Image: Stradivarius Rex

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Novela

Stradivarius Rex

Román Piña

12 junio, 2009 02:00

Patricia Highsmith

Sloper. Palma de Mallorca. 266 páginas, 18 euros

William Clinton amanece eufórico y dispuesto a dar una campanada histórica: prohibirá el uso del plástico con la complicidad de Tony Blair. Con esta jocosa escena arranca Román Piña (Palma de Mallorca, 1966) Stradivarius Rex, en línea con ese tipo de novela iconoclasta que le gusta al creativo narrador mallorquín. El responsable de aquel despropósito no es el presidente americano sino un sujeto, Marcos, que padece por un hechizo el castigo de habitar cada día un cuerpo distinto, cambiando a otro a la medianoche. El sencillo e inculto Marcos, que debe el apodo del título a haber confundido un Tiranosaurus con el prestigioso violín, vive dicha experiencia durante 3650 días, lo cual viene a ser, manejado por el ocurrente autor, como la excusa argumental para escribir una comedia humana de comedida amplitud, representativa de los anhelos de nuestra especie. De este modo, el juego y la invención se ponen al servicio de una causa tan formal como esa. La raíz del relato está en el deseo de Marcos, simple currante, modesto empleado de un taller de lavacoches, de mejorar de condición. Para ello decide triunfar haciéndose escritor famoso, premio Planeta y hasta Nobel. Las dos vidas del protagonista se encadenan en la crónica que él mismo cuenta y forman el tejido con el que Piña hace un repaso por numerosas circunstancias vitales. Así sale un amplio repertorio de usos, costumbres, valores... que valen por una síntesis con ambición de retratarnos. Todo lo humano se va encarnando por medio de tipos curiosos y de situaciones imaginativas. Y la trama, organizada en unidades bastante independientes, funciona por intencionada acumulación. La veta principal de Stradivarius Rex es humorística con registros que van de la ironía al sarcasmo, y con apuntes de crítica revulsiva. La novela va repleta de excelentes pasajes como el empeño de Marcos de aportar algo al Guinness y conseguirlo con un record de estornudos. O las páginas de Salvar al soldado Aquiles, una novela histórica de tema homérico que parodia con estilo divertidísimo este género de moda. Pero no es el único tono del libro. Cierta seriedad se aplica a las relaciones personales y familiares. La ternura no falta al tratar de los afectos. Y auténtica gravedad marca un capítulo dedicado a los enfermos terminales y la muerte, donde, además, se desliza, sorpresivamente en un escritor tan dado a la sana provocación, una apología de la modestia, un auténtico “ejemplo” de valores contrarios a los de la fama y la apariencia de nuestra sociedad mediática. Román Piña practica un valioso costumbrismo crítico. La técnica de la estampa, la construcción emparentada con la comedia cinematográfica, el jugoso fraseo de un diálogo vivaz y de buen oído para la lengua conversacional y el estilo directo son los atinados recursos de una incisivo cuadro contemporáneo. El humor tiene escaso crédito en nuestras letras, pero hay que reconocerle su categoría artística cuando sirve de excipiente a una literatura amena con propósitos serios, como es el caso.