Image: Los vencidos

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Novela

Los vencidos

Antonio Ferres

30 junio, 2005 02:00

Antonio Ferres. Foto: Jesús Maqueda

Gadir. Madrid, 2005. 345 páginas, 18 euros

La aparición de Los vencidos requiere un poco de historia. Es ésta una antigua novela de Antonio Ferres, veterano escritor madrileño nacido en 1924. Activo militante contra la dictadura, fue uno de los puntales de la literatura del realismo social en los años 50 y en el decenio siguiente se vio obligado a tomar el camino del exilio.

La censura prohibió la publicación de Los vencidos en 1960, tuvo diversas ediciones inmediatas en diferentes idiomas, antes incluso de que apareciera en castellano en una editorial antifranquista de París en 1965. Nunca hasta ahora se había editado en España, ni había circulado entre noso-tros. No es una novela aislada, pues forma parte de una trilogía que pretende ser un amplio testimonio de la España de postguerra, "Las semillas", cuyo título inicial, Al regreso del Boiras, también estuvo prohibido desde 1961 y tampoco pudo publicarse aquí hasta su reciente rescate. Víctima, además, el texto de esas anormales circunstancias, el propio autor confiesa ciertas dudas respecto del remoto y al parecer perdido original.

Este puñado de datos es imprescindible para afrontar, hoy, la lectura de una obra cuya vida natural fue cercenada. Al tratarse, prácticamente, de una novedad editorial absoluta, ¿la consideraremos como un libro de ahora o como muestra relevante de un modo de escribir de otra época? Es ésta una pregunta fundamental pensando en el lector común, en alguien que de modo casual se encuentre con el libro. Parece claro que, ignorado ese contexto, Los vencidos resulta una novela algo inactual: su evidente propósito de denuncia y los recursos narrativos empleados pertenecen, por suerte, a las exigencias de unos tiempos que pedían al escritor una actitud militante frente a un régimen dictatorial, intolerante e inhumano.

En efecto, Los vencidos quiere ser un testimonio de época claro y nítido, directo, revulsivo, un medio para incitar a la rebeldía o concienciar de la injusticia. La acción tiene su núcleo principal en una cárcel no lejana de Madrid donde sufren indecibles rigores algunos republicanos derrotados en la guerra civil. Los sucesos se pautan con la marcha adversa de las tropas nazis. Espacio y tiempo se dilatan más allá del presente y de la prisión y entran en la novela episodios de la guerra y la vida sojuzgada de los derrotados en los barrios populares madrileños. También hay un retrato de los carceleros. En suma, Ferres selecciona unos elementos sociales concretos para recrear un ambiente colectivo, un sector de la España de la primera postguerra. El foco de la novela, como subraya el título, está en los vencidos y sus vivencias, dolor y miedo, compensadas con actos de fe y de cauta rebeldía y con algunas notas de esperanza propias de una novela militante.

Materiales y enfoque semejantes abundaron en el realismo social. El propio Ferres contribuyó a esta narrativa con una novela muy valiosa, La piqueta, y con un excelente libro de viajes, Tierra de olivos. No tuvo el mismo acierto en Los vencidos, que paga un precio en exceso alto a una literatura comprometida. Ese tributo a la ejemplaridad y al valor simbólico se nota de manera particular en los personajes, una amplia nómina de corte maniqueo. Los vencidos están demasiado esquematizados, son generosos, sufridos, idealistas, sacrificados por la causa, soli- darios, los más jóvenes confían en un futuro mejor mirándose en el espejo de los derrotados, y las relaciones amorosas entre los presos y las mujeres que padecen por ellos desprenden un ternurismo inocente. Las angustias de los represaliados son verosímiles, su base realista y consiguen los efectos proyectivos buscados, pero los protagonistas resultan planos, algo elementales, bastante simbólicos. Incluso desatiende el autor la posibilidad de penetra- ción psicológica que pide un personaje del otro bando, un carcelero que vive su trabajo con episódicas crisis. La prosa, de deliberada simplicidad, anda en esos límites en que la sencillez roza la pobreza. La predominante frase corta, muy eficaz para el diálogo, cae en la narración en un convencionalismo extraño al castellano: prácticamente nunca se encuentran oraciones subordinadas.

También el léxico se ciñe a un caudal de voces demasiado restringido. La verdad de los dramas humanos que encierra Los vencidos, el deseo de justicia social que estimula esta escritura, el benemérito empeño de desvelar las atrocidades perpetradas por un régimen que apro- vechó una cuartelada para exterminar y vejar sin excepción ni contemplaciones a los discrepantes, todas esas virtudes éticas, políticas y cívicas que inspiran al combativo Antonio Ferres de 1960 dieron esta novela representativa de una estética de denuncia. Fue una literatura necesaria, propia de una época anormal y, en cualquier caso, merece una presencia pública: por eso el de Los vencidos es un rescate oportuno.