MEMORIAS. “Me doy cuenta de que, poco a poco, voy volviéndome ponzoñoso”, escribió Gregor von Rezzori (1914-1998), y no le faltaba razón.

Este reconocimiento no figura en Tras mi rastro (1997), sus jugosas y burbujeantes memorias, publicadas por De Conatus esta primavera, aunque en sus páginas hay sobradas muestras de sus maldades y de su carácter chismoso, perfectamente compatibles con la frecuente profundidad de su pensamiento y con la trabajada excelencia de su escritura.

En el tramo final de Tras mi rastro encontré varias páginas que activaron mi curiosidad y mi afición detectivesca, y de sus resultados va este artículo.

El potente y tardío novelista de la magistral Memorias de un antisemita (1979) se lamentaba de su calamitosa experiencia durante el rodaje de ¡Viva María! (1965), que hizo saltar por los aires su amistad con su director, el francés Louis Malle, para quien ya había hecho un importante papel secundario en Vida privada (1961).

A lo tonto, Von Rezzori, un tipo bien parecido con hechuras de galán entre bohemio y aristocrático, intervino como actor en una docena de películas y escribió los guiones de unas diez, ninguna muy relevante.

El escritor fue actor en '¡Viva María!' y escribió un explosivo libro sobre el rodaje con Louis Malle

¡Viva María! –está en Filmin–, con el estruendoso reclamo de las dos estrellas francesas del momento, Brigitte Bardot y Jeanne Moreau, quería ser, y en parte fue, una comedia de aventuras en México, en la que dos artistas de variedades que pululan con un circo ambulante se suman fogosamente a la revolución.

Con este envite, obviamente, Malle se separaba del cine de autor y apostaba por el cine de gran espectáculo y entretenimiento con fondo, eso sí, crítico.

MAGO. Malle le dio a Von Rezzori el papel de un mago circense y aceptó de buen grado que el escritor enviara crónicas a diversos medios sobre la marcha del rodaje y publicara un libro. Todo ello sería publicidad para la arriesgada película.

Me puse a buscar el libro y lo conseguí. Seix Barral lo editó en 1966 en España con el título de Viva María (Los muertos, a sus lugares). Esa segunda parte del título es fruto de una magnífica captura del ojo observador de Von Rezzori.

En las numerosas escenas de batallas con cientos de extras, los combatientes caían abatidos como moscas. Llegaba la hora de parar para comer y todos se levantaban del suelo y acudían a por su rancho. Terminado el condumio, se reanudaba el rodaje y el ayudante de dirección vociferaba por su megáfono: “¡Los muertos, a sus lugares!”. Era preciso, ya saben, que todo el mundo recuperara su exacta posición de antes del parón para dar continuidad a las imágenes.

ESTÚPIDO. El libro de Von Rezzori recoge su diario de rodaje en México de enero a junio de 1965, sumergido en ese oficio “aburrido y estúpido” que, a su juicio, es la filmación de una película bajo un calor sofocante, con larguísimas esperas en las que no se hace nada, al albur de escorpiones, mosquitos y garrapatas y con los nervios en punta por la abundancia de incidencias y, sobre todo, por la insoportable efervescencia de los egos.

Y, hete aquí, que llegaron al rodaje mismo los primeros reportajes publicados por Von Rezzori –según él, mutilados y manipulados por los editores–, y todo el mundo se enteró de que el mago, y también intruso, de la película criticaba “ponzoñosamente” a diestro y siniestro, se mofaba de unos y de otros y, sobre todo, estaba empeñado en destacar una infernal y caprichosa rivalidad entre Jeanne Moreau y Brigitte Bardot, a la que elevaba a las nubes, pues era su favorita.

En boca de la mujer del director ponía este comentario sobre Moreau: “Se cree, por ejemplo, que como es fea tendría que ser inteligente”. Y se burlaba de su ambicioso amigo Malle con un mote venenoso: Louis B. de Malle... Explotó la dinamita.