Una mujer utilizando redes sociales en su móvil.

Una mujer utilizando redes sociales en su móvil. iStock

Historias

Las 'girls', el fenómeno en redes que usa el humor para infantilizar a las mujeres y pone en riesgo el avance feminista

Estas tendencias convierten en algo simpático rasgos que durante décadas se utilizaron para excluir a las chicas de los espacios de decisión.

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La frase I'm just a girl (solo soy una chica, en castellano) se ha convertido en un habitual de la generación Z. Convertida en meme, las jóvenes la utilizan en clave de humor para hablar de cosas que no pueden hacer –por ejemplo, aparcar– por el mero hecho de ser eso, chicas.

No queda ahí, también existen otros fenómenos como el 'girl math' (matemáticas de chicas) en el que, una vez más, se utiliza el humor para justificar compras y gastos mediante una lógica financiera absurda.

Uno de los más habituales es decir que un pago en efectivo no cuenta porque no se refleja en la cuenta bancaria. Otro de los argumentos es que pagar una cena y que tus amigas te envíen un Bizum con su parte unos días después es ganar dinero, en lugar de recuperarlo.

Asimismo, encontramos la tendencia 'girl dinner' (cena de chica, en castellano), que consiste en cenar aperitivos sueltos en vez de una comida completa. Al clasificar un hábito nutricional precario como algo propio del género femenino, romantiza los trastornos alimentarios e infantiliza la autonomía de las mujeres.

Incluso, durante el pasado Mundial de Fútbol celebrado en Estados Unidos, México y Canadá, se produjo una polémica en redes sociales, después de que una chica publicara un vídeo al que llamó The Girl's Commentary y en el que "traducía" este deporte para que las chicas con esta etiqueta lo pudieran entender.

"Muchas de nosotras les conocemos [a los jugadores] por el salseo en redes y no es que no entendamos el fútbol, es que nadie nos lo cuenta con un idioma que nos resulte familiar", decía antes de hablar de los futbolistas más famosos de la competición describiéndolos por sus parejas o exparejas.

Tras la polémica surgida, eliminó este vídeo y publicó otro en el que pedía perdón. Aun así, el revuelo ha puesto de manifiesto que el humor no es tan inocuo como parece, o como se quiere vender.

Lo que hay detrás es una amenaza para la lucha por los derechos de las mujeres y para quienes llevan o estuvieron años y décadas peleando para avanzar en el camino de la igualdad.

Se presenta como una sátira, pero "el humor nunca es completamente neutral", advierte Sonia Núñez, especialista en estudios culturales, género y nuevas tecnologías e investigadora de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC). Cuando la ironía reproduce estereotipos, en este caso sobre la incompetencia de las mujeres, puede operar como una forma de violencia simbólica.

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Además, hay que tener en cuenta el enorme alcance de las redes sociales, señala Laura Barrios, presidenta de Federación Mujeres Jóvenes. "Cuando millones de personas consumen ese contenido cada día, deja de ser un chiste aislado para convertirse en un referente cultural".

Menos voz y autoridad

Colocarlo bajo el paraguas del chiste "desactiva la crítica que pudiera hacerse a este tipo de tendencias", manifiesta la investigadora de la URJC. Presentarlas simplemente como algo gracioso, contribuye a legitimar una imagen de la mujer como un ser infantil y mostrarlas como personas con menos voz y autoridad.

Barrios explica que muchas de estas tendencias "convierten en algo simpático rasgos que durante décadas se utilizaron para excluir a las mujeres de los espacios de decisión". Por ejemplo, la supuesta irracionalidad, la inmadurez o la incapacidad para gestionar responsabilidades.

Desde el Instituto de las Mujeres exponen que, al disfrazar el machismo de sátira, se logra que el público más joven "baje la guardia y normalice una violencia simbólica estructural". Núñez está de acuerdo y agrega que la normalización de estas representaciones produce un efecto de naturalización.

Si las mujeres aparecen de forma reiterada como emocionalmente inestables, irresponsables o incapaces, estos imaginarios construidos en la esfera pública terminan influyendo en la percepción social y en las expectativas sobre la agencia de las mujeres, su poder de decisión, apunta Núñez.

Cuando se bombardea el espacio público con este imaginario simplista, "las mujeres y niñas pasamos a ser seres carentes de confianza y sin agencia, sobre las que se puede y se requiere ejercer un control que legitima dinámicas de sumisión desde la infancia", destacan desde el Instituto de las Mujeres.

