La silueta de la mujer que camina por la calle en la ciudad por la noche.

La silueta de la mujer que camina por la calle en la ciudad por la noche. iStock

Historias Semana del 8M

La arquitectura reacciona al cambio de vida de las mujeres: "La seguridad no se resuelve llenando la ciudad de cámaras"

Ciudades proyectadas desde la homogeneidad siguen produciendo fricciones en la vida diaria de una sociedad cada vez más diversa y multifuncional.

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Mariana Goya
Publicada

La transformación social de las últimas décadas no se mide únicamente en cifras de empleo femenino o en estadísticas sobre conciliación. También se percibe —aunque con menos visibilidad— en la forma en que habitamos los espacios.

Las ciudades, los edificios públicos y las viviendas fueron proyectados durante años bajo una idea de usuario que parecía neutra. Sin embargo, esa neutralidad escondía un perfil concreto y limitado frente a la complejidad actual.

De hecho, el arquitecto Javier de la Cruz, CEO de DmasC, señala que el denominado "usuario estándar" tenía características muy definidas.

"Si uno analiza los proyectos construidos, ese usuario tenía un perfil bastante claro: era un hombre adulto, sano, con autonomía plena y un recorrido diario bastante lineal", explica. A lo que, además, se sumaba una estructura social en la que los desplazamientos eran previsibles y las responsabilidades domésticas no condicionaba el diseño urbano.

Hoy, sin embargo, la rutina del día a día es más compleja. "La ciudad ya no se recorre en líneas rectas, sino en itinerarios encadenados", afirma De la Cruz. Y es que la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, el envejecimiento de la población, el aumento de hogares monoparentales y el teletrabajo han modificado la manera en que se utilizan los espacios.

Ahora los trayectos incluyen acompañamientos, cargas físicas y múltiples paradas intermedias. Por ese motivo, diseñar sin tener en cuenta esa realidad está empezando a generar fricciones.

La arquitectura, en femenino

Uno de los ámbitos donde esa transformación resulta más evidente es el del cuidado. Aunque no debería recaer en un género específico, los datos muestran que sigue siendo asumido mayoritariamente por mujeres. Y, mientras siga siendo así, indica De la Cruz, "la arquitectura no puede actuar como si eso no existiera".

La incorporación de baños familiares bien resueltos, cambiadores también en aseos masculinos, salas de lactancia en determinados equipamientos o espacios públicos con zonas de pausa se ha convertido en una necesidad funcional. Pues, ya no se trata de gestos simbólicos, sino de adaptar el proyecto a los usos reales.

Letrero de pared para sala de cuidado de bebés en instalaciones públicas.

Letrero de pared para sala de cuidado de bebés en instalaciones públicas. iStock

La seguridad constituye otro factor determinante. Y es que muchas mujeres planifican sus desplazamientos atendiendo a la iluminación, la visibilidad o la presencia de otras personas. Sin embargo, para De la Cruz, la respuesta no pasa por reforzar la vigilancia tecnológica.

"No se resuelve llenando la ciudad de cámaras. Se resuelve haciendo espacios legibles, activos y cuidados", afirma.

En ese sentido, los accesos visibles, iluminación homogénea, eliminación de puntos ciegos, plantas bajas con actividad constante o recorridos alternativos se identifican como decisiones proyectuales que pueden reducir la sensación de vulnerabilidad sin convertir el entorno en un espacio defensivo.

Porque, como defiende De la Cruz, "la arquitectura no puede eliminar el miedo, pero sí reducir la incertidumbre. Y eso ya es mucho".

En el ámbito doméstico, el desfase entre proyecto y realidad también se ha hecho patente. La vivienda contemporánea ha asumido funciones productivas que antes se desarrollaban exclusivamente fuera de ella.

"Los hogares siguen diseñados como si fueran exclusivamente de descanso. Pero hoy en casa se trabaja, se estudia, se cuida, se gestiona", explica el arquitecto. Por ese motivo, la falta de flexibilidad espacial, de aislamiento acústico adecuado o de almacenaje suficiente dificulta la convivencia de actividades simultáneas.

Otro aspecto técnico relevante es el dimensionamiento de servicios en función del uso real. En numerosos edificios públicos se proyecta el mismo número de instalaciones para hombres y mujeres bajo un criterio de igualdad formal. Sin embargo, los tiempos de ocupación no siempre coinciden.

"Igualdad no es simetría", advierte De la Cruz. "Si los tiempos de uso son distintos —por fisiología, por acompañamiento de menores o mayores, por embarazo o lactancia— aplicar una división matemática puede generar desigualdad en la práctica". De ahí que ajustar el diseño a datos de flujos y permanencias pueda ayudar a evitar colapsos y esperas sistemáticas.

De hombres, para hombres

La homogeneidad histórica en los equipos de decisión también ha influido en la configuración urbana. "Sin duda influye quién formula las preguntas", señala.

Y es que cuando la toma de decisiones es poco diversa, cuestiones como la movilidad cotidiana, la seguridad percibida o los espacios de espera pueden quedar en segundo plano frente a planteamientos más centrados en la imagen o el gesto arquitectónico.

Sin embargo, si una ciudad estuviera verdaderamente pensada desde la experiencia femenina, el cambio sería perceptible en la vivencia diaria, tal y como apunta De la Cruz: "Probablemente notaríamos algo muy simple: tranquilidad. No tendríamos que estar constantemente evaluando el entorno".