Image: La imaginación sonora

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Ensayo

La imaginación sonora

Eugenio Trías

6 mayo, 2011 02:00

Eugenio Trías. Foto: Begoña Rivas

Galaxia Gutenberg, 2010. 675 páginas, 26 euros


Lo venimos subrayando en estos textos nuestros: en el creador o en el pensador auténticos la misión de la palabra es siempre ir más allá. Cuando escribimos así no sólo nos referimos al riesgo y a la novedad formal que cualquier obra que se precie debe llevar consigo, sino al afán de buscar conocimiento más allá de los cauces habituales del poeta o del pensador. El poeta tiende a rebasar los límites emocionales para buscar pensamiento en sus poemas -este proceso se aprecia de manera muy acusada en las obras de madurez de Machado o de Juan Ramón. En el caso del pensador, suele darse una evolución desde el pensar sistemático hacia el conocer poético -Zambrano-, hacia un vuelco en el mismo pensar o, como en el caso a que hoy nos referimos, hacia otras formas del arte.

En la obra de Eugenio Trías (Barcelona, 1942) se da una admirable apuesta por lo que, en su más hondo sentido reconocemos como mundo del espíritu, del humanismo, por lo que él considera una "razón fronteriza". También por otras formas del Arte, como la música. Poniendo a dialogar al pensamiento con la música Trías rompe los cauces del común pensar "especializado" para enriquecer y abrir el mensaje. Esta llamada de la música es tan poderosa que después de una primera entrega, El canto de las sirenas, se sumerge ahora en una segunda de parecida extensión, La imaginación sonora, para poner en diálogo su filosofía con la gran música de Occidente. Este esfuerzo no sólo fundamenta su pensar sino que su apuesta por la música moderna y contemporánea llena de retos su indagación. Pero si este análisis en los límites de las vanguardias no fuese suficiente, Trías insiste en ir más allá con esa "coda filosófica" que le permite divisar otros horizontes como lo irracional, la religión o la ciencia -a la luz de Platón-, o ahora la "voz de la madre", los símbolos, la imaginación o en "Gran Viaje", a la luz del concepto de "imaginación global".

Siendo engañosamente monotemático el planteamiento musical, compositores y obras más señalados, hay ese afán de conocimiento absoluto que quizá Trías destaca al citar a Franz Liszt: "¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios de ese canto desconocido cuya primera y solemne nota la entona la muerte?" Hay en este razonar -y sentir- del filósofo una marcha hacia ese sentido de eternidad que explica, por ejemplo, a través de la obra de Bach, la que persigue esa "imagen de la eternidad", "una vida que es preludio de aquella desconocida canción cuya primera -y solemne- nota es la muerte". Trías necesita en ese abarcador viaje por un milenio de música, apostar por las innovaciones del siglo XX. Así, las que considera "hallazgos" de músicas como las de Scelsi o Ligeti, que llevan al filósofo hacia un pensar unitario, o en la Unidad, en el que las dudas se desvelan; menos la de la muerte, claro. Para abordar ésta Trías entrega su atención al arrebato romántico, o a obras concretas, como las de Beethoven, Wagner o Mahler.

Estamos pues ante formas aparentemente dispares de análisis, pero dirigidas siempre hacia esa Unidad que implica un conocer superior. No nos extendemos en subrayar otros valores que este libro posee más allá de ese pensar en los límites, como que estamos ante una original guía para melómanos. Tampoco es ajeno al espíritu de ambos libros el profundo simbolismo de las ilustraciones de ambas cubiertas: el orfismo que revela el episodio homérico de las sirenas -la plenitud de la armonía frente al ser amarrado, por humano, al drama y a la tragedia de la existencia- y esa otra "música de las esferas" que parece reinar en territorios astrales. Siempre esos límites que anuncian o celan el ansiado más allá. La indagación del pensador inspirado cumple su misión en este segundo gran diálogo entre filosofía y música, pero seguramente en el "tríptico" al que Trías espera llegar en un tercer volumen, se verá completado ese afán de una manera rotunda, para convertir esta obra en un texto de referencia.

Sigue Trías su valeroso camino en los límites y a contracorriente de un tiempo que tiende hacia el pensar huero y frío, o hacia las filosofías del "todo vale". Para ello, como Ulises, quiere seguir viendo, en el canto de las sirenas, no los cantos engañosos de un tiempo agónico sino la música que salva.