Llucia Ramis. Foto: Joan Mateu Parra

Llucia Ramis. Foto: Joan Mateu Parra

Letras

'Un metro cuadrado' de Llucia Ramis: así nace una hipoteca

La escritora, autora de 'Las posesiones', propone un libro distinto, no tanto sobre vivienda como vivido: de sus alquileres a la compra final.

Más información: Un pisito propio, la aspiración imposible: la crisis de la vivienda se cuela en la ficción

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Echar un vistazo a Filmin o al escaparate de tu librería es como leer el periódico por otros medios. En la plataforma te montan en un santiamén una colección sobre Irán, otra sobre la Luna y otra más si buscas casa: “Vivienda: imposible”.

Portada de 'Un metro cuadrado'. Libros del Asteroide

Portada de 'Un metro cuadrado'. Libros del Asteroide

Un metro cuadrado

Llucia Ramis

Libros del Asteroide, 2026. 248 páginas. 19,95 €

En cuanto al mundo editorial, si el CIS dice que tener un techo es la preocupación de España, la sección de ensayo obedece: en apenas 12 meses se han publicado Tres millones de viviendas, de Jorge Galindo, El problema de la vivienda, de Javier Burón, y Generación inquilina, de Javier Gil. ¿Ven un patrón?

El caso es que al grupo se une ahora Un metro cuadrado de Llucia Ramis (Palma, 1977). “IV Premio de No Ficción de Libros del Asteroide”, dice su cubierta, la más chula de todas. El título es de Vainica Doble y promete literatura de contrabando. Bien por el atrevimiento.

Ramis elude cualquier redundancia en un libro distinto, no tanto sobre vivienda como vivido: todo sobre sus alquileres hasta la hipoteca final. Los cuenta en trece capítulos (más prólogo y epílogo) de estructura tripartita: primero, un rápido encaje de las casas en la biografía de Ramis; un intermedio ensayístico sobre un aspecto concreto del problema habitacional; y un último tramo, muy breve, en el que se relata qué ha sido de esos domicilios con los años.

A priori, todo apunta a que la sustancia estará en el centro, con citas a expertos y notas, pero la autora, astuta, sabe que leer sobre sus novios –“conocí a un pianista, un mentiroso patológico”–, sus celos –“sospechaba que no me querían a mí, sino al piso”– o sus tribulaciones laborales –“vuelvo a ser mileurista rasa”– es una forma de decir la verdad en primera persona. Y tiene razón; ese trajín sentimental solo hace más pertinente lo inmobiliario: “Yo no quería invertir, solo vivir tranquila”.

Llucia Ramis propone un libro distinto, no tanto sobre vivienda como vivido: de sus alquileres a la compra final

En lo puramente informativo, Ramis es rigurosa sin fatigas: su gramática resulta transparente –mucho verbo ser, claridad ante todo– y no marea al lector con estadísticas ni jerga. También es didáctica: nos explica qué son los fondos buitre, la Sareb o las housing associations y nos ilustra sobre el nacimiento de Idealista o Airbnb.

Y si los títulos de la parte ensayística –“El milagro español”, “La gentrificación”, “La burbuja inmobiliaria”…– apuntan al cliché, su enfoque lo desmiente, al otorgar voz y voto a propietarios, inquilinos o inversores: “Cuando la obligación de pagar [la renta] pasa a ser un tema de debate, el mensaje es que hay obligaciones relativas, derechos relativos”, dice el capital. Es meritorio que suene razonable.

No todo pretende ser tan original, por supuesto. Quien haya hojeado el libro de Galindo, citado aquí, reconocerá la proporción de viviendas vacías en España –cerca del 14 %–, así como otros temas que tratan casi todos los autores, caso de la necesidad de protección de la vivienda pública o el deterioro del ascensor social.

Se trata de una reiteración lógica, aunque cabría pedir más matices frente a ciertos dogmas asumidos sin rechistar: la autora apunta los problemas de volumen del alquiler turístico –un 10 % del total–, pero no sus efectos sobre el empleo; indica que la Ley del Suelo de Aznar transformó la vivienda en activo financiero, pero no que desde el otro extremo del espectro ideológico ha existido una resistencia numantina a la construcción que ha contribuido a la escasez.

Son pegas menores, y no del todo justas con el espíritu de Un metro cuadrado. A fin de cuentas, explica Ramis, “no estamos frente a un problema de la vivienda, ni frente a una crisis de la vivienda, sino ante un conflicto”. Dicho de otra manera: sirve de poco tener razón; lo primero es el consenso.