Cibran Sierra Ignacio Morgado

Cibran Sierra Ignacio Morgado

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¿Existe el oído absoluto para la música?

¿Existe el llamado 'oído absoluto'? ¿Dónde se aloja? ¿Cómo se manifiesta? Ignacio Morgado desde la ciencia y Cibrán Sierra desde la creación musical exponen sus ideas sobre una cualidad que exhibieron Mozart y Bach

1 marzo, 2019 01:00
Cibrán Sierra Vázquez
Violinista y miembro del Cuarteto Quiroga

Oído ¿absoluto?

“Lo que oímos en música está condicionado, no sólo por el sonido que realmente se emite, sino por el sonido al que estamos acostumbrados y que esperamos”. Esta afirmación del etnomusicólogo Bruno Nettl nos proporciona el marco de partida ideal para este breve debate sobre el oído absoluto, un fenómeno cuyo valor musical es bastante relativo. Porque ¿qué quiere decir tener oído absoluto? Aseguramos que alguien posee esta facultad cuando puede identificar tonos musicales con sólo oírlos y, si además tiene conocimientos teóricos, es capaz de nombrarlos. El problema fundamental que plantea esta habilidad -que la cultura popular considera una bendición, un talento innato, rasgo de una personalidad con aptitudes naturalmente privilegiadas para la música- es que, como afirma Nettl y como han demostrado numerosos estudios (Ball, Huron, Sacks, Janata), su componente cultural es tan fuerte que su definición de absoluta no resiste el más mínimo análisis crítico.

Cuando alguien identifica y nombra las notas que oye lo hace en base a su experiencia. Muchos europeos reconocemos los doce semitonos de la escala cromática que articula nuestra tradición musical, pero la etnocentrista seguridad de nuestro oído absoluto hace agua si nos enfrentamos a los veintidós tonos de la sa-grama india, a los modos sléndro y pélog del gamelán indonesio o incluso a las divisiones microtonales de ciertas músicas de vanguardia. Además, cuando uno oye un sonido y afirma “¡eso es un La!”, ¿en base a qué sistema de afinación lo hace? Porque, sólo en Europa, la frecuencia a partir de la que se ordenan las notas, el diapasón, ha cambiado mucho -y sigue variando- a lo largo de la historia, por no hablar de los temperamentos que ajustan la afinación interválica. Sólo diapasones hay -y ha habido- para todos los gustos, desde los 392Hz hasta los 465Hz, así que ¿de qué absoluto hablamos? Es la educación recibida la que modela la plasticidad cerebral para construir y entrenar un oído desarrollado y extremadamente exigente, capaz de manejar los tonos con los que trabaja y así adaptarse a diferentes modos, escalas, temperamentos y timbres.

"La sociedad y el sistema educativo deberían centrarse en fomentar el arte de escuchar en vez de mitificar unos supuestos talentos innatos que pueden ser un lastre "

El pensamiento musical y su práctica instrumental son de naturaleza relativa. La afinación lo es también y, por tanto, lo importante para un buen músico es cultivar un oído capaz de reconocer relaciones entre sonidos (intervalos) con tal precisión y memoria que sea capaz de ajustar una frecuencia sonora a lo que cada contexto le exige. El así llamado oído absoluto ayuda a la hora de reproducir frecuencias cromáticas imprevisibles, pero podría ser un lastre para transportar músicas y para cambiar de temperamento, diapasón y hasta de tonalidad. La sociedad y el sistema educativo deberían centrarse en fomentar el arte de escuchar, entrenando la disciplina auditiva y el canto, en vez de mitificar unos supuestos talentos innatos que no hacen ningún favor al desarrollo de las aptitudes y los gustos musicales de la población.

Ignacio Morgado
Catedrático de Psicobiología y Director del Instituto de Neurociencias de la UAB

Una capacidad heredada

A diferencia de otros sentidos, como la visión o el tacto, donde los estímulos pueden ser estáticos, el tiempo es una variable fundamental en la audición. Eso significa que los estímulos sonoros presentan variaciones temporales en sus características (amplitud, frecuencia, periodicidades varias, timbre). Esas variaciones modulan el estímulo sonoro y sirven para codificar la información que llevan. El cerebro humano, como el de muchos animales, es capaz de percibir la información contenida en sonidos modulados en escalas de tiempo que van desde unos cuantos milisegundos a cientos de ellos. Un sonido complejo puede incluir cambios inclusivos que se repiten a frecuencias diferentes. Las modulaciones de baja frecuencia son importantes para la percepción del habla y las melodías musicales mientras que las de alta frecuencia lo son para tonos bruscos y de alarma. De ese modo, podemos decir que los sonidos complejos del lenguaje y la música también tienen tono, pues presentan cambios periódicos y regulares en sus características cuya percepción por el cerebro auditivo resulta necesaria para comprender el habla o apreciar la música. Los neurocientíficos nos sorprendemos de que el nervio auditivo (octavo par craneal) pueda llevar tanta riqueza de información temporal desde el oído hasta el cerebro.

"Todas las personas nacemos con alguna capacidad para detectar la armonía aunque solo algunas privilegiadas nacen con la capacidad de distinguir fácilmente las frecuencias sonoras "

La música es siempre algo especial en el mundo del sonido. En ella cada nota se percibe como un tono particular. Dos o más tonos simultáneos forman intervalos armónicos y acordes, y dos o más tonos sucesivos originan intervalos melódicos y melodías completas. La combinación en proporciones equilibradas de las distintas frecuencias que integran las ondas sonoras produce sonidos armónicos que nuestro cerebro percibe como bellos. Los sonidos armónicos se caracterizan por modulaciones periódicas de la amplitud de las ondas sonoras que reflejan la vibración de las cuerdas vocales o de los instrumentos musicales. Son elementos esenciales del habla y la música en los humanos y también en la comunicación entre animales. Pero el reconocimiento de la armonía no es algo que aprendemos. Es una capacidad intrínseca del cerebro humano, es decir, una capacidad heredada en buena medida.

Todas las personas nacemos con alguna capacidad para detectar la armonía, aunque no todas, sino solamente algunas privilegiadas, como Mozart, Bach y Tchaikovsky entre los clásicos, y Stevie Wonder, Frank Sinatra, Jimi Hendrix o Freddie Mercury, entre los contemporáneos, nacen con la capacidad de distinguir tempranamente las periodicidades o frecuencias sonoras, el llamado tono u oído absoluto. Al oído absoluto se le ha llamado también oído perfecto, y se le ha definido como una capacidad humana para identificar la frecuencia de un estímulo auditivo aislado sin la ayuda de un estímulo auditivo referencial. Es decir, ser capaces de leer fácilmente los sonidos. El común de los mortales reconocemos mucho más fácilmente los ritmos que los tonos, salvo en el caso de que tengamos educación musical. También hay quien padece amusia, una incapacidad para percibir los tonos y los ritmos.