Mismos estereotipos, distinto formato

Estos memes se presentan como una suerte de comunidad o de reivindicación de la torpeza y el ocio, un espacio casi de colaboración o de comprensión entre mujeres. Sin embargo, Barrios advierte de que el mensaje no es tal.

Desde su entidad defienden la sororidad y la necesidad de espacios entre mujeres, pero cuestionan esta representación "desde clichés machistas que reducen quiénes somos y todo lo que hacemos".

No son algo nuevo, son los mismos estereotipos que se oyen desde hace siglos, pero en lugar de usar el lenguaje de la discriminación, usan el del entretenimiento, subraya Barrios. Lo que hacen estas tendencias es convertir en divertidos rasgos que se han usado durante décadas para excluir a las mujeres de los espacios de decisión.

"Resta valor a la palabra de la mitad de la población, deslegitima nuestra capacidad de debate y nos empuja de vuelta al silencio mediante la burla y el castigo social", denuncian desde el Instituto de las Mujeres.

La clave de su triunfo está en el poder de las redes para amplificar mensajes simples, atravesados por emociones y fácilmente replicables. Algo que facilita que los prejuicios tradicionales, que creíamos superados o en proceso, se reactiven, como apunta Núñez, de la URJC.

Empoderamiento desplazado

Barrios explica que los algoritmos y el capitalismo digital están condicionando la agencia política de los jóvenes. No son herramientas diseñadas para fomentar el pensamiento crítico, sino para lograr la mayor permanencia posible de los usuarios.

Así, muchas tendencias feministas han acabado simplificadas en estéticas, productos o tendencias que se podían comercializar fácilmente. El resultado: "La identidad se convierte en una marca y el compromiso político corre el riesgo de transformarse en una cuestión de imagen", lamenta la presidenta de la Federación Mujeres Jóvenes.

Una situación que, para Núñez, también ha llevado a cambiar el significado del empoderamiento. Antes este concepto se usaba para hablar de autonomía económica, participación política, independencia, educación o acceso al poder.

Ahora, se presenta como tal "cualquier decisión individual, aunque reproduzca exactamente las mismas desigualdades de siempre".

Desde el Instituto de las Mujeres interpretan este giro como una muestra de "la reacción ultra contra los avances que representa e impulsa". Intentar ridiculizar el empoderamiento hoy en internet o hacer ver que ya no se lleva es la actualización de esa respuesta.

No es que este concepto haya dejado de estar de moda; "es que molesta más que nunca porque ha demostrado su enorme capacidad transformadora desde el feminismo", dicen firmes.

Por eso, Barrios invita a recuperar su sentido político. Una mujer empoderada, defiende, no es la que mejor se adapta a las exigencias del mercado o del algoritmo. Es la que dispone de derechos, recursos y libertad real para decidir sobre su vida sin que ello esté condicionado por desigualdades estructurales.

La aspiración al empoderamiento sigue existiendo, agrega. "Lo que debemos evitar es vaciarlo de contenido".

Por su parte, Núñez teme que estas sátiras se consoliden como modelos culturales de referencia en el imaginario colectivo. Algo que condicionaría los procesos de socialización al tiempo que dificultaría la construcción de modelos igualitarios, advierte.

En ese sentido, para el Instituto de las Mujeres la consecuencia principal es el mantenimiento de un status quo en el que las mujeres permanezcan en segundo plano.

Al presentar a las jóvenes como seres pasivos, superficiales o incompetentes, se les arrebata el potencial de reivindicación y liderazgo, denuncian. "Se pretende desactivar políticamente a la mitad de la población".

Frente a esto, tanto Núñez como Barrios apuestan por la alfabetización digital. Es muy necesario que las jóvenes comprendan cómo funcionan los algoritmos, cómo se construyen los estereotipos y cómo influyen las redes sociales en la autopercepción.

Además, hacen falta más referentes diversos: científicas, sindicalistas, deportistas, creadoras, políticas, ingenieras, que ocupan espacios de liderazgo y muestran que existen muchas maneras de ser mujer, continúa la investigadora de la URJC.

El problema, dice, no son las jóvenes. "Es un ecosistema digital que monetiza los estereotipos y premia los contenidos que generan más interacción, aunque perpetúen desigualdades".