Image: Un gran futuro a mis espaldas

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Ensayo

Un gran futuro a mis espaldas

Vittorio Gassman

27 mayo, 2004 02:00

Vittorio Gassman. Foto: Massimo Capodanno

Trad. Celia Filipetto. Acantilado. Barcelona, 2004. 343 páginas, 18 euros

Hacia el final de este libro se pregunta Gassman "si la estructura ideal de una biografía no se encuentra a mitad de camino entre una especie de dictado automático a lo Breton y unos jocosos versos fesceninos".

Lo dice a modo de arrepentimiento por el curso quizá demasiado convencional que sus memorias han seguido hasta entonces, y aprovecha las páginas que le quedan -un chispeante capítulo dedicado a la vejez y la muerte- para disfrazar su prosa de experimento vanguardista, eliminando la puntuación y entregándose al libre fluir de las ideas. Pero, como él mismo afirma, citando a René Clair, "todo cambia menos la vanguardia", y estas páginas finales son las que más contribuyen a fijar este libro en los esquemas pedantescos y presuntamente rupturistas en los que gustaba expresarse la intelligentsia europea de los 60 y 70. He aquí la única prevención con la que leemos este libro: la sospecha de hallarnos ante un artefacto demodé y ante un personaje brillante, pero demasiado propenso al exhibicionismo y a cierto energumenismo.

Imputaciones de las que lo absuelven su sinceridad y su querencia hacia la autocrítica, que extiende a su país, a su oficio y a su época. Buena muestra de ello es la respetuosa ironía con que cuenta su visita al santuario del gurú Aurobindo, en 1971, en pleno auge de las filosofías orientales en Occidente, o los retratos en los que describe a amigos y colegas como una pandilla de vagos despreocupados, aunque inteligentes y bienintencionados... También se salen de lo previsible sus constantes muestras de respeto y admiración hacia la profesionalidad de los actores y cineastas norteamericanos (pese a su pésima experiencia en Hollywood), y su recurrente fascinación por los EE. UU., a contrapelo de la idea que muchos intelectuales europeos solían (y suelen) hacerse del coloso americano.

En todo demuestra Gassman una amplia independencia de criterio, al igual que una clara tendencia hacia la incorrección: aun hoy habrá quien lea con incomodidad sus indiscreciones respecto a las mujeres o sus juicios sobre los méritos físicos y mentales de algunas de ellas. También se habla de teatro y de cine en este libro. Menos de lo que podíamos esperar, pero con enorme lucidez: la que derrocha, por ejemplo, para denunciar la falsedad esencial de Arroz amargo; o la que utiliza para describir la arriesgada aventura que supuso su Teatro Popular Italiano, aquella especie de circo ambulante con el que se propuso recorrer Italia representando a los clásicos.

Porque un exhibicionista nato como Gassman no puede hacer otra cosa que correr riesgos. También lo hace en estas páginas. Y, como casi siempre, sale bien librado: al llegar a la última le hemos tomado afecto, y casi nos ponemos en su lugar.