“Hijos míos –dijo Luis Miguel Dominguín–. Como ya sabéis, vuestra madre y yo vamos a separarnos. ¿O ya lo estamos, Lucía querida?...

–No, Miguel –contestó ella–, todavía no lo estamos... ¡no confundas a los niños!

–Pues eso, aún no lo estamos, pero estamos en ello... eso sí... ya nos hemos peleado muchas veces y nos hemos dicho de todo, o sea, que por esa parte... estamos ya en paz...

–Me ha llamado hija de puta y cosas peores...

–Porque lo eres, mi amor...

–Bueno, Miguel... que se tienen que ir al colegio... A lo que ibas.

–Bueno... pues que nos vamos a separar y cada uno se va a ir a vivir a su casa... Vosotros os quedaréis aquí con vuestra madre y yo...

–Y vuestro padre se va a vivir con su amante...

–¡Lucía, por favor!... los detalles a los niños, no...

–¡Calla, Miguel!... Hay que aprovechar que estamos los dos y que estamos bien... tienen que enterarse por sus padres y no por otros... Vuestro padre, el torero, se va a vivir con su amante... que además es su prima... El idiota... ¡con todas las que hay, ha ido a dar con la más puta!”

En su libro autobiográfico, que salió hace cinco años y que está muy bien escrito, por cierto, El hijo del capitán Trueno (Espasa), Miguel Bosé descarna su vida y la de su familia con acongojante sinceridad, la palabra pedernal. He leído el pasado fin de semana el libro. Su interés no decae ni en una página. Es soberbio.

Miguel Bosé ha destacado siempre como un hombre libre, un artista independiente, un ser humano volcado en la sinceridad, siempre al servicio de la verdad, capaz de poner en evidencia a todos los que rebuznan contra él. El diálogo entre sus padres para anunciar la separación matrimonial es uno más de los que vertebra el libro.

Luis Miguel Dominguín fue un mito del toreo. Compitió como número uno durante largos años con Manolete, con Arruza, incluso con Ordóñez...

Lucía Bosé era todo lo contrario a una miss despampanante. Los que tuvimos la suerte de conocerla todavía joven nos asombrábamos ante su belleza delicada y profunda.

Era, por cierto, más inteligente que bella, más buena que inteligente. Destacaba en ella la claridad del juicio y el sentido del humor. Inolvidable mujer. En sus bellos ojos aleteaba a veces el águila altiva.

Lucía Bosé era todo lo contrario a una miss despampanante. Más inteligente que bella, más buena que inteligente

Miguel Bosé, que ocupa en la cultura española popular lugar preferente, tuvo una relación intensa de niño y adolescente con Pablo Picasso, que le trataba como si fuera su abuelo. Lo cuenta todo en un capítulo ejemplar que produce asombro.

Picasso está considerado como el más grande artista del siglo XX y su nombre figura junto al de Heidegger en filosofía, Einstein en ciencia, Chaplin en cine, Le Corbusier en arquitectura, Richard Serra en escultura, Churchill en política, Mao Tse-tung en revolución, Neruda en poesía, Pasternak en novela, Bernard Shaw en teatro, Sartre en ensayo, Stravinski en música, Margot Fonteyn en danza, los Beatles en música popular...

Desde que tuve la suerte de conocer fugazmente a Miguel Bosé le consideré máximo representante de un sector de la cultura internacional que desde Buenos Aires a Tokio dedicaba canciones y música popular a multitudes enardecidas.

Leyendo este libro, El hijo del capitán Trueno, se comprende bien la dimensión del personaje que tendrá defectos como los tenemos todos, pero a lo largo de su vida, de toda su obra, el balance resulta abrumadoramente positivo.

Miguel Bosé se convirtió enseguida en personaje por sí mismo desbordando a su padre y a su madre. Amigo de sus amigos, solidario con los desfavorecidos, fue capaz de sobrevivir a una atroz campaña emética de ciertos medios de comunicación que le daban por muerto. También salió airoso de largos años de depresión, drogas y destrucción.

Y ahí está Miguel Bosé, devuelto a la actualidad más inmediata por una serie de televisión que ha incendiado la vida y la obra de un artista excepcional. Corazón malherido, se consideró siempre como un poeta capaz de morir de amor en la Sevilla insólita.

Dominado a veces por la tristeza que se nubla en sus ojos, capaz de descarnarse con la más agresiva sinceridad, enfrentado a la general idiocia, Miguel Bosé sabe que en esta vida solo la verdad es lo que nos hace libres.