Santiago Lorenzo.

Santiago Lorenzo. Cecilia Díaz Betz

Letras

Crítica de 'Contenta': Santiago Lorenzo nos asoma a las galerías del alma humana en clave de farsa

La protagonista de su nueva novela es una persona desamparada que lucha por encontrar unos gramos de felicidad.

Más información: Santiago Lorenzo: "En mi vida suele haber finales felices. Soy asquerosamente optimista, qué le voy a hacer"

Publicada

Una visión tragicómica de la vida distingue el fondo unitario de la escritura narrativa que Santiago Lorenzo (Portugalete, Vizcaya, 1964) ha plasmado en un puñado de novelas, alguna tan exitosa como Los asquerosos. Invención loca, puras ocurrencias, hipérboles, desenfado, humor, chistes y bromas, argumentos disparatados, juegos verbales, irreverencias y anticonvencionalismo social se enmadejan en sus obras.

Cubierta de 'Contenta'.

Cubierta de 'Contenta'. Blackie Books

Contenta

Santiago Lorenzo

Blackie Books, 2026
240 páginas. 22,90 €

En la misma línea sigue en Contenta. Vuelve aquí a plantear una historia de desvalimiento, el de una persona bastante desamparada que lucha por encontrar los gramos de felicidad que todo el mundo quisiera para sí.

La protagonista indefensa es una cuarentañera alcalaína llamada Cecilia que pasa por una situación de crisis. Trabajadora autónoma que hace reportajes de bodas y eventos familiares, acusa la escasez de encargos desde que se popularizó el móvil. Tampoco está bien en lo sentimental, tras haberse enamorado de un tal Josito, que ha resultado ser no el amante solícito que parecía sino un policía infiltrado para espiar la agrupación de inquilinos de la que ella forma parte.

En esas se halla la mujer cuando recibe el tentador encargo del ayuntamiento de Mardones, un pueblo de 2.808 habitantes cercano a Madrid, de hacer un reportaje de promoción turística. Aunque la encomienda sea imposible por lo "espantosamente feo" del imaginario lugar, el resultado entusiasma a alcalde y vecinos y el municipio la contrata para dar un curso de video.

Más tarde será la Diputación quien le ofrecerá participar en un seminario. Todo va a pedir de boca, pero se ve enredada en una retorcida intriga, un lío de corrupción y un homicidio, que afecta también a la feliz relación con un vecino, Trompillo, propietario de una autoescuela.

La novela es una exageración burlesca determinada por una retorcida intriga, un lío de corrupción y un homicidio

La intriga, que no debo destripar en perjuicio de la lectura, está en los límites de la verosimilitud por la afición de Lorenzo al abultamiento de la realidad, que aplica a otros momentos como la reacción del jurado popular en el juicio de Cecilia. Le inspira una poética quevedesca que le aboca a la exageración jocosa, algo que lleva a un extremo en el también quevedesco gusto por el feísmo y lo deforme.

Fea es la insulsa Cecilia con sus deformantes gafas grandonas con sonotones incorporados. Aunque no tanto como Trompillo, repulsivo, sucio, con "cara de hijo de puta" y atributos fisonómicos relacionados con la deshonestidad, la trapacería y la doblez, base de uno de los retratos más inmisericordes de todas nuestras letras. Cerriles y nauseabundos son el conjunto de mardoneses. Además, el feísmo se intensifica por la complacencia con que el narrador externo recurre al léxico escatológico (mierda, limpiarse el culo, cagar o mear).

La acción de la novela se emplaza ahora mismo. Sale a relucir el Covid y la anécdota concluye en 2025. Alguna carga documental de este tiempo contiene: los tejemanejes aludidos o, sin la menor idealización ruralista, los vetustos pueblos arrinconados. Pero se trata solo de datos accesorios de una historia que apunta en otra dirección, la soledad y el precio que se paga para superarla.

Aunque el relato ande cerca de la astracanada, en su fondo late un pulso cálido que explica el final feliz. Relativo, sin embargo, porque lograrlo comporta un coste no pequeño. En cualquier caso, a Santiago Lorenzo se le da muy bien asomarnos a las galerías del alma en clave de farsa, más exageraciones y distanciamiento burlesco, que no disimula su complicidad y simpatía con los infelices.