Image: La piel del cielo

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Novela

La piel del cielo

Elena Poniatowska

23 mayo, 2001 02:00

Premio Alfaguara de Novela. Alfaguara. Madrid, 2001. 439 páginas, 2.950 pesetas

El jurado del premio Alfaguara jugó sobre seguro cuando concedió su premio de Novela 2001 a la escritora mexicana Elena Poniatowska (nacida en París en 1932 y residente en México desde 1942). Su labor como periodista y cronista era ampliamente conocida y reconocida, especialmente desde la publicación de sus libros La noche de Tlatelolco (1971), crónica en la que cabe destacar su innovador punto de vista, y Fuerte es el silencio (1980), donde denunciaba las perversiones de la política del PRI y los cómplices silencios. En la actualidad, esta princesa de origen polaco, tataranieta del último rey de Polonia y descendiente de uno de los mariscales de Napoleón, defiende el movimiento zapatista y se muestra acérrima partidaria del subcomandante Marcos. La piel del cielo relata la historia de una vocación por la ciencia astrofísica ligada a la evolución de la propia historia de México, poblada de personajes con apasionantes relatos. Es, al margen de su labor periodística, su obra más ambiciosa y no sólo porque se inspire en elementos autobiográficos, ya que la autora estuvo casada con un astrofísico, modelo deformado del protagonista.

Se trata de una narración cíclica que se inicia cuando, de niño, Florencia, su madre, le inicia en la observación de la maravilla de las estrellas. Una buena parte de la novela, que sigue las peripecias vitales y las dificultades para realizar una labor científica en México, gira en torno a la pasión por el trabajo. La vida personal de Lorenzo, el protagonista, es sacrificada en el altar de esta pasión. No será difícil enlazar su dedicación con la historia de los mexicas precolombinos, sus calendarios, pirámides y observaciones astronómicas. Salvo su estancia en la Universidad de Harvard, a la que renuncia por un cierto patriotismo y los frecuentes viajes de la última etapa de su vida, la mayor parte del espacio narrativo transcurre en Puebla y México, en observatorios situados en zonas despobladas como Tonantzinytla, Tacubaya, etc. que le permiten reflexionar sobre la naturaleza del país. La íntima relación con sus hermanos se destruye también (excelente resulta el retrato de Juan) y un tanto difusa, excesivamente cargada de símbolos, la figura femenina de Fausta (el mito de Fausto) que suma la mujer violada por su propio hermano, liberada, lesbiana, inteligentísima, incansable en el trabajo, casi hippie, de la que el ya maduro Lorenzo se enamorará sin éxito y con la que cometerá el último error, que cierra una historia de soledad. La narración oscila entre la divulgación de una sacrificada profesión que requiere las prestaciones de la alta tecnología que sólo puede facilitarle los Estados Unidos (su relación con Norman, su amigo estadounidense, se convertirá en su desdicha, puesto que Fausta elige compartir su vida con él) y el lento, aunque progresivo, deterioro de su carácter. Suma cargos y distinciones, pero no aprende a convivir y a entender a sus semejantes. Su mejor alumno se suicida, abandona a su propio hermano, que, pese a su destacada inteligencia, acabará en prisión.

Posiblemente La piel del cielo no resulte una novela de fácil lectura. Su pecado -si lo hay- reside en un exceso de ambición; la intención de una autora que intenta abarcar la totalidad de un mundo complejo y problemático en páginas, donde vocación y vida personal parecen irreconciliables.

Elena Poniatowska describe las dificultades de la ciencia en México, enfrentada a la burocracia, la desidia y el desinterés público, hechos todos ellos equiparables a otros países. Está escrito con impecable oficio y los diálogos, plenos de mexicanismos, muestran el dominio del registro lingöístico, de su riqueza verbal. Nadie puede dudar de la eficacia expresiva de esta notable escritora mexicana.