Gerrit Lundens: cirujano aplicando medicina a una herida en el hombro de un hombre que sufre dolor, 1649.

Gerrit Lundens: cirujano aplicando medicina a una herida en el hombro de un hombre que sufre dolor, 1649.

Letras

'Fenomenología del dolor del cuerpo', una esclarecedora y filosófica aproximación al sufrimiento

En este ensayo, Agustín Serrano de Haro propone un abordaje del sufrimiento físico que desborda el marco médico para adentrarse en la experiencia pura del cuerpo.

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A principios del siglo pasado, Edmund Husserl quiso rescatar a la filosofía de la resaca del cientificismo reinante. Sostuvo que, para lograrlo, esta debía remontarse a las fuentes de nuestra experiencia del mundo, poniendo entre paréntesis ideas preconcebidas y yendo directamente “a las cosas mismas”. Así se constituyó el método fenomenológico.

Portada de 'Fenomenología del dolor'.

Portada de 'Fenomenología del dolor'.

Fenomenología del dolor del cuerpo

Agustín Serrano de Haro

Sígueme, 2026. 320 páginas. 25 €

Sin embargo, lo renovador del planteamiento husserliano quedó lastrado por su apego a la perspectiva teoreticista de la filosofía moderna. Heidegger intentó corregir este aspecto, reformulando en clave existencial la tarea de comprender nuestro trato con el mundo.

Desde entonces, la fenomenología ha navegado entre la fidelidad a su divisa originaria y la recaída en esquemas teóricos previos, sin dejar por ello de mantener una fecunda presencia en los diferentes hitos del pensamiento contemporáneo.

El trabajo de Agustín Serrano de Haro (Madrid, 1960), científico en el Instituto de filosofía del CSIC, representa lo mejor de la primera vertiente. Buen conocedor de la obra de Hannah Arendt, ha centrado el grueso de su actividad investigadora en el pensamiento fenomenológico, con libros tan sugerentes como La precisión del cuerpo. Análisis filosófico de la puntería (2007) o Paseo filosófico en Madrid. Introducción a Husserl (2016).

En el primero de ellos, Serrano de Haro iniciaba sus análisis sobre la corporalidad ocupándose de un fenómeno de cierta significación, pero secundario, como el de la puntería, la destreza para alcanzar un punto fijado por la atención. Ahora nos brinda una esclarecedora aproximación a una experiencia de mayor calado, la del dolor corporal, y que suele comenzar asociada más bien a un desvío de la atención.

En efecto: el dolor es algo que a menudo irrumpe de improviso, y nos absorbe por completo, haciendo que nos focalicemos en la aflicción sobrevenida. ¿Cómo no apreciar en este carácter suyo de puesta en suspenso y desafío a la normalidad un motivo de neto interés fenomenológico?

De ahí que, dejando en segundo plano los acercamientos más convencionales, de carácter médico-clínico, el texto lleve a cabo un abordaje del dolor como experiencia vivida en primera persona.

Así, tras una densa introducción de trazo metodológico, el capítulo primero analiza los modos de darse de la situación dolorosa, el segundo examina cómo interactúan dolor y atención, pasando el tercero a clarificar la estructura y dinámica de esta realidad tan compleja.

Esta fenomenología del dolor supone una aportación de relieve, que amplía el horizonte en que suele abordarse la cuestión

Destaca en esta obra su capacidad para desbordar el marco dualista convencional bajo el que se suele objetivar el fenómeno del dolor y explorar una comprensión unitaria de su naturaleza, conjugando su dimensión corporal y su dimensión consciente.

Esta hechura carnal de lo experimentado por el yo, las intensidades y lugares que ocupa el dolor en la realidad del cuerpo o el modo en que da sustento metafórico al problema del mal son otras tantas facetas de especial interés que tienen un recuento brillante en el cuarto y último capítulo.

El contraste con otras aportaciones provenientes del ámbito fenomenológico y el recurso a fuentes literarias sirven igualmente para abordar asuntos que por sí solos merecerían un tratamiento monográfico, como el de las distorsiones que provoca la vivencia del dolor en nuestra forma de experimentar el tiempo, el espacio o el propio cuerpo.

En la conclusión se señala además cómo este acercamiento a la experiencia dolorosa en primera persona se enriquece al considerar cómo podemos sentir y atender al dolor ajeno.

Quedan, por supuesto, algunos interrogantes abiertos. Pero eso no impide reconocer que esta fenomenología del dolor supone una aportación de relieve, que amplía el horizonte clínico, psicológico, terapéutico y sociosanitario en que suele abordarse la cuestión.