El presidente Azaña, aclamado por la multitud.

El presidente Azaña, aclamado por la multitud. Agence Mondial

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'Marea roja': una revolución prerrevolucionaria en la España de la Segunda República

Un ensayo cuestiona la supuesta pasividad de la Unión Soviética durante los cinco años de la Segunda República española anteriores a la Guerra Civil.

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Este estudio pone en duda la supuesta pasividad de la Unión Soviética durante los cinco años de la Segunda República española anteriores a la Guerra Civil. Contra la opinión más extendida en amplios sectores de la historiografía, Gustavo Martín (Madrid, 1964) sostiene que el Estado soviético, a través de la Comintern, o Tercera Internacional, intervino de forma intensa y eficaz en la España republicana.

Portada 'Marea Roja', de Gustavo Martin Asensio.

Portada 'Marea Roja', de Gustavo Martin Asensio. Esapa

Marea roja

Gustavo Martín Asensio

Espasa, 2026. 400 páginas. 24,90 €

Tejió una red de asociaciones y organizaciones, además de penetrar en sindicatos y partidos. Desde 1931, los bolcheviques emprendieron en España dos líneas de acción complementarias. Una era la unidad de acción, y la otra la coordinación de objetivos entre las organizaciones.

Bajo la férrea dirección de la Tercera Internacional, progresó la revolución en Europa occidental. La Comintern vio amplias posibilidades de injerencia en la Segunda República española. En poco tiempo el ambicioso plan se centró en conformar una malla de agrupaciones y organismos afines entre sí que se hicieron cargo de la subversión, la propaganda, la infiltración en otros partidos, sobre todo en el PSOE, en los sindicatos, y en general en las corporaciones socialistas; así mismo, dirigieron la creación de células en el seno de las Fuerzas Armadas e impulsaron equipos deportivos que en realidad servían a la formación política y a la socialización.

Gustavo Martín asevera que el comunismo operativo fuera de la Unión Soviética siempre mantuvo tácticas revolucionarias. La captación de líderes como Francisco Largo Caballero, Margarita Nelken o Dolores Ibárruri, que con otros cuadros políticos recibieron instrucción revolucionaria e insurreccional en Moscú para luego aplicar sus conocimientos en España, fue otra prueba de que la Comintern estaba volcándose fuera de las fronteras soviéticas. Lo mismo cabe decir del acercamiento de Manuel Azaña, quien se mantuvo en contacto con los soviéticos y posteriormente estos lo consideraron un buen líder para el Frente Popular.

Paradójicamente, el fracaso operativo de la revuelta en Asturias en 1934 sirvió por el contrario para convencerse de la necesidad de crear unas milicias revolucionarias disciplinadas y ayudó a afianzar el mito victimista de que eran las únicas fuerzas izquierdistas en defensa de la República frente a sus enemigos, reducidos con la etiqueta de fascistas malévolos y ambiciosos. A base de discursos, panfletos, carteles y lemas, el comunismo internacional acotó una guerra cultural con dos bandos claros y nítidos: las víctimas democráticas populares contra los fascistas victimarios. En España se legitimó este simplista pero eficaz relato de la legitimidad revolucionaria del régimen republicano.

De ahí que la Comintern activase la organización exitosa de un Frente Popular, que aglutinase a la constelación de organizaciones situadas desde el republicanismo hasta la izquierda más radical, y así servirse de las normas electorales.

Según Martín Asensio, el Frente Popular fue una máquina casi perfecta de la Comintern

El autor afirma que no por ello la dirección bolchevique abandonó la vía insurreccional, como había ensayado en Asturias, y que además podía combinarse con la agitprop, la captación de simpatizantes y la reiterada infiltración en las organizaciones.

La victoria del Frente Popular en febrero de 1936 supuso para la Comintern un jalón importante en su itinerario hacia la revolución. Se había profundizado en el proceso de unificación de la izquierda y se había fijado el objetivo de derrotar al enemigo, compuesto por católicos, monárquicos y la CEDA.

Según Martín Asensio, el Frente Popular fue una máquina casi perfecta de la Comintern, que coordinó diversas actividades políticas y, además, consolidó la unidad de acción conducente a apropiarse de la República. Y por ello dice categóricamente que en España ya estaba en marcha una revolución, antes de la contrarrevolución.