He visto este verano un par de entregas de cierto programa de RTVE en que se presentan casos de perros abandonados que, eventualmente, son adoptados por personas o grupos familiares deseosos de tener una mascota canina.

Al escribir "perros abandonados" quiero significar, naturalmente, 'perros y perras'. La condición de no marcado del masculino lo faculta para asumir la representación de cualesquiera individuos de la especie. Así, advertencias como Cuidado con el perro o Prohibida la entrada a los perros no conciernen solo a los machos: también las hembras pueden ser peligrosas o verse obligadas a quedarse fuera.

Es chocante que en el curso del programa aludido apenas se emplee la palabra perro, ni su femenino, perra. Y en cambio, sí se hace un uso reiterado del nombre en un par de formas de diminutivo.

Los sufijos diminutivos, ciertamente, aportan al nombre la significación 'de pequeño tamaño'. No tiene vuelta de hoja: un palito es un palo pequeño. Pero en muchísimos casos –¿una mayoría, incluso?– esa denotación meramente dimensional se ve completamente desbordada por otras.

Como explica la Gramática de la RAE, los diminutivos expresan muy frecuentemente "matices afectivos, especialmente familiaridad o cercanía, pero también ironía, cortesía e incluso menosprecio". Y así, el que aparece en la frase ¡Qué ganas de llegar a casita! hasta tal punto está al servicio de la afectividad que lo mismo podría decirla un magnate camino de su mansión que un proletario de regreso a una vivienda humilde.

Descartados (o casi) perro y perra, ¿cómo referirse conjuntamente a unos y otras, sobre todo en plural (aunque no solo)?

En el programa de marras, cargado de contenido emocional, de afectividad, el uso de los diminutivos es constante, y muy raro, repito, el de las formas sin sufijo (perro, perra). Como, además, importa mucho a los participantes humanos el sexo de la mascota que desean adoptar, hablan de un perrito o de una perrita, según su preferencia.

En lo que yo vi, ciertamente, nadie volvió a casa con un mastín, un dogo, un pastor alemán ni un pit bull, sino con representantes de razas perrunas de envergaduras menores. Televidentes más asiduos me aseguran que también pasan por el programa algunos perrazos (válganos aquí el aumentativo); pero serán los menos, a buen seguro.

El caso es que descartados (o casi) perro y perra (voces, por añadidura, llenas de significaciones muy negativamente marcadas, particularmente en sus usos adjetivos) en beneficio de perrito y perrita, ¿cómo referirse conjuntamente a unos y otras, sobre todo en plural (aunque no solo)?

Obviamente, con el no marcado, el masculino: sería esperable que en el programa se hablara constantemente de los perritos o de un perrito (de cualquiera de los dos sexos, entiéndase).

Pero dado que a los participantes (humanos) el sexo del animal(ito) les importa grandemente, los responsables del programa han tenido una idea brillante: no usar el diminutivo masculino genérico o inclusivo más habitual, perrito(s), sino este otro: perrete(s). En el programa se oye constantemente hablar de un perrete y de perretes.

Lo interesante, y paradójico, es que ese diminutivo en -ete es también gramaticalmente masculino, pero con la ventaja de que su 'condición masculina' es tan menos marcada que la de perrito(s) que sirve de maravilla a la función deseada. Los sufijos -ete y -eta a duras penas llegan a constituir un par flexivo, y el femenino perreta ni existe.

De ahí que perrete pueda funcionar en solitario y con indiferenciación sexual: como un nombre epiceno. Igual que un lince (masculino) o una jirafa (femenino) pueden ser macho o hembra, un perrete también. Y más inequívocamente que perrito. Gran hallazgo.