Carmen Hernández Zurbano.

Carmen Hernández Zurbano. Ana Rosc

Poesía

'El baile de la naranja', de Carmen Hernández Zurbano: poesía con los cinco sentidos

La autora despliega en 48 poemas las "interminables maravillas" del mundo terrenal con una escritura en extremo sensitiva.

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Carmen Hernández Zurbano (1976) es autora de Géiser, La felicidad lingüística, ¿eres okupa?, Trucha vagabunda y Esa flor parece un pájaro. De Polen y Tengo la barriga cuadrada y la cabeza llena de lombrices. De la antología ¿Qué hace el sonido de la noche en verano dentro de casa?

Portada del libro 'El baile de la naranja', de Carmen Hernández Zurbano.

Portada del libro 'El baile de la naranja', de Carmen Hernández Zurbano. RIL

El baile de la naranja

Carmen Hernández Zurbano

RIL, 2026
74 páginas. 14 €

“Mi casa está en Cáceres”, afirma esta escritora, médica y antropóloga. Con esta última dedicación está muy relacionado este libro excelente (en la cubierta, una acuarela de Amanda Newton) que se abre con el fragmento de una canción tradicional cusqueña. No es el único signo cosmopolita de una obra que tan en cuenta tiene lo popular.

Cuarenta y ocho poemas sin título ni casi signos de puntuación, solo sujetos al ritmo que marca la personal voz de Zurbano (un lenguaje muy consciente de su intención y de su alcance, con un rico vocabulario elegido con esmero que acoge palabras del latín, náhuatl, quechua…), despliegan ante el lector un mundo terrenal “lleno de sus interminables maravillas” donde la infancia verata y la memoria infantil (inevitablemente rural, agrícola y campestre, junto a sus abuelos y su madre) se mezcla con distintas situaciones vividas en México, Perú o India.

Al fondo, mitos, costumbres, leyendas... Y vivencias, claro. A uno le recuerdan estos versos los poemas primitivos que rescató Cardenal en su memorable antología. Sabores, olores, sonidos y visiones están muy presentes en esta poesía en extremo sensitiva, tan cercana a verduras, frutas, árboles, animales… Al alimento y la comida. A lo simbiótico.

Una suerte de viajera ilustrada del XVIII nos parece a ratos Zurbano; formada, ya se lee, científicamente (química, botánica). Sus descripciones, de puro precisas, se tornan poéticas. Aquí la imaginación juega a favor de la belleza y de lo sagrado. “No te preguntes si esto es verdad, acoge / más bien con fe las palabras”.