Image: Víctor Ochoa huye de su guarida oscura

Image: Víctor Ochoa huye de su guarida oscura

Primera palabra

Víctor Ochoa huye de su guarida oscura

7 diciembre, 2017 23:00

El pueblo tiene un instinto certero para descubrir en dónde se encuentra el artista importante. A lo largo de muchos y escabrosos años, Víctor Ochoa ha esculpido una vanguardia ferozmente independiente, en la que aúlla el bronce, se irrita el barro, se despereza la piedra, se encabronan las resinas, balbucean los metales, se descarga el onirismo erótico, audaz y fugitivo, y se incorpora la audacia de nuevos materiales y colores. Víctor Ochoa es un grito de modernidad y anticipación, una descarga del oficio bien aprendido al servicio de la más sobrecogedora y original estética.

Impresionante su exposición en el Club Alma. Los espectadores salen deslumbrados, atónitos, aturdidos. "Incapaz de mantener el equilibrio de mis sueños sobre una realidad amenazante -escribe el escultor- y de alzarme al tiempo sobre las tradiciones de este oficio, decidí mutar las herramientas y dejarme llevar". Víctor Ochoa ha abandonado provisionalmente el mármol, el estuco o el bronce, y ha sumergido sus manos en el océano de los nuevos materiales, desde los metales a las resinas esmaltadas de color. El resultado es una vanguardia que descarga la belleza sobre el espectador. "Navegando en tu piel hipnótica y musical, voy camino a la perdición”, escribe devastado el escultor, que cincela su vida con palabras de aliento bíblico: "Las aguas me envuelven hasta el alma, me he acercado al abismo y las algas se han enredado en mi cabeza”. Al canto de la luna, danzan sus bailaoras de esmalte y resina. La osadía de las formas con las que Víctor Ochoa fractura el aire, se encienden en la oquedad de sus dedos cada vez más sensibles y espiritados.

En el vedanka sankárico se lee: “Soy el terciopelo profundo del cielo en la noche, los remolinos de niebla en la penumbra, cubiertos de misterio”. Y Víctor Ochoa esculpe a la diosa Kali con fatigados esmaltes azules coronados de rojo que multiplican la descarga de energía de la consorte de Shiva. Toca ya el artista el elixir de la vida eterna, y lo sabe. Igual que Miguel Ángel cuando sintió que el cincel le temblaba sobre la Virgen dolorosa. Pero es el hinduismo el que atrapa al escultor y padece con él para enfrentarse a la incógnita del hombre: no saber adónde vamos ni de dónde venimos.

El espectador se queda atónito ante tanta profunda belleza. El escultor dedica a la diosa de la eterna juventud el pensamiento de Jorge Luis Borges, el hombre de la esquina rosada, el escritor inconmensurable, superior incluso a algunos iberoamericanos que se alzaron con el Premio Nobel: “No hay cara que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño”. Y un sueño hondo es la exposición de este escultor que ha esparcido sus obras por el entero mundo y que dejó en la capital de España la soberbia cabeza del gran exiliado español contra la dictadura, un tropel desbocado y al viento en la más bella plaza del Madrid del futuro.

Zigzag

El robot Xiaoyi se ha presentado a los exigentes exámenes de licenciatura en la Universidad china y ha conseguido con notas brillantes la licencia para ejercer la medicina en el gigantesco país asiático. Se trata del más sorprendente y aleccionador triunfo de la Inteligencia Artificial. En las áreas rurales chinas, la escasez de médicos ha sido siempre endémica. Robots como Xiaoyi podrían solucionar, al menos en parte, la situación límite en la que se encuentran los enfermos del mundo rural. El nuevo robot es capaz de investigar sobre millones de estudios y expedientes médicos, comprobar los datos del paciente, emitir diagnóstico y proponer las recetas adecuadas. Todo ello en escasos minutos. El próximo año se podrá comprar este robot, que ha despertado máximo interés en el mundo científico. Es el tiempo nuevo que llega.