia. Sin embargo, ese malestar parece haber cambiado de forma.

"Hoy la indignación ha mutado en decepción, por un lado, y rabia, por otro", escribe. Y es que ya no se trata solo de salir a la calle, sino de descreer del sistema. De asumir que nada puede cambiar. Y ahí es donde, a su juicio, se instala el mayor riesgo: la parálisis.

En manos de los jóvenes

La generación Z —aquellos nacidos entre 1997 y 2012— encarna con especial intensidad esa sensación. Crecieron con la promesa de que estudiar, esforzarse y hablar idiomas sería garantía de estabilidad, pero, con el tiempo, han sido testigos de que aquello no era más que un grito al cielo.

Muchos nacieron en la resaca de 2008, atravesaron la adolescencia confinados por una pandemia y alcanzaron la mayoría de edad con una guerra en las puertas de Europa. A lo que, por supuesto, hemos de sumar un mercado laboral precario, una vivienda inalcanzable y una emergencia climática que proyecta sombras sobre el mañana.

Sin embargo, Monge rechaza el cliché de la 'generación de cristal'. Desde su punto de vista, el foco en los jóvenes responde a que son la "punta de lanza" de un cambio de época, aunque los problemas no sean exclusivos de ellos. Pues la precariedad golpea también a personas de mediana edad, a quienes afrontan divorcios con alquileres imposibles o sostienen familias con salarios ajustados.

Cristina Monge recoge el Premio Paidós 2026 por 'Contra el descontento' (Paidós, 2026).

Cristina Monge recoge el Premio Paidós 2026 por 'Contra el descontento' (Paidós, 2026). Cedida

Frente a ese escenario, la autora propone una actitud activista. Porque, como explica en la obra, no se trata de elegir entre el optimismo o el pesimismo, sino de asumir que el futuro depende de nuestras decisiones. "El curso de todo esto depende de las acciones que tomemos y las que dejemos de tomar", escribe. Y ejemplo de ello es la crisis climática.

"El colapso es un marco que la ciencia contempla, pero no es el único. De hecho, dice que no estamos abocados a ello, sino que va a depender de lo que hagamos. Si no hacemos nada, ocurrirá. Y si hacemos algo, pero poco, también. Pero no está escrito que tenga que ser así", explica la maña.

Por otro lado, la revolución digital puede derivar en manipulación y desigualdad o convertirse en aliada del conocimiento y la sostenibilidad. "Depende", insiste.

La cuestión es que en ese "depende" se juega buena parte de la democracia. Porque cuando el sistema falla, la tentación es refugiarse en la idea de que no hay alternativa. Lo que, para Monge, es uno de los grandes triunfos culturales del neoliberalismo: convencernos de que no podemos influir en el rumbo de los acontecimientos. Y, sin embargo, sí podemos.

Crisis de confianza

La desinformación es otro síntoma del malestar. Aunque, en ese sentido, más que imponer una mentira concreta lo que ciertos actores buscan, advierte, es "sembrar la duda sistemática". Pues, cuando todo es sospechoso, cuando cualquier dato puede ser cuestionado sin criterio, la consecuencia no es el espíritu crítico, sino la desconfianza generalizada.

Por ese motivo, recuperar la credibilidad en los medios de comunicación distinguir entre profesionales rigurosos y manipuladores es, en su opinión, una tarea urgente para sostener la conversación pública. Porque, pese a la narrativa de la apatía, la política sigue interesando.

Las tertulias continúan congregando audiencias y la participación electoral no se desploma como se augura —o por lo menos así se ha demostrado durante las últimas elecciones de Aragón—. Lo que ocurre, dice, es que tendemos a reducir la acción política al voto, olvidando la capacidad de la ciudadanía para marcar agenda.

"Todos los problemas están aquí. El descontento, los malestares... Todos tienen su razón de ser. Están fundamentados. ¿Pero qué hacemos con ello? Lo que no podemos es permanecer de brazos cruzados, como si te cayera una maldición divina", asegura.

El feminismo, por su parte, atraviesa un momento complejo. Los datos del Instituto de la Juventud muestran un descenso en la identificación como feministas entre jóvenes —del 80,9% en 2019 al 67,6% en 2023— y también en el apoyo a la igualdad de género. Y pese a que Monge interpreta ese retroceso como parte de una reacción habitual tras grandes avances sociales, también alude a una crisis de identidad.

"El avance de este movimiento hace que los chicos se replanteen los roles de género. No tienen referentes en los que mirarse. [...] Parte de ellos lo interpretan en clave de pérdida de poder y de privilegios", indica. Pero ahí, dice, el problema es que "las feministas no hemos sido capaces de explicar que en una sociedad igualitaria todos vamos a vivir mejor".

Y es que Contra el descontento no pretende ofrecer soluciones mágicas. Más bien, escribe la autora al comienzo de la obra, busca "ser una aportación que ayude a entender los malestares, para a continuación identificar las enormes oportunidades que se pueden abrir si afrontamos los desafíos del futuro con éxito".

Por ese motivo, quizás, al cerrar la entrevista se queda flotando una idea: el futuro no se predice, se construye. Y eso, dice, implica asumir que no podemos permanecer impasibles. "Aquellos que seguimos pidiendo la democracia, tanto por la izquierda como por la derecha, tenemos ahora la obligación de coger el toro por los cuernos", asegura.

"Debemos tomar esos retos que tenemos por delante y entablar una conversación para ver cómo queremos que sea ese futuro dentro de los marcos democráticos de referencia". Y concluye: "Si esa era nuestra obligación, entonces yo lo miro desde la necesidad de ponernos a construirlo".