Anne Carson en Toronto en 1998.

Anne Carson en Toronto en 1998. Peter Power / Zuma Press / Europa Press

Letras

Los poetas españoles se rinden a Anne Carson: "Una autora sin la que es imposible pensar la literatura del futuro"

Seis escritores escriben sobre el impacto en sus obras de la autora, reconocida con el Nobel de Literatura, y eligen su poema favorito.

Más información: Anne Carson, la escritora que surgió del frío

Publicada
Actualizada

El Nobel de Literatura 2026 ha sido uno de los más celebrados en España desde hace años. Anne Carson (Toronto, 1950) mantiene una profunda afinidad con nuestro país. Prueba de ello es su ensayo Tipos de agua. El Camino de Santiago, en el que relata su experiencia como peregrina con destino a la catedral compostelana; su fascinación por Goya, que quedó acreditada en 2023 con la conferencia que impartió en el museo del Prado dedicada a la obra Perro semihundido; o su admiración por Rosalía, a tenor del artículo que publicó recientemente en el London Review of Books.

Además, fue en España donde recibió el primer gran galardón a su trayectoria, el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2020, refrendada ahora con el Nobel, la distinción más prestigiosa de la literatura mundial, "por su obra audaz e innovadora que, en un diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea", según el jurado de la Real Academia Sueca en Estocolmo (Suecia).

Amén de la legión de lectores que atesora en España, la ascendencia de la escritora canadiense entre los poetas de nuestro país es notable. En El Cultural hemos reunido a seis autores que explican el impacto que su poesía ha tenido en sus respectivas obras y escogen su poema preferido. A este respecto, nos hemos decantado, finalmente, por no reproducir los poemas para no entorpecer la lectura de sus textos.

Rosa Berbel

La obra de Anne Carson es una de esas pocas que determinan, de manera directa o indirecta, el pulso estético de una época, algunas de sus preguntas más importantes. Su manera de tensionar los límites de los géneros hasta casi disolverlos, su diálogo siempre audaz y provocador con la tradición y su capacidad para habitar un modo verdaderamente poético (esto es, lateral, sofisticado, anacrónico, fallido) de relación con el mundo y el lenguaje hacen de ella una autora sin la que es imposible pensar la literatura del futuro.

Sobre Anne Carson se aprende leyéndola, pero también discutiendo sobre ella. Ese es el mejor regalo posible que puede hacer una obra: posibilitar conversaciones en cualquier dirección, no cesar de hacernos preguntas sobre nosotros mismos, nuestro tiempo, nuestro mundo. Si tuviera que quedarme con un solo libro suyo, lo haría con ese texto de textos y de géneros que es Agua corriente, un libro que parece contenerlo todo.

Rosa Berbel (Estepa, 1997), poeta, ha escogido el poema "XXIX. Impura como soy así también lo son mis conclusiones que en la puerta te presienten y dudan", del libro La belleza del marido: un ensayo narrativo en 29 tangos.

María Elena Higueruelo

"Anne Carson nació en Canadá y se gana la vida enseñando griego antiguo": así reza la muy sucinta biografía con la que Carson se presenta en la mayoría de sus libros, apenas una frase donde, al igual que en su obra, la economía de la forma revela una poética negativa que colma de significado a lo ausente. Carson nunca se ha pensado a sí misma como poeta, sino como hacedora de cosas, un concepto que nos devuelve al sentido original de la palabra griega. Anne Carson se ha ganado la vida –y, ahora, el Nobel– haciendo cosas con lo desaparecido: el mundo clásico, amores que se rompen, seres queridos que se mueren. En definitiva, el tiempo.

Y durante algo más de cuatro años yo he tenido el privilegio de ganarme la vida estudiando a fondo las cosas que ha hecho Anne Carson: cosas que algunos llaman ensayo, otros narrativa, otros traducción, y que por su propia resistencia a los nombres son en realidad la manifestación más radical de lo poético. ¿Y de qué sirve acaso estudiar poesía? Esta es una pregunta que me he hecho repetidamente a lo largo de este tiempo, en parte por una picazón ética y en parte porque quienes nos dedicamos a la investigación en Humanidades nos vemos constantemente impelidos a justificar la razón de ser de nuestro trabajo.

En Economía de lo que no se pierde encontré una respuesta muy hermosa a esta cuestión: la sabiduría. Una forma de conocimiento que no tiene que ver con la razón lógica sino con la experiencia, tanto de lo presente como de lo posible. De la poesía de Carson se ha dicho mucho: que es novedosa, original, indisciplinada, erudita, difícil. Todo eso está en la superficie, pero creo que no se dice lo suficiente algo que está en su centro: que es sabia y capaz de transformar a quien la lee con atención.

A mí me ha educado en mi relación con los errores, los finales, la pérdida, lo incierto; un aprendizaje que me parece mucho más importante y valioso que otras cosas sabidamente útiles que he estudiado con el mismo tesón en otros momentos de mi vida. Hay belleza, no a pesar de ellos, sino en ellos: atreverse a conocer es atreverse a aguantarla.

María Elena Higueruelo (Torredonjimeno, Jaén, 1994), poeta, investigadora y autora de la tesis Poéticas negativas en la poesía de Anne Carson, ha escogido el poema "Ensayo sobre aquello en lo que más pienso", del libro Hombres en sus horas libres.

Julieta Valero

La obra de Anne Carson me ha acompañado por su comprensión de la escritura como una forma de sobreponerse a las limitaciones, de convertir la experiencia en conocimiento y arte. Parte muchas veces de la cultura clásica, pero sus preguntas son contemporáneas: deseo, pérdida, tiempo, cuerpo, memoria. Y por su capacidad para pensar fuera de las cajas genéricas e intelectuales. Desde sus reescrituras y di-versiones de los clásicos hasta La belleza del marido o Knox, Carson ha desafiado siempre al lector y ha bombardeado sus límites. Sus artefactos, llenos de anacronismos deliberados, conducen a una recepción y un trabajo intelectual de enorme profundidad.

El 20 de octubre de 2023 recibimos a Carson en la Fundación Centro de Poesía José Hierro, que dirijo. Dos horas antes de la lectura, ya había una cola de setenta u ochenta jóvenes emocionados. Estábamos perplejas. La afluencia nos obligó a habilitar la biblioteca con una pantalla. Antes de comenzar, Carson salió a hablar con ellos y compartió unos dulces. Terminada una lectura extraordinaria, se dirigió también a la biblioteca para encontrarse con quienes la seguían allí. Aquel encuentro me hizo entender algo sobre su obra: sus intereses pertenecen a la radicalidad de la experiencia humana, pero ha sabido convertirlos en un artefacto artístico contemporáneo, sin concesiones a la facilidad. Su inteligencia formal no aleja: interpela.

Como lectora, fue una confirmación; como gestora cultural, un acontecimiento irrepetible. Como escritora, vuelvo a una de sus ideas: por dura que sea la vida, siempre queda lo fenomenológico, incluso el daño, como materia con la que hacer algo. Ese es uno de los consuelos más hondos de la escritura.

Julieta Valero (Madrid, 1971), poeta y directora de la Fundación Centro de Poesía José Hierro, ha escogido el poema "XI. Haz tus divisiones de acuerdo con las articulaciones de la forma le dijo Sócrates a Fedro cuando estaban diseccionando un discurso sobre el amor", del libro La belleza del marido: un ensayo narrativo en 29 tangos.

Laura Ramos

"Don't want to go want to stay Downstairs and read", protesta Gerión en Autobiografía de Rojo, libro que releo cada año junto con La belleza del marido desde que me encontré con Carson por primera vez. Mi relación con ella fue la del amor a primera vista: me enseñó que la literatura no es una sola cosa, sino muchas, absolutamente todas las que una quiera. Que se puede narrar, televisar y dramatizar, todo en el mismo texto y que nada importe; me habló de las anacronías de los relatos clásicos y me hizo pensar que era posible que Heracles hablara de programas de televisión o que Teseo mencionara el accidente de Chernóbil (como sucede en H de H Playbook).

Gracias a ella la poesía se vació del significado prescriptivo de mis apuntes de universidad, se desencorsetó, se volvió en definitiva lo que es: literatura. Carson me enseñó a amar aún más mis obsesiones con la tradición medieval y me dio los mecanismos, los juegos, las herramientas para seguir escribiendo.

La lectura de sus textos ha sido, incluso, una experiencia física (aún recuerdo cuando desplegué en el salón aquel ejemplar de Nox que luego me acompañó en la escritura de mi último libro, Nonú). Y es que si está en mi poesía es porque está en mis lecturas, porque me enseñó a leer de otra manera, y porque me recordó aquella cosa tan obvia: que las poetas también podemos hacer lo que nos dé la gana.

Laura Ramos (Avilés, 1996), poeta, ha escogido el poema "VI. Limpiarte las pezuñas es aquí una danza en honor a la uva que a lo largo de la historia ha sido un símbolo de jolgorio y alegría por no decir una analogía de la novia como flor sin cortar", del libro La belleza del marido: un ensayo narrativo en 29 tangos.

Mariano Peyrou

"La realidad es un sonido, tienes que sintonizar con ella no limitarte a seguir gritando", escribe Anne Carson en Autobiografía de Rojo, y plantea así una poética de la escucha que creo que define una línea, una modalidad de escritura: hay dos polos, escuchar y hablar, que implican también dos movimientos, hacia adentro y hacia afuera, y dos dimensiones del yo, la íntima y la social. Esto puede servirnos para pensar en dónde se encuentran los poemas y hacia dónde se dirigen, qué hacen, cómo los usamos.

Sintonizar con la realidad, escucharla, supone, desde mi punto de vista, un tipo de atención al lenguaje y al mundo centrada en esperar, en retirarse, en ver qué pasa con las palabras, sin necesitar siempre decir algo. Por supuesto, esto es una forma de escribir, pero también es una ética: es centrar la comunicación en la empatía y no en el intercambio; es crear una relación menos jerárquica entre quien escribe y quien lee; es desviar la atención del deseo propio y centrarla en el deseo del poema.

María Alcantarilla

Recibir la noticia del Nobel de Literatura concedido a Anne Carson no opera en mí únicamente como celebración de la diplomacia cultural, sino como una tregua matérica. En un mercado editorial adiestrado en la "diversidad de stock" y la docilidad, volver a Carson me recuerda que la escritura todavía puede ser un oficio arqueológico: un desenterramiento de la experiencia que se ejecuta a pelo. Desde que ella me acompaña, desconfío de las superficies demasiado pulidas y de las palabras que llegan sin haber tocado antes ninguna herida. Hay algo en su obra que me obliga a mirar hacia abajo: hacia lo enterrado, lo que aún no encontró una forma pública. En sus páginas, las criaturas domésticas ganan la superficie del poema y reclaman su derecho a la luz. No late en ella una poesía encerrada en el yo, sino una escritura atravesada por voces ajenas, por restos de vidas que llegan hasta nosotros como una genealogía rota.

En Decreación, escribe: "Piensa en una persona de pie, sola en una habitación. La casa está en silencio. Mira hacia un pedazo de papel. No existe nada más. Todas sus venas descienden hacia ese papel".

Cuando repaso estas líneas, no pienso en la literatura como expresión, sino como descenso. El cuerpo entero parece desplazarse hacia la página, no para explicarse ni para encontrar una salvación forzosa, sino para dejar allí una marca de su existencia. Escribir, para Carson, no es colocar algo sobre el papel, sino pasar lentamente a través de él.

Su política me parece íntima porque es física. Traducir el dolor consiste siempre, para ella, en llegar tarde, y esa demora no es un fracaso, sino la condición misma de toda forma. La sintaxis se rompe, se desvía, vuelve sobre sus pasos. En esa ruptura encuentro una fricción con la realidad que también se siente en mi cuerpo a través de ella.

Su premio es, para mí, la fijeza del hueso frente a la ceniza del stock de paso.

María Alcantarilla (Sevilla, 1983), poeta, ha escogido el poema "Ciudad Freud", del libro Agua Corriente.