Daniel Verdú. Foto: @Raquel Ceima.

Daniel Verdú. Foto: @Raquel Ceima.

Letras

'La bola' reduce a la fascinante Mar de Marchis a una tesis y olvida la historia real de 'Jot Down'

En este voluntarioso e infladísimo ejercicio literario, Daniel Verdú reconstruye un personaje trágico y cautivador pero olvida las claves del funcionamiento de la revista.

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Vaya por delante que no puedo ser un lector neutral, si es que tal cosa existe, de La bola de Daniel Verdú (Barcelona, 1980), voluntarioso aunque infladísimo ejercicio literario de reconstrucción de un personaje tan trágico y fascinante como fue Mar de Marchis (Santa Pola, Alicante, 1968- 2022), cofundadora y cara menos visible de Jot Down, revista en la que colaboré mucho tiempo, cerca de diez años, desde luego no gracias a ella.

Portada 'La bola'.

Portada 'La bola'.

La bola

Daniel Verdú

Alfaguara, 2026. 224 páginas. 20,90 €

Debo así reconocer que el grueso de mis colaboraciones con la revista, al menos en los primeros años, vio la luz con Mar en contra, un divertido juego este de poder que viraba entre lo que pretendía ella hacer con Jot Down, convertirlo en el New Yorker español, y lo que en verdad quería el equipo de flipados con el que trabajaba, que no pasara de ser un fanzine gamberro y erudito.

Este abismo de pareceres fue para mí siempre la clave del éxito del medio, lo que lo hacía diferente, y seguramente es lo que lo hará trascendente el día de mañana cuando se estudie en las escuelas de periodismo.

La historia de Jot Down es por tanto mucho más amplia que la morbosa historia de Mar de Marchis, una advertencia que creo justo hacer a la vista del relato que contiene La bola, donde Verdú identifica en exceso una cosa con la otra.

Lo hace además casi siempre resaltando la parte “circense” de lo que fue la revista y casi nunca valorando el contenido de la misma, que fue lo que consiguió que en muy poco tiempo tuviera miles de lectores, lectores que no tenían ni idea de quién era o qué hacía Mar de Marchis pero que fueron los que empoderaron el proyecto de cara a la galería.

Es por esto que leyendo La bola tiene uno la sensación de que el relato se encuentra desenfocado, que se está contando todo desde un sitio que no es.

Leyendo 'La bola' tiene uno la sensación de que el relato se encuentra desenfocado, que se está contando todo desde un sitio que no es

Es posible que al periodista le falten claves sobre el funcionamiento interno de la revista (reconoce no haber entrevistado a Ángel L. Fernández, quien por respeto a la familia de su socia decidió no hablar), pero incluso dentro de la línea escogida sabe uno que se le han escapado detalles importantes que hubieran sin duda enriquecido esta narración “basada en hechos reales”, que, intimidades al margen, apenas aporta nada nuevo a lo ya publicado en prensa sobre Mar, a excepción si acaso del valiosísimo testimonio de la peluquera a la que “robó” las fotos sexis con las que luego engatusaría a medio mundo (masculino).

Verdú se basa así para levantar su perfil en las confidencias de Enric González. Salpimienta luego el relato con los recuerdos de varios periodistas de altos vuelos que trabajaron (desde la distancia) con ella, e incluye algunas pocas anécdotas insustanciales contadas por nombres relevantes de la cultura, todo dirigido, he aquí el problema, a dar cuerpo a una tesis insostenible: que Mar de Marchis, el ser humano con agorafobia y tendencia a la fabulación, creadora de la revista cultural más influyente de los últimos años, es hija y síntoma de las crisis sociales y económicas del cambio de siglo.

Pero lo cierto es que detrás de la locura, ya se advertía en el primer número de Jot Down, había un método, uno que ni siquiera ella, con sus derivas, pudo boicotear. El que consiguiera “infiltrarse” tan rápido en el periodismo pompier obedece por otro lado a una realidad mucho más pedestre: estando en manos de hombres patéticos, fue pan comido doblegarlos ante la perspectiva de una fantasía sexual, siendo este el verdadero signo de los tiempos, la gran lección que nos dejó Mar de Marchis, que en paz descanse.