A. R. Ammons. Foto: Robert Barker

A. R. Ammons. Foto: Robert Barker

Letras

Una luminosa puerta de entrada a A. R. Ammons, cumbre de la poesía norteamericana del siglo XX

El libro 'Backyard' reúne una muestra de su poesía, dos ensayos, una extensa entrevista y un par de textos críticos sobre su obra. Una guía completísima.

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Publicada

El pasado mes de febrero se cumplía el centenario del poeta estadounidense A. R. Ammons –y también los veinticinco años de su muerte–, y una pequeña editorial de poesía, la alicantina Auralaria, ha aprovechado la conmemoración para publicar un libro, curiosamente titulado en inglés, Backyard, que no solo reúne una luminosa muestra de su poesía en edición bilingüe, sino también dos ensayos del poeta –"Un poema es un paseo" y "Superficies"–, la extensa entrevista que le hizo David Lehman en 1987 para The Paris Review y un par de textos críticos de Josephine Jacobsen y su biógrafo Roger Gilbert. El resultado es una guía completísima para acceder a una de las obras más altas de la poesía norteamericana del pasado siglo.

Cubierta del libro 'Backyard'

Cubierta del libro 'Backyard'

Backyard

A. R. Ammons

Antología bilingüe, selección y traducción de Luisa Pastor
Auralaria, 2026
288 páginas. 23 €

Ammons pensaba, y así lo dice en su entrevista, que "John Ashbery, ubicado en la ciudad, que es hoy la cultura dominante, refleja mejor lo que hoy es América que yo". De ahí el título, ese backyard o patio-jardín trasero, en la linde del bosque, hacia el que miraban su escritorio, su máquina de escribir, de espaldas a la calle urbanizada y el zumbido letárgico de la vida suburbana.

El repudio de Ammons no abarca solo la prosperidad complaciente del sueño americano, sino la totalidad de la herencia cultural europea: su estancia de un año en Italia con una beca de estudios fue un desastre y decidió volver a los tres meses. Como su admirado Thoreau, mucho hay en él de buen salvaje que ignora por defecto las constricciones y expectativas de los demás: "Lo que de veras quiero es partir de un espacio vacío con arroyos, rocas y árboles".

Con todo, esa naturaleza, ese espacio ¿vacío?, es un lugar en continuo estado de flujo. El elemento primordial en la poesía primera de Ammons es el viento, el aire que va y viene como un espíritu vital que liga los organismos de este mundo: "Llamé al viento / y se vino conmigo", o, antes aún, "llegada la hora / de entregar mi persona / elegí / al viento / para que se hiciera cargo".

La unión del yo y el viento se cumple en el paseo, que "se asemeja / a la imaginación" y además "transforma el círculo / en movimiento". En otras palabras, que rompe el círculo del yo ensimismado y lo pone a caminar, para que se oree al contacto del mundo y se deje sorprender por la miríada de estímulos que encuentra a su paso. Todo fluye, panta rei, como decían sus admirados presocráticos, y el paseo, o más bien expedición, es el modo en que el yo se inserta en ese flujo y participa de él.

Así en su poema quizá más célebre, "Corsons Inlet", donde el paseo "aflojó mis hechuras, me liberó de las formas, / de las líneas perpendiculares, / las rectas, los bloques, las cajas, las vendas del pensamiento para adentrarme / en los tonos, las sombras, las cuestas, las fluidas curvas y mixturas de la visión". La cita es larga, pero a Ammons no se le puede leer en pequeños sorbos.

Esa visión a la que alude es la del observador que influye fatalmente en lo que observa. Y es también una noción de la tierra que guarda evidentes paralelismos con la Gaia de James Lovelock, esa biosfera en constante animación que una y otra vez reduce su tendencia a la entropía y se organiza para preservar el equilibrio de la vida. Claro que en una obra tan amplia hay cabida para otros tonos: la ironía feroz de Blake o los ecos tanáticos de Donne y Marvell. Asomado a su jardín trasero, pocos han visto el mundo con tanta vivacidad como él: una cinta que ondea en el aire.

Mecanismo

Honra a todo cuanto marcha: un jilguero, una entidad, un árbol,
la misma moralidad: todo orden que funciona,
animado o inanimado: todo

cuanto ha conseguido un correcto equilibrio,
y cuya entrada y salida de energía funciona bien,
reservándose una parte para su mecanismo,

algo de ceniza, suficiente energía
para mantener el orden en su reparación,
para asegurar un mayor consumo de entropía […]