John Banville. Foto: Marta Calvo

John Banville. Foto: Marta Calvo

Letras Libro de la semana

Crítica de la novela 'Nocturno de Venecia': el John Banville más siniestro demuestra que aún juega en otra liga

El estilo del autor sostiene los aspectos más endebles de esta historia, protagonizada por un escritor mediocre y una heredera frustrada.

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Evelyn Dolman, un escritor mediocre que redacta guías de viaje, y su mujer, Laura Rensselaer, la hermosa hija de un magnate estadounidense del ferrocarril, salen de la estación de Charing Cross, en Londres, en la primera etapa de su viaje a Venecia. Llevan seis meses casados. Es una fecha señalada, pues ese día, 31 de diciembre, "una vez arrancada la última página del calendario", el mundo entrará emocionado, aunque con cierta aprensión, en el siglo XX.

Portada de 'Nocturno de Venecia'

Portada de 'Nocturno de Venecia'

Nocturno de Venecia

John Banville

Traducción de Antonia Martín
Alfaguara, 2026
320 páginas. 21,90 €

Dolman, narrador de la novela, nos explica las circunstancias del viaje: su mujer ha insistido en establecerse un tiempo en la Serenissima tras la muerte del padre, que le ha negado su herencia –en favor de una hermana– por causas que al decepcionado esposo se le escapan.

Los dos llegan a una Venecia brumosa y siniestra cuya atmósfera (que prepara al lector para la caída que está por venir) tal vez sea lo mejor de esta última novela de John Banville (Wexford, 1945), ganador del Booker en 2005 y autor, con esta, de treinta y ocho novelas, quince de ellas firmadas como Benjamin Black.

"¿Es cierto que algunos sitios poseen una especie de alma? Jamás lo habría creído hasta que fui a Venecia", dice Dolman, que nos habla de una "urbe pestilente", sometida a "brumas marinas y nieblas invernales y todo género de miasmas exóticos y potencialmente debilitantes".

La ciudad es un misterio: "cicatera, reservada, como si siempre volviera la cara". Es una Venecia "pútrida", "deprimente", "turbia", "de aguas oleosas, fétidas", que obedece al tópico literario sobre la ciudad, de Henry James a Thomas Mann, con sus previsibles calas en las populares novelas policíacas alrededor del Gran Canal.

Los elementos jamesianos, más allá del estilo esmerado y prolijo, se cifran en el contexto de los personajes, con ese trasvase entre Estados Unidos e Inglaterra, en los coqueteos con la historia de fantasmas y en el juego con las expectativas del lector.

La deuda con Mann es aún más concreta. Es rastreable, además de en la atmósfera, en escenas como la de la llegada a Venecia, con los baúles a bordo del vaporetto, o en el encuentro con Beppo, el criado del palacio Dioscuri, que resulta ser un falso joven ("bufonesco", de mejillas "hundidas y cetrinas" y que sonreía en una "mueca") como el de la significativa visión de Aschenbach al inicio de Muerte en Venecia, cuando contempla estremecido al "viejo lechuguino" que quiere aparentar ser joven.

Las menciones al agua estancada y salobre, a la necesidad de hervirla para no morir envenenado, remiten a esa misma Venecia en que la muerte acecha incluso en el gesto cotidiano de calmar la sed.

Cabe atribuir las fórmulas manidas (el narrador se siente como "arrastrado por un remolino", ve ventanas que "derraman un resplandor dorado" o la basílica de San Marcos "agazapada en la brumosa penumbra") a la mediocridad literaria del narrador, muy bien modulada, sin embargo, junto a la excelencia estilística del propio Banville, que se cuela a menudo en imágenes ingeniosas y expresivas ("era uno de esos días, fríos, azules y luminosos, que sonarían con un repique cristalino si les dieran unos golpecitos con un nudillo").

Es un equilibrio difícil que el gran estilista irlandés resuelve con maestría. Al igual que en otras novelas suyas, el estilo sostiene aspectos más endebles, aunque muy de su gusto, como la descripción estática (aunque hay un misterio en el centro de la trama, Banville disfruta deteniendo la acción una y otra vez) o el puntual exceso de detalles poco reveladores. Algún que otro anacronismo parece ser el modo en que el escritor, cada cierto tiempo, nos recuerda con sutil ironía que sigue estando ahí, manejando los hilos, y que en realidad es él quien habla.

El argumento se resume rápidamente. La primera noche de su estancia en Venecia, Dolman tiene un extraño encuentro con dos hermanos, uno de los cuales asegura conocerlo. Son un hombre y una mujer que, aunque parecen sospechosos, logran embaucar al inocente inglés, lo emborrachan y más tarde se instalarán con él en el palacio Dioscuri.

'Nocturno de Venecia' es una pieza menor, pero por muy limitado que sea el alcance de alguno de sus libros, siempre llegará mucho más lejos que la mayoría

Pero antes de que esto ocurra, la mujer de Dolman desaparece sin llegar a coincidir con la extraña pareja. Su desaparición sucede a cierto incidente íntimo en la cama del matrimonio, así que Dolman, al principio, se considera fatalmente culpable de que se haya ido, lo que contribuye a su tormento.

La historia avanza despacio, entre máscaras e identidades confusas. Y hay sitio, por supuesto, para más tópicos del subgénero veneciano, cadáver en el canal incluido. Ciertos encuentros inquietantes apuntan, sin demasiada sutileza, a que Dolman está viviendo un "delirante sueño". La sobreinterpretación de la realidad, de todo lo que ocurre en esa ciénaga pestilente, parece conducir a nuestro narrador a la locura (pero Banville hace bien en resolver la historia de un modo muy real, aunque no sé si demasiado previsible para el lector experto en novelas de misterio).

Los personajes, apenas desarrollados "externamente", toman formas concretas en la conciencia del narrador, y de ahí que Laura, ausente desde las primeras páginas y descrita casi siempre en términos vagos, enigmáticos, sea uno de los personajes más complejos y desasosegantes del libro.

No es tanto que la novela ocurra en la cabeza de Dolman (aunque durante un buen trecho parece que, en efecto, sea así) como que lo que ocurre en su cabeza podría ser distinto a lo que ocurre alrededor: esta distancia es muy clara desde el momento en que aparece un comisario y la trama "externa" se desliza al policíaco, aunque sea uno poco convencional.

El recurso del suspense, sin embargo, está desde el principio: los capítulos terminan en alto y una y otra vez se anticipa, con ligeras variaciones, un drama en el que todos menos el narrador saben de antemano el papel que deben representar. Venecia, así pues, aparece como el escenario posible de uno de los dramas (una "sórdida tragedia", se dice también) que el escritorzuelo Evelyn Dolman podría haber escrito antes de casarse con la frustrada heredera. Sabemos que cuando redacta esta historia, años después, Dolman ha caído en desgracia. Lo que no sabemos es cómo ha llegado ahí, ni si las causas de su "débâcle veneciana" fueron reales o un producto de su imaginación. He ahí el misterio.

Al lado de otras novelas de Banville, no hay duda de que Nocturno de Venecia es una pieza menor; el autor demuestra, no obstante, que aún juega en otra liga y que, por muy limitado que sea el alcance de alguno de sus libros, siempre llegará mucho más lejos que la mayoría.