Colette. Foto: Paris Musées / Musée Carnavalet

Colette. Foto: Paris Musées / Musée Carnavalet

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Crítica de la biografía de Colette: la mujer más provocadora de París, la escritora de los excesos

Antoine Compagnon pergeña en 'Colette' a una verdadera creadora con un mundo personalísimo y una visión vital muy avanzada.

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Las obras de Colette (1873-1954) impregnaron la literatura francesa con un tono "resueltamente nuevo, insolente, sin precedentes", dice el profesor y crítico Antoine Compagnon en este lúcido y magnífico estudio que es también guía tras los pasos de Sidonie-Gabrielle Colette. La abrumadora biografía de Colette ha sido despiezada en etapas vitales muy concretas de la escritora; Compagnon se detiene a contemplar y analizar aquellos episodios que marcaron su vida y su obra.

Cubierta del libro 'Colette'

Cubierta del libro 'Colette'

Colette

Antoine Compagnon

Traducción de Núria Petit
Acantilado, 2026
274 páginas. 20 €

No estamos ante una biografía cronológica, sino ante un texto dividido en etapas vertebradoras de una trayectoria humana. Compagnon trata de contener una existencia desbordante al condensar momentos clave en los cuarenta capítulos del libro. Para quienes conocen a Colette, algunos títulos les resonarán: "Claudine en la escuela", "Ese cerdo de Willy", "Lesbos", "Sido", "El music-hall", "¿Feminista?", "La Ocupación", "Gigi", "La bondadosa dama de Palais-Royal"...

El resto, a través del libro de Compagnon, descubrirá a una verdadera creadora con un mundo personalísimo, una mirada rigurosamente certera sobre la Francia de su época y una visión vital muy avanzada. El autor del ensayo añade la pasión al conocimiento y despierta el deseo de leer a Colette.

Compagnon (Bruselas, 1950), uno de los grandes conocedores de la obra de Proust, Baudelaire o la propia Colette, es miembro de la Academia Francesa y un reconocido autor de ensayos literarios. Ha sido catedrático de Literatura en la Sorbona y en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Durante años fue el responsable de la cátedra de Literatura Francesa Moderna y Contemporánea, en el prestigioso Collège de France.

Este pequeño gran volumen, titulado en francés Un été avec Colette, pertenece a una colección de pódcasts emitidos por la cadena France Inter, a partir del verano de 2012, más tarde convertidos en libro. Compagnon realizó también Un verano con… Montaigne, Baudelaire y Pascal, en distintas ediciones.

En el primer capítulo, "¿Por qué Colette?", Compagnon afirma: "Un gran escritor también es el que crea mitos, el que renueva nuestra mitología". "Crear un estereotipo, eso es el genio", decía Baudelaire. Colette creó por lo menos tres mitos: primero Claudine, la traviesa protagonista de sus cuatro primeras novelas, firmadas por Willy; su madre Sido, que se convirtió en su protagonista tras fallecer en 1912, y Gigi, que Leslie Caron inmortalizó en la película homónima de Vincente Minnelli en 1958.

Tres mitos es muchísimo para un solo escritor. Y a ello hay que añadir una cuarta creación fabulosa, la propia Colette, gran escritora nacional y monstruo sagrado.

Recuerda el ensayista que Colette pertenece a la generación de los grandes clásicos modernos franceses, como Claudel, Gide, Proust y Valéry. Todos ellos, y también Colette, nacieron en los cinco años comprendidos entre 1868 y 1873, y marcaron la primera mitad del siglo XX. "Pero Colette", dice Compagnon, "la única mujer del grupo, fue a la vez la más insolente y popular".

En el capítulo "Ese cerdo de Willy" se muestra la ambivalencia de Colette en su relación con un hombre promiscuo quince años mayor que ella, que la engañaba con otras jovencitas y se aprovechaba de su talento firmando sus novelas. Colette se casó en 1893 con él, Henry Gauthier-Villars, Willy, un dandi célebre de París y crítico musical que dirigía un taller de novelas ligeras escritas por un ejército de 'negros'. Ella pasó a formar parte de los 'escritores fantasmas' de Willy y fue quien obtuvo más éxito, con la saga de Claudine.

Tras el deterioro paulatino de la pareja, la ruptura, irremediable, escribe Compagnon, se debió a que en 1909 Colette descubrió que Willy, jugador empedernido, había vendido a sus editores los derechos de las novelas de Claudine en 1907. "'¿Será posible que todo se haya echado a perder para siempre entre nosotros?' –le escribió ella–. Esta traición no se la perdonó jamás".

La relación entre Marcel Proust y Colette se desarrolla en el capítulo "La tentación del pasado". Al principio, Colette no sintió verdadera simpatía por Proust. Así lo recordó en un texto homenaje a la muerte del escritor: "Era un hombre joven en la misma época en que yo era una mujer joven, y no fue entonces cuando llegué a conocerlo bien. Coincidía con Marcel Proust los miércoles en casa de madame Arman de Caillavet, y no me gustaba su cortesía exagerada…". En otra ocasión, Colette lo definió como "un adulador y letraherido joven y guapo".

Era admirada por las nuevas generaciones de escritores. Según Cocteau, escándalo tras escándalo, y, de un vuelco, pasó a la categoría de ídolo

Como menciona Compagnon, en el homenaje de 1926 dedicado a Proust, ya fallecido, Colette declaró: "¡Qué conquista! El dédalo de la infancia y adolescencia desenredado, explicado, claro y vertiginoso… Todo lo que una habría querido escribir, todo lo que una no ha osado ni sabido escribir, el reflejo del universo sobre las olas, agitadas por su propia abundancia".

Paralelamente, prosigue Compagnon, Proust descubrió a Colette. "Tras leer Mitsou, el amor fracasado entre la joven artista de music-hall y el Teniente Azul de permiso, le escribió: 'Esta tarde he llorado un rato, por primera vez desde hace mucho, pese a que desde hace algún tiempo me abruman las penas, los sufrimientos y los problemas. Pero no he llorado por todo eso, sino porque he leído la carta de Mitsou'".

Antoine Compagnon recompone, como en un rompecabezas, la vida de la mujer de carne y espíritu. Al principio de la Ocupación ella escribió en periódicos alineados con el régimen de Vichy, según el autor, "más por indiferencia o inconsciencia". Pero el hecho de que su tercer marido, Maurice Goudeket, fuera judío y lo mandaran al campo de Royallieu cambió su actitud. "¿Quién no habría ofrecido su sótano, su casa, su cama? A un judío al que amo y al que su hoja de servicios en la guerra del 1914-1918 no lo preservó del campo de Compiègne", escribió en La estrella vespertina.

Así llega el autor hasta los últimos años de vida de la escritora, cuando la artrosis la paralizó en la ventana de su apartamento del Palais Royal. La evolución de la mujer más provocadora de París , la escritora de los excesos de todo orden, se había transformado en "La bondadosa dama de Palais Royal". Era admirada por las nuevas generaciones de escritores.

Según Cocteau, escándalo tras escándalo, y, de un vuelco, pasó a la categoría de ídolo. Para Compagnon, la evolución fue paulatina: "La domesticación había empezado hacía tiempo. La imagen de Colette había cambiado alrededor de la Primera Guerra Mundial. La autora de las Claudine, la rebelde, la bailarina del pecho desnudo, la teatrera divorciada de Willy y amante de Missy, se había convertido en madame Colette".