Image: Diálogos sobre Mozart. Reflexiones sobre la actualidad de la música

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Ensayo

Diálogos sobre Mozart. Reflexiones sobre la actualidad de la música

Nikolaus Harnoncourt

9 septiembre, 2016 02:00

Nikolaus Harnoncourt. Foto: Herwig Prammer

Traducción de Jorge Seca. Acantilado. Barcelona, 2016. 384 páginas, 22€

La ensayista austriaca Johanna Fürstauer reúne en este volumen ideas de Nikolaus Harnoncourt que estaban dispersas en discursos, entrevistas, notas de programa de conciertos y carpetas de discos. La recopilación proporciona pistas a los oyentes y claves a los músicos, pero sobre todo aclara y pone en contexto la cuestión de fondo: cómo interpretar la música de otras épocas y, en particular, la de Mozart. Desde la fundación en Viena, a principios de los cincuenta, de su célebre grupo Concentus Musicus, Harnoncourt es para muchos el mascarón de proa de la interpretación historicista y el padre del "sonido original".

A lo largo de las décadas posteriores, han ido surgiendo a su estela solistas, grupos de cámara, directores, conjuntos, coros y hasta orquestas enteras en cuyas manos está hoy mayoritariamente la interpretación de la música renacentista, barroca, clásica y postclásica. Pero el fundador ha prestado siempre una atención a lo distinto y a lo poliédrico que contrasta con la solidez del credo de la mayoría de sus seguidores, que adoptaron sin crítica algunas de sus soluciones concretas (uso de instrumentos antiguos, acentuación del contraste, renuncia al vibrato) y las blanden desde entonces como si fueran la zapatilla de Brian. Harnoncourt recuerda que el estudio de las fuentes, y el uso de cuerdas de tripa o de trompas naturales no es suficiente. "Un músico actual -advierte-, producirá siempre un sonido actual, por mucho que toque instrumentos originales de otra época". Y añade: "Lo único importante es la dimensión emocional de la música y, para expresarla, me vale cualquier medio, cualquier instrumento". No tiene ningún problema en renunciar a los instrumentos originales si por los motivos que sean le conviene.

Impresiona la obsesión de Harnoncourt por someter a crítica toda postura estética.

La vía Harnoncourt no es la del historicismo estricto. Él entiende la fidelidad al compositor como una vocación personal y una necesidad creativa basadas en el diálogo entre artistas (compositor e intérprete) y entre épocas (la de composición y la de interpretación); un diálogo que alberga todo tipo de contradicciones. Las verdades que surgen de ese ejercicio de fidelidad dialéctica son siempre múltiples y reclaman para su expresión un plano complejo, cubista, desplegado en numerosas facetas contradictorias, todas ellas verdaderas. Impresiona la obsesión de Harnoncourt por someter a crítica toda postura estética, incluida la suya. Cuando le invitan a dar el discurso inaugural de la celebración de los 75 años del Festival de Salzburgo, empieza sus palabras advirtiendo que la mejor manera de conmemorar algo es mediante la reflexión crítica y tres líneas después está ya hurgando en las miserias -sobre todo políticas- de la historia del festival. No es tanto actitud pendenciera, cuanto propensión natural a la contradicción, a ese tipo de contradicción fecunda que está detrás de toda ciencia y de todo arte: llamamos científico al que insiste en contradecir la verdad imperante hasta depurarla o incluso desecharla y, artista, al que se recrea en la contemplación de la contradicción hasta ver nacer de ella un universo poético entero. Harnoncourt entiende la contradicción como riqueza y, el vértigo de la duda, como chispa eléctrica que surge entre polos contrarios y lo ilumina todo.

Lo que de verdad le fascina es la inacabable complejidad de las obras de arte y, aún más, la evolución de la apreciación y la interpretación de esas obras a lo largo de la historia. Las "verdades nuevas" que cada generación descubre, a menudo diametralmente opuestas, no son, en su opinión, sino facetas distintas de una misma realidad, esencialmente incomprensible. No existe un solo Mozart, sino muchos, tantos como generaciones se han sucedido en la acogida de su música. Y todos esos Mozart son el verdadero. A Harnoncourt le desconcierta la seguridad que muestran tantos intérpretes "historicistas". "Para mí no hay un estilo Mozart-escribe-. Me enfurece la arrogancia de los que afirman que existe y que saben en qué consiste". A él le impresionó mucho un concierto de piano de Leonard Bernstein, cuyo Mozart todos despreciaban por estar "fuera de estilo". Le gustan también otras interpretaciones heterodoxas, como la Sinfonía en do menor dirigida por Pablo Casals o las óperas dirigidas por Fritz Busch en el Festival de Glyndebourne. Y remata con un "Mozart es el mayor compositor romántico" que desconcertará a cuantos hayan entendido la revolución Harnoncourt como una cruzada antirromántica.

@GuibertAlvaro