Cruz Sánchez de Lara en el encuentro del Club de Lectura de la Comunidad de Magas dedicado a su libro 'Las gobernadoras'.

Cruz Sánchez de Lara en el encuentro del Club de Lectura de la Comunidad de Magas dedicado a su libro 'Las gobernadoras'. Esteban Palazuelos

Letras

'Las gobernadoras', de Cruz Sánchez de Lara: la historia de las mujeres detrás de la independencia americana

En su última novela, la escritora y vicepresidenta de EL ESPAÑOL reivindica el papel olvidado de sus antepasadas en la emancipación de las trece colonias.

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"Me daría mucha pena que todo esto que he descubierto se quedara cogiendo polvo en los archivos de Espasa". Durante la tertulia literaria del Club Magas que tiene a su último libro, Las gobernadoras, como protagonista, Cruz Sánchez de Lara (Almería, 1972) insiste en que, para terminar el ciclo que ella empezó en 2023 reconstruyendo su pasado familiar, la historia que ella descubrió y que confiesa que hasta ese momento desconocía, debe llegar a cuantos más hogares mejor.

Sostiene la escritora que se trata de "una parte de la historia de España que nos han robado" y que "ya es hora de que recuperemos y reivindiquemos como nuestro".

Se refiere con esto al papel fundamental que jugaron algunos de los representantes de nuestro país en la emancipación de las trece colonias norteamericanas durante la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos. Valga atender a las acciones que llevaron a cabo Luis de Unzaga y Amézaga y Bernardo Vicente de Gálvez Gallardo y Madrid, militares y administradores españoles que ocuparon el puesto de gobernador de Luisiana los años inmediatamente previos al conflicto así como tras el estallido de las hostilidades (de 1770 a 1777 en el caso de Unzaga y de 1777 a 1785 en el de Gálvez).

Todo comenzó con un gesto diplomático. En 1776, Unzaga recibió una carta del general Charles Lee solicitando apoyo para la causa rebelde. El por aquel entonces gobernador de Luisiana respondió a la misiva reconociendo a Lee como "general de los Estados Unidos Americanos".

Así, con este primer reconocimiento extranjero a la causa estadounidense, se inauguró una red de apoyo a las fuerzas rebeldes que tuvo como centro neurálgico el puerto de Nueva Orleans, "el pulmón de la revolución" según recoge el libro de Sánchez de Lara. Desde allí se mandaba río Misisipi arriba y hacia las colonias del norte barriles de pólvora española, cañones fundidos en Sevilla y medicinas, materiales que se hacían pasar por harina, vino y mantas.

Más tarde, ya con el conflicto en marcha, el sucesor de Unzaga, Gálvez, emprendió una campaña militar contra las fuerzas inglesas acantonadas en Mobile y Pensacola cuando fue informado de que los británicos estaban acumulando tropas para caer sobre territorio español. El gobernador de Luisiana se adelantó a los planes ingleses y puso en marcha un ejército formado por hombres blancos, negros y mulatos que acabó imponiéndose al enemigo y desbaratando sus planes en la región.

Un dato servirá para ilustrar el ninguneo que han sufrido durante décadas estos dos personajes fundamentales para el nacimiento de los Estados Unidos. Gálvez fue reconocido como ciudadano honorífico de Estados Unidos en 2014 por Obama, más de dos siglos después de sus hazañas. En el medio, un cúmulo de años en el que estos dos hombres y los soldados que lucharon (y murieron) con ellos cayeron en el olvido.

Cubierta de 'Las gobernadoras'

Cubierta de 'Las gobernadoras' Espasa

Sin embargo, aunque indudablemente participantes importantes, ni Unzaga ni Gálvez son los protagonistas de la novela que ha levantado Sánchez de Lara (La escritora asegura que "todos los personajes de la novela son estrictamente históricos: existieron en la realidad"). Esa función se la reserva a las esposas de ambos, las hermanas Isabel y Felícitas Saint-Maxent. Y es que si la memoria de estos hombres ha sido desatendida, más crudo ha sido el olvido al que han sido sometidas las mujeres que no ejercieron su labor en el despacho ni en el campo de batalla, sino en el salón.

Aunque sus acciones no fueran a priori tan espectaculares (un bayonetazo siempre sorprenderá más que un susurro, aunque a menudo el segundo suele ser más efectivo) como las de sus maridos, la labor de las hermanas Isabel y Felícitas de Saint-Maxent fue fundamental y estratégica. Actuaron como el motor invisible detrás del apoyo español a la independencia de los Estados Unidos. Educadas bajo la premisa "los hombres gobiernan con decretos; nosotras, con gestos", desarrollaron una actividad de la llamada "política de salón" que iba mucho más allá de las tareas domésticas propias de su clase.

Sánchez de Lara, descendiente directa del matrimonio de Unzaga con Isabel Saint-Maxent, presta especial atención en su novela a las actividades que llevaron a cabo las hermanas durante este período clave para la historia estadounidense que este año celebra su 250 aniversario. Desde la sala de bordado, recibían a informantes y agentes secretos, llegándolos a esconder en sus propias plantaciones. Asimismo, coordinaban a los informantes para obtener datos sobre los movimientos de los barcos ingleses en el Caribe y el Golfo de México.

La logística militar también era una tarea reservada para las hermanas. Bajo la apariencia de un comercio legítimo de "productos del país", las hermanas supervisaban el envío de material bélico vital para las tropas de George Washington. Dentro de esto, ayudaban a canalizar el dinero y los créditos necesarios a través de figuras como Oliver Pollock y compañías fachada como Hortalez y Cía., permitiendo que España apoyara a los rebeldes sin romper oficialmente su neutralidad ante Inglaterra.

El legado de estas mujeres que "gobernaron sin trono" sobrevive en los diarios y cartas que sus descendientes rescataron del olvido al que fueron relegadas durante siglos. Ahora, con Las gobernadoras, logran el protagonismo que siempre merecieron